jueves, 30 de junio de 2011

Serenata nocturna

Blue Water Lilies: Monet

El viento de la noche refresca el día. La jornada fue dura y llega el regreso a casa. El  comedor con su piano, la cocina con un arroz a banda y una Xibeca bien fría. Brevas lavadas en la nevera y un hombre que sale raudo al recibidor con el sonido del llavín, que  la abraza quitándose el bolso o el maletín, besándola con su 
-"Hola amor".

Sonriente y con los labios siempre tibios. Acompasa sus pasos al ritmo del corazón que sueña en paz. Acompasa su ritmo al paso de los latidos que le adhieren a la vida, a través de sus hijos, a través de  los gestos cotidianos, y a través de ese hombre. El que la calma en la noche, el que la alienta de día y le recuerda quién es a todas horas.

Busca su taza con la "muchacha en la ventana" de Dalí y él prepara en la cocina la mesa para dos, mientras la ducha se lleva alguna ansiedad o enojo. Ambos van abriendo los oídos a los avatares sobre el día de trabajo que ha quedado atrás .

Suena Chopin suavito en la cocina, la prensa sigue cerca y comentan cómplices mientras cenan. El café irlandés lo toman en el comedor, con los chicos. Cada instrumento del cuarteto o quinteto, con sus notas y sus ritmos, suena en su tono y a su tempo cada noche.

La serenata nocturna, renaciendo ecos, siempre nuevos, siempre para compartir el aliento que une al equipo que han formado entre ese los dos.

sábado, 25 de junio de 2011

En la escollera

Obra de Victor Bauer

La noche fue larga y densa. El sueño no llegó a acariciar la noche de Joana. Ella y Carlos, con sus 20 años de encuentros y desencuentros, sus altos y sus bajos, sus gritos y sus silencios había traspasado una línea roja en la madrugada.

El lento ensayo de las caricias, el suave empuje de sus cuerpos girando, el acompasado ritmo de sus propios caminos al éxtasis, que los años habían encontrado entre los dedos y los oídos y entre la piel,  respondiendo a la mano amorosa del otro...todo acabó tras ese útimo orgasmo compartido.

Mientras Carlos iba hacia la ducha Joana miró a través de la puerta entreabierta del aseo y comenzó una discusión más sobre la ubicuidad del puto cenicero. Carlos insistía bajo el agua que él jamás dejaba nada fuera de su sitio, como de hecho solía ser la tónica en la relación doméstica. Pero.esta vez , ya fuera porque hacía calor y los escarceos amorosos les impreganron de un sudor denso además de placer, o fuera porque llevaba días procupado por la situación de la empresa (sería difícil de precisar incluso si hubo un motivo concreto), se plantificó con una toalla en la cintura y la espetó una regañina sobre sus despistes que hizo que ella mirase por todo el piso dónde estaba el cenicero, lo dejara en la tapa del water y dijese por tercera vez en ese año: 
-Ni una bronca más. Ya te lo dije. No te acepto ni una bronca más en ese tono.

El cenicero estaba donde él lo habia dejado, exactamente allí, en la cocina

Le previno de que se iba a la playa y que al volver no quería que siguiera nada de él en el apartamento

En la escollera, con una cazadora tejana por el fresco de la hora, abrazada a sus rodillas, y sorteando el viento de xaloc la pueden ver mirando el punto por donde el sol asoma. Ella escucha su corazón y seguidamente cierra los ojos y abre los oídos, la nariz y el corazón.

Solamente está. Tan solo está. baja a la playa, donde se sienta sobre sus piernas y mirando al horizonte la embarga la certidumbre de que su vida ya no puede compartirla con él.

miércoles, 22 de junio de 2011

Extirpando el chip.Con Dani


Sabía a dónde se dirigía y cuál era la solución a sus problemas. O, al menos, necesitaba creer que así era. El fin de sus desdichas debía encontrarse tras la última puerta a la izquierda del callejón que transitaba, en el extrarradio de la urbe , cercano a la sección de explotación primaria de animales.
Había logrado burlar la constante vigilancia a la que era sometido desde el día en que despertó encontrando un sobre-bolsa sellado herméticamente en su mesita de noche, en cuyo interior se hallaba el mensaje que cambiaría su vida y que, por lo tanto, no olvidaría jamás: “Buenos días, proletario. Hemos descubierto sus actividades subversivas y hemos actuado en consecuencia. Durante el transcurso de esta noche, más concretamente a las 3:00 horas de hoy, 29 de junio de 4891, se le ha implantado un chip de control por razones de seguridad. El Estado tiene razones para desconfiar de usted y usted sabe bien el por qué, al igual que nosotros. A partir de este momento le queda denegada la salida de la urbe 24 de la región sur del Estado bajo pena de muerte. Lleva un chip bajo la piel que, en cuanto salga de la zona permitida, soltará en su organismo una cantidad suficiente de cianuro como para acabar con su vida. No trate de encontrarlo y manipularlo porque el efecto será el mismo. Además, el chip, transmitirá a la central de Policía Estatal sus datos fisiológicos, tales como el ritmo cardíaco, y transmite los sonidos que usted emita para que sean controlados. En definitiva, el mejor consejo que le brinda el Estado es que recapacite, deje de lado sus acciones y pensamientos subversivos y así, con un poco de suerte, en cuanto vuelva al  redil, recuperará la libertad de movimientos, aunque el chip de control deberá llevarlo de por vida pues quien tuvo, retuvo.
PD: este mensaje se degena en contacto con el oxígeno del ambiente. A los 3 minutos fuera del sobre con atmósfera protectora, se convertirá en polvo instantáneamente”.

El sonido de sus pasos retumbando por la solitaria calle era su única compañía. Afortunadamente, el barrio que transitaba era tan humilde y despoblado que carecía de interés para los Controladores del Orden del Estado y, por ende, no había más que un puñado de cámaras de vigilancia colocadas en puntos estratégicos y relativamente fáciles de evitar.

Durante los dos primeros meses que siguieron al suceso antes citado, nuestro protagonista fue familiarizándose con el espionaje continuo al que era sometido pues, aparte de las patrullas de vigilancia y las cámaras de control a las que, hasta el momento, casi había ignorado por ser percibidas como parte natural del ambiente, habían que sumarse toda una serie de individuos que le seguían a todas horas desde distancias prudenciales. Así pues, al haber prestado atención a todos los métodos de control a los que estaba sometido –al igual que la mayoría de la población-, empezó a aprender de forma casi instintiva toda clase de maniobras de contraespionaje que procuraba no usar para aparentar normalidad y arrepentimiento. Como si sus acciones subversivas hubieran sido causadas por una especie de delirio temporal.  Era consciente de que cada palabra que saliera de su boca o cada subida de tensión arterial o ritmo cardíaco serían detectados por sus controladores y podrían delatarle, así que, lentamente, fue dominando un férreo autocontrol físico y mental.
Durante los primeros días, impactado por la nueva realidad reaccionó con temor e hizo malabarismos con su autocontrol, pues se veía ya con un pie en la tumba. Era sabido que, a menudo, alguna que otra persona caía fulminada por las calles o afueras de las urbes del Estado y, según la versión oficial, eso se debía a un fallo cardíaco. Y en parte era cierto: se les paraba el corazón no cabía duda. El cianuro era la parte desconocida ya que los que llevaban un chip de control, por puro miedo, no iban contándolo por ahí sino que, como él, en un primer momento trataban de aparentar normalidad y olvidarse de sus ideales, tan lejanos a los valores fascistas del Estado. Pero tarde o temprano terminaban yéndose de la lengua o su propio cuerpo los acababa delatando y ese era motivo suficiente para que, a miles de kilómetros de distancia, quizá, un sombrío funcionario apretara el botón rojo y volviese a casa con la satisfacción del deber cumplido.
Una vez habiendo logrado domar sus impulsos y templar su mente llevó a cabo la segunda parte de su plan: se plantó ante la sede de la revista de la Resistencia que tantas veces había pisado sintiéndose seguro -una organización del todo clandestina- y se sentó en un banco fingiendo aburrimiento o cansancio. En cuanto un mocoso pasó por allí le entregó un sobre con un mensaje y un billete de cien créditos dinerarios. En el exterior del sobre le hacía partícipe de las instrucciones a seguir y, realmente, el chiquillo cumplió con su cometido perfectamente pues volvió a los pocos minutos con un mensaje de vuelta.
Cabe comentar que el Estado sabía de sobras la existencia y ubicación de toda clase de organizaciones contrarias al régimen, pero permitía su existencia por un simple motivo: con un par de guardias parapetados en un banco ante dichas sedes podían ir descubriendo a los subversivos uno a uno para luego actuar de forma concreta y en consecuencia, normalmente por el método del chip de cianuro, con tal de doblegar su alma. Si no se doblegaba, eso le llevaba a la muerte.
La carta que le había entregado el muchacho había salido de la redacción ilegal, a la que él tantas veces había hecho llegar personalmente o de formas más sutiles sus escritos en forma de relatos surrealistas con un grave trasfondo antifascista, y en ella constaba la dirección de la única persona que podría ayudarle.

Gracias a la normalidad que había aparentado desde el principio –y que había logrado que los espías bajaran la guardia-, su autocontrol y sus conocimientos de contraespionaje, ahora se encontraba a pocos pasos de su salvación. Lamó a la puerta. Del otro lado, una voz dijo “Es tarde”. “Nunca es tarde para hablar en sueños”, respondió nuestro protagonista, a modo de contraseña. Toda una serie de cerrojos fueron corriéndose para dejar la puerta entreabierta y dejar paso al visitante. Una vez dentro, como estaba previsto, nadie dijo ni la más mínima palabra y el extraño anfitrión, raudo, se hizo con un detector especial que empezó a pasar por el cuerpo de su invitado. Pronto detectó el chip en el interior del testículo izquierdo y se procedió a preparar la operación de extracción.
Nuestro hombre procuraba mantener la calma y más le valía pues, para no alterar su estado físico la operación debería desarrollarse sin anestesia, para que nada pudiese llamar la atención de sus controladores. Con un poco de suerte, el funcionario que debiera controlarle estaría ocupado con otros asuntos. El cirujano le metió en la boca un pedazo de cáñamo para que lo mordiera, le sujetó de muñecas y tobillos a las patas de la improvisada camilla, le extrajo con maestría el testículo “infectado” y, tras taponar la herida, colocó 3 puntos de sutura 4/00 , trajo un cerdo, le hizo un corte en el lomo y, antes de que el chip pudiese detectar la bajada súbita de temperatura, metió dentro de su cuerpo el chip. Entonces susurró, secándose el sudor: “Ahora el chip detecta los datos fisiológicos del cerdo, como sabe son muy similares a los humanos. Aun así, le aconsejo abandonar el país cuanto antes, aunque sea a nado, porque como a un guardia le de por controlar su Código Estatal de Identidad, el tatuaje de la nuca, ya sabe… descubrirán el pastel. No tiene un minuto que perder”.
Nuestro hombre, dolorido pero feliz se puso el pantalón cuidando mucho la subida de la cremallera.

martes, 21 de junio de 2011

El guerrero Dargueron.Con Dani

Os voy a contar una historia, tal vez real, tal vez inventada, pero de todos modos increíble. El personaje con el que empezaremos se hacía llamar Dargueron, nadie sabía exactamente si ese era su verdadero nombre, es que en verdad era un tipo muy misterioso, este tal Dargueron. Incluso corría el rumor que en sus venas corría sangre de dragón. Tenía unos veinte años, tampoco es un dato seguro, y de hecho a juzgar por su bravura en combate podría aparentar unos cuantos años más. Tenía la piel morena, tostada de pasar muchas horas bajo el sol ardiente, el pelo castaño, bastante largo, y una barba de no afeitarse regularmente y unos ojos verdes oscuros y penetrantes que imponían un cierto respeto nada más verlos. Su cuerpo tenía varias cicatrices producidas por alguna de sus múltiples peleas en las que se había visto envuelto a pesar de su juventud.
Se contaba que sus padres habían muerto en manos de salteadores de caminos cuando él era aún pequeño para arreglárselas solo, pero demostrando una madurez innata en un niño de su edad logró sobrevivir, hasta llegar a ser un personaje con cierto renombre entre la gente por su valentía y su coraje frente a sus enemigos. Nunca había perdido un combate, y si era necesario acababa con sus rivales de un solo golpe. Muy pocos osaban desafiarle sabiendo quien era. Se ganaba la vida haciendo de mercenario, le daba igual a quién tuviera que matar mientras la recompensa fuera suficiente. También conseguía algo de dinero robando, habilidad que tenía muy desarrollada debido a que tuvo épocas en las que hubo de sobrevivir únicamente de sus hurtos. Algunos podrían pensar que se trataba de un hombre sin moral, pues simplemente actuaba como la vida le había enseñado, para sobrevivir en ocasiones tenía que hacer cosas desagradables o que no le gustaran. Su fuerza solo era comparable con su astucia y  susigilo. Tenía muy pocos amigos, no mucha gente se atrevía ni siquiera a acercarse a él. Blandía una espada antigua, tallada en obsidiana de una calidad excelente, y a pesar de que pesaba bastante, su destreza y rapidez con la que la movía su dueño era capaz de decapitar a cualquiera. Algunos decían incluso que estaba maldita, otros, que era el arma la que otorgaba poder a su dueño. Todo excusas para no reconocer el poder de Dargueron.
Acababa de finalizar un encargo consistente en acabar con un troll que estaba dando problemas a unos campesinos, y ahora deambulaba en busca de otra fuente de ingresos. Sus pasos resonaban en medio de un silencio interrumpido constantemente por el silbido de alguna ave, o el ruido del viento acariciando las hojas de los árboles. Estaba en un bosque, el cual tendría que llevarle a un pueblo llamado Fogae. Había llegado a sus oídos que allí se celebraría un torneo dentro de pocos días para determinar quién era el más diestro en el campo de batalla. Participaría gente de toda la región, incluso se comentaba que el arquero Ringdein, famoso por su habilidad con el arco también participaría. Lo más interesante del asunto era el premio, un total de 1000 piezas de oro, una suma nada despreciable. Mientras estaba pensando en el torneo, algo le llamó la atención. Había alguien más por ese lugar. Se paró, Algo se movía entre los árboles a mucha velocidad pero sin apenas hacer ruido. Descartó que se tratara de salteadores: acostumbraban a ser mas ruidosos y menos discretos. Alguien le estaba observando, de eso no había duda.
-¿Hay alguien aquí? –exclamó Dargueron girando constantemente hacia donde se percibía el casi imperceptible sonido de entre los árboles.
No hubo respuesta, aunque tan de repente como empezó …todo acabó. Ya no se oía nada más que el ruido de la naturaleza en movimiento. Algo confuso decidió seguir su marcha, pero a partir de entonces agudizaba más el oído para ver si volvía a escuchar el mismo sonido. Llegó la noche y aún permanecía entre árboles y follaje, aunque el final del bosque no debía estar lejos, ya que esa era la segunda noche que pasaba en el . Encendió una hoguera con ramas secas y dos piedras de sílex que siempre llevaba en su bolsa de viaje. Tostó un poco de carne de conejo que también llevaba desde hacía días. Sacó un frasco con propiedades mágicas, que con solo un sorbo ya te llenaba de agua durante todo un día. Lo había consiguido de manos de un mercader. Cuando acabó de comer desplegó un par de pieles de animales que le servían de manta y abrigo y se tumbó en una zona llena de hierba a dormir. No le fue fácil dormirse aquella noche. El sentimiento que le estaban observando le mantuvo inquieto, y a veces tubo que levantarse y confirmar que no había nadie más que los animales silvestres, muchos durmiendo como él. Al fin  consiguió dormir algunas horas. Se levantó, por costumbre. temprano, ya que con unas cuatro horas de sueño diarias le bastaba para sentirse suficientemente descansado. Bebió un poco de su frasco prodigioso, recogió todo lo que había esparcido por el campo y se dispuso a seguir su rumbo hacia Fogae. Aún recordaba lo ocurrido el día anterior así que anduvo con cierta precaución mientras estuviera en el bosque. Hacia el mediodía el bosque empezó a dispersarse, y los árboles eran menos abundantes. Se encontró con un mercader ambulante, que le ofreció su mercancía. Dragueron no llevaba demasiado dinero, como era habitual, así que no quiso comprar nada. Pasó de largo y vio como Fogae empezaba a vislumbrarse no muy lejos de donde se encontraba. Aceleró el paso, prefería comer entre los muros de una ciudad que no entre vegetación. Al cabo de poco rato llegó a dicha ciudad,y cruzó el pórtico de entrada ( custodiado por media docena de guardias) y constató que le miraban con cierto temor  ya que por su aspecto parecía un hombre rudo y con ansias de sangre. Dargueron no tenía intención de quedarse por mucho tiempo en la ciudad, no le gustaba estar rodeado de gente, prefería la tranquilidad que ofrecía el estar solo consigo mismo. Fué a una taberna de mala muerte a comer, y mientras se comía una sopa de calamar acompañada con un poco de pan, oyó una conversación que mantenían varios hombres de aspecto rudo en una mesa próxima:
-No se si voy a participar en el torneo de mañana... –decía uno.
-¿Cómo que no? Tú sabes que es una gran oportunidad de ganar dinero –decía otro.
-O la vida. He oído que participarán guerreros muy poderosos, incluso el propio Ringdein.
-Bobadas, además, si te ves en apuros pues te rindes y ya está.
-No sé que decirte Kera, hay mucha gente que está mal de la cabeza, y que no les importa el tener que matar porque sí –dijo un tercer hombre, que parecía el más viejo.
-Haced lo que queráis, pero yo lo tengo muy claro, participaré y que pase lo que tenga que pasar.
Dargueron dejo de escuchar y se concentró en su comida. En algunas ocasiones había temido por su vida, pero esta vez era diferente, tenía la sensación de que algo iría mal, así que se fue a dar una vuelta por la villa. Había gente que le reconocía y se apartaba de su camino, eso era algo a lo que ya estaba acostumbrado, pero a veces desearía que no lo hicieran. Se sentó en un banco de piedra que había en una gran plaza con una fuente en medio. Se veía mucha gente, demasiada para su gusto Entonces le volvió a la cabeza la idea del torneo y le vino un escalofrío. Entonces unos hombres se le acercaron. Alzó la vista y vio que eran seis hombres fuertes y recios.
-Tu cara nos suena –dijo uno de los hombres -¿no serás ese tal Dargueron?

lunes, 20 de junio de 2011

Los sueños, mezclando lo vivido. Con Dani


“Tit. Tit. Tit. Tit. Tiiit. Buenos días, son las siete. Bienvenidos a Mañanas y Marañas, el programa de la cadena Estar que…”
Felipe Juan apagó el despertador con desgana, dejando caer la mano sobre el botón que le condenaba al silencio de nuevo. Tras resoplar, procedió a frotarse los ojos y deslegañarse. Hacía un calor horrible ya de buena mañana y tras despegarse del colchón y notar el sudor en su espalda y su cogote, abrió violentamente la persiana del dormitorio de la pensión. Una luz cegadora invadió la desastrosa habitación y Pipe, ataviado con sus calzoncillos boxer a rallas, sus calcetines con raquetas de tenis y su camiseta imperio churretosa se dirigió hacia el lavabo humilde. Al lado del retrete, que se encontraba con ambas tapas levantadas, se hallaba una revista satírica semanal que Juan compraba todas las semanas, a pesar de lo restrictivo de su economía.
Se plantó ante el espejo, marcado por las inconfundibles huellas que dejaban las gotas de agua al escurrirse por su superficie. Bajo dicho objeto se encontraba la pica. Hizo girar la destartalada manivela del agua fría y, llenando sus manos del líquido, se lo echó de golpe a la cara para despejarse y vaya si funcionó. Tras acabar de despertarse, se miró al espejo y dijo para sí “Ay, Pipe, cada día estás más calvo y más gordo”.
Se duchó y se vistió para ir a la oficina. Como siempre, no le dio tiempo a desayunar y tuvo que irse corriendo hacia la parada de autobús. Llegaba tarde. Tuvo suerte, en esta ocasión el chofer tuvo compasión de él y paró su marcha para dejarle subir al vehículo.
-          Faltan veinte céntimos.
-          No, señor, le he dado uno veinte, como siempre.
-          Ya, pero es que ahora cuesta uno cuarenta.
-          Tócate las narices. No sé como pretenden que llegue a fin de mes.
-          A mí no me de la vara, tire para atrás.

Felipe Juan no tuvo más remedio que quedarse de pie cogiéndose a una de las barandillas laterales del autocar, ya que, para variar, éste iba petado hasta los topes. Mientras estaba intentando mantener el equilibrio en las curvas le sonó el móvil en una de ellas. Felipe se lo sacó del bolsillo y vio en su pantallita “Ricarda”. Cojonudo. Ante la insistencia de la ex parienta finalmente tuvo que contestar:
-          ¿Sí?
-          Soy yo.
-          Ya lo sé.
-          ¿Por qué has tardado tanto en contestar?
-          Lo he hecho en cuanto he podido.
-          Mentira.
-          ¿Qué quieres? Estoy en el autobús.
-          Estamos a día cinco.
-          ¿Y?
-          Aun no me has ingresado la pensión. Ya sabes, la mitad de tu sueldo es para mí, lo dijo el juez.
-          Cariño, he…
-          ¡No me llames cariño –le interrumpió Ricarda-!
-          Vale. He tenido más gastos de los previstos este mes y entre la pensión, el autobús, las comidas y todo eso…
-          Excusas. Sé perfectamente que tienes dinero ahorrado y ¡este mes sí que no te lo perdono!
-         Vale, ya te lo ingresaré.
-         Como llegue el lunes y no lo hayas hecho te denuncio.
-         Yo también te quiero –dijo Felipe Juan inmediatamente antes de colgar-.

Se sintió depre, todo le iba mal y encima ese niñato no dejaba de mirarle riéndose. Al parecer le ha hecho gracia su conversación telefónica. “¿Qué coño miras?” terminó preguntándole Nuestro personaje llegó justo a tiempo a la oficina para fichar. Un minuto más tarde y le hubieran descontado cinco euros del sueldo del mes por minuto retrasado y sólo le faltaba eso. Para variar, el curro fue una mierda y Ferré, el recién nombrado supervisor de la planta, no dejaba de tocarle la moral. Que si “Más maña, Gutiérrez”, que si “Te veo en el paro Felipe” y “Deja de leer y trabaja de una puta vez”.

Acabó el trabajo, llegando cansado a “su casa “y es que los años no pasaban en balde. Se dispuso a ver la andrajosa televisión en su precario comedor. Mientras se cortaba las uñas de los pies sentado en la cama, en la tele ofrecían un programa en que una pareja de gays con mucho sentido del gusto, decoración y todo eso aconsejaba a un hombre australiano cómo decorar su casa.
Mientras cenaba unas natillas que le quedaban y bebía gaseosa de una botella de dos litros estuvo viendo una telepromoción en que una agencia de viajes informaba de las mil maravillas de una isla filipina: playas de arena blanca en la que se veía un grupo de jóvenes blancos pilotando un buggy, mar color aguamarina surcada por jóvenes pijos (sin duda no se trataba de filipinos) en motos de agua, jubilados pescando tranquilamente en la playa sentados en sus tumbonas con sus sombreros de paja de turista y por último, las maravillas de la noche en su hotel: ¡daikiris para todos!.También vio un programa friki sobre gañanes con botijos que decían haber avistado extraterrestres y OVNIs en los cielos de Albacete y, para finalizar la noche, vio unos minutos de porno.

En definitiva, un día más en la vida de Felipe Juan, un día menos de su vida. Un día rutinario, como todos, lo típico: relación amor-odio con el despertador, ducha fría, prisas para el bus, aumento de tarifas, ex mujer dando la vara, jefe tocapelotas… Se durmió pensando en que mañana sería otro día. Otro día igual. Eso sí, para salir un poco de la rutina, el destino decidió colmar a nuestro protagonista con sueños menos desagradables que su vida real.

Se encontraba en la playa de Albacete (¿?) sintiendo el sol en su piel y en su calva y la brisa entre su melena. Pilotaba una potente moto de agua, vacilando a las jovencitas que le miraban desde la arena. Felipe resultó ser un gran piloto en su sueño, pero una sombra oscureció el cielo y  paró su vehículo. Elevó la vista y vio que sobre él se había posicionado un platillo volante. Acojonado, intentó huir a toda velocidad pero la máquina no respondía a sus órdenes así que, de repente, un rayo de luz, como de un foco casi cegador, le iluminó, acompañado de un ruido vibrante y dicho haz le atrajo hasta el interior de la astronave.
Una vez dentro,  aún medio cegado, observó que el OVNI estaba decorado con mucho gusto: las paredes estaban pintadas en colores que iban del rosa al violeta y el interior parecía una casita confortable gracias a las cortinas y a los llamativos muebles de Ikea. Resultó ser que los tripulantes de la nave espacial era una pareja de gays australianos que, atraídos por su hombría sobre la moto acuática se habían sentido irremediablemente seducidos por su cuerpo serrano y le propusieron hacer un trío. Pipe rechazó la oferta y dijo que sus aspiraciones sexuales no iban muy lejos y se conformaba con la Playboy o una peli porno . Los visitantes extranjeros insistieron pero ante la negativa de nuestro hombre, se enfadaron e hicieron avanzar a gran velocidad su vehículo. En pocos segundos habían recorrido miles de quilómetros y echaron a Feli del OVNI de una patada en una isla desierta. Cayó sobre la arena y la pareja, al verle tan solo, decidió obsequiarle con un buggy fucsia para que se desplazara y un botijo de plastilina por si tenía sed. Felipe, sorprendido por su situación, vió como el platillo volante se alejaba de golpe. En cuestión de medio segundo había desaparecido del horizonte.
Como no tenía nada mejor que hacer, se montó en su llamativo buggy con su botijo al lado y se dispuso a explorar la costa de la isla. Tras unos minutos de rastreo paró la máquina para echar un trago del botijo, pero de éste salió un arco iris que se elevó hasta el cielo.  Acabó dándole la sensación de que daba vueltas en círculos y de repente se gastó el combustible del coche y, lentamente, éste fue perdiendo la inercia hasta que se detuvo del todo.Se bajó del auto y vio que, frente al mar, había colocada una tumbona con un sombrero de paja, un daikiri y una caña de pescar. Debía tratarse de una alucinación pero ¿qué más podía perder? Se sentó en la tumbona, se puso el sombrero, echó la caña y se dispuso a disfrutar de su bebida. Al parecer todo eso era real. Tras unos minutos, parece que algo ha picado y Felipe tira del sedal con toda su fuerza hasta que logra sacar la pieza a tierra firme: un cofre. Extrañado  lo abrió y se encontró en su interior una natilla gigante de dos sabores, que procedió a zamparse a bocados.glotones
Era consciente de que estaba soñando pero por primera vez en mucho tiempo se estaba divirtiendo así que le siguió el rollo a su subconsciente. Se metió al mar a nadar un poco y por accidente le entró agua en boca. Resultó ser dulce y burbujeante, gaseosa, vamos. En ese momento empezó a llover… monedas de veinte céntimos, así que el protagonista tuvo que salir corriendo del mar y adentrarse en la isla, encontrando sin dificultad una cueva en la que entró a refugiarse. Ante su sorpresa, en su interior se hallaban toda una serie de féminas exhuberantes cuyo único deseo en la vida era hacer feliz a él, mira tú por donde. Las mujeres empezaban a acariciarle y masajearle cuando…
“Tit. Tit. Tit. Tit. Tiiit. Buenos días, son las siete. Bienvenidos a Mañanas y Marañas, el programa de la cadena Estar que…”
Felipe Juan se dejó de chorradas, se vistió rápidamente y corrió al banco a ver cuanto dinero tenía. Tras consultarlo, cogió un bus hacia el paseo marítimo y allí encontró una tienda de motos de agua y, sin pensárselo dos veces, se compró la mejor del mercado, dejando tiritando su libreta de ahorros. En vez de ir a trabajar se fue a la costa y se puso a practicar con su nuevo juguete. Su ropa se encontraba tirada en la arena de la playa y cuando se encontraba en calzoncillos sobre la moto ya su móvil había ido a parar al fondo del mar (matarilerilerile) irremediablemente ...en cuanto apareció de nuevo Ricarda en su pantallita

lunes, 6 de junio de 2011

El charol de aquella piel

Entraba y salía de su vida como la señal de cobertura en el tren paralelo a las Costas del Garraf. En los sucesivos túneles y requiebros de las vías, asomaba o se perdía el aroma a canela de los despertares de esa mujer de color azulado en su negrura y tacto de marfilina.

De forma imprecisa, y deliberadamente indefinida, ella parecía estar hastiada, o expectante, lejana o amorosa, trémula en su voz o dedicida en sus despedidas.

Sus labios, carnosos y dulces, dilapidando palabras para verle enloquecer, consiguieron despertar al fin el rugido de elefante recién estrenado. Ese que ahora albergada dentro de su corazón.

La fuerza la había oído nacer bajo su piel sudorosa en el safari fotográfico, ante la negrura acharolada de una mujer de una belleza radial, como telaraña de sueños irisando destellos al amanecer.

Cena de sabores

La macedonia de sus deseos se hizo con la fruta de ayer picada a trozos, con agua de rosas y azúcar de viento libre. El almíbar lo preparó con besos de estreno y abrazos de peluche. La dejó reposar tres lunas y cenó como los dioses en el cuenco de su ombligo...sin cubiertos

Las mariposas blancas

Las mariposas blancas anuncia buenas noticias (les decía su madre siempre que encontraban una).Todavía hoy las persiguen con la vista hasta que se posan de nuevo. Cuando su novio le pregunta por esa costumbre le besa y recupera un trocito de su niñez. 


Sonríe y mira al cielo. Las mariposas blancas inevitablemente las acercan a su madre. Las cuatro hermanas comentan, un día cualquiera, que cada vez que ven una,  todas ellas piensan en la mujer alegre que inventaba sueños ya probados, para entretener y contener  las ansiedades del amor adolescente de las niñas que esperaban una llamada, una carta, un beso o una llamada de timbre de la puerta.


Cuando Alba ve a la niña, que saluda al aire tomada de la mano de su padre, cómo sonríe ante la mariposa blanca y le decía " te sigo"... se queda absorta. Contempla cómo abraza el aire desde fuera hacia adentro. Llega a entender a la nena. En el cruce de miradas cree reconocer, en los ojos de la pequeña, dónde quedó su propia primavera.

La mariposa blanca deja la infancia

El patio, como no, con naranjos de la catedral de Plasencia
La mariposa blanca derrochaba luz en el patio del claustro. Se oía un cántico gregoriano y la mueca de la gárgola le recordó que el tiempo pasa, pero las piedras siguen.

El avión partía en una hora. Se despidió del naranjo, y del agua de la fuente central del patio de su niñez.

Pudo desandar los resquemores, las desidias, las frustraciones, y deshilvanó el arte de vivir entre máscaras y mascarones de proa, hacia lugares prefijados que nadie le obligó a aprender. Y como lo que era, una simple mariposa blanca al sol , siguió el único camino posible: volar a merced del viento,  los colores y los impulsos de su propio corazón.

Palpando.

Ella se desnudó despacio palpando los espacios.  Le encontró de pie y se puso detrás de él. Empezó a tocarle el pelo, el cuello, la espada...y con la pericia de su ceguera notó el respirar sereno cuando le abrazó por la cintura. Notó cómo el tiempo se detenía. Palpó su piel y su voz.

El sentía su aliento en el cuello y sus pechos contra la espalda. Cerrando los ojos sólo notó en su piel desnuda las manos tibias, sus brazos en su cintura y un olor a hierbabuena que hizo detener los relojes. El tiempo se detuvo y dejó que sus manos investigasen su cuerpo porque, de alguna forma, ya  había desnudado su alma hasta de la ropa interior.

Brindis de cumpleaños

Buscó el mejor Viña Tondonia de su bodega para brindar con él, y brindar por él. Porque no era un ser cualquiera, en un lugar cualquiera, ni en momento cualquiera.

Era no muy grande, miope , romántico y torpe con un corazón de cinco estrellas.

La guia michelín no pudo catalogarle, aún reconociendo su valía.

Las estrellas de su alma no cabían en la casilla , y , ni para sibaritas, encontraron acomodo a la puntuación.

león pirata

Se ha demorado
en un recoveco de la memoria
entre unas sábanas de amor.

Con seis dioptrías por banda,
viento en popa y a toda vela,
Pep abandonó el sumidero de las noches perdidas,
y de los llantos sin fondo
y abrió los brazos hasta donde sus dedos le permitían.
Hoy rugió desde sus vísceras.


Eso que abarcaban sus brazos,
estirando los dedos a ambos lados,
era su mundo al fin.


El papiro enmarcado

El papiro enmarcado quedó muy bien. A conjunto con el color caoba del mueble.

El dibujo le gustó tanto.... Más que las pirámides con sus aglomeraciones. Le gustó su tacto. Lo transportó delicadamente. Buscó el marco con esmero. Vidrio mate. Lo mira. No lo puede tocar.

Desarmada y triste, despega la cinta y lo libera, para poder pasar sus manos sobre el tacto que le atrajo con más fuerza que el dibujo, con sus signos que componen el pequeño jeroglífico. 

Metaformosis

La metamorfosis había sido larga. En la caja de zapatos las orugas devoraron las hojas de morera, de forma implacable, de forma metódica y mordisco a mordisco, todas la hojas que Edi les llevó.

En el capullo no estaba el reloj detenido.El tiempo del invierno, sólo hizo que, poco a poco, su cuerpo tubular fuera creando apéndices , antenas diminutas y unas patitas cortas que luego tendrán alguna utilidad.
Ese capullo que no hay que ayudar a abrir con amores maternales, que dificulten la futura fortaleza de las alas.

Un niño, por amor, hizo una diminuta abertura con la punta de un primoroso cuchillo, para ayudar a la mariposa en su largo y doloroso nacimiento y,  qué sorpresa comprender que al abrir de forma prematura la membrana sedosa, la mariposa no tuvo tiempo de desplegar plácidamente sus alas, ni de oxigenar sus músculos, por lo que salió ligera sí, pero escuálida de alas  e incapacitada para volar para siempre.

Hoy sale despacio una mariposa que está preparada para volar. Nos guste o no, hay que dejar que la mariposa de seda siga el ciclo que la sabia naturaleza le asignó en el calendario de su corta, pero espléndida vida. Y dejarla que nazca al " tempo" que le marca su propio corazón.

Melodía japonesa

Se acomodó el kimono. Con el ritual consabido procedió a colocarse el cinturón. Entre los netsukes escogió el dos rosas. Se sentó lentamente y procedió a escuchar con deleite a la geisha que comenzaba a tocar la melodía que le transportaba al cielo. Un día más.


El cambio de loco a cuerdo

Como dice Serrat: cada loco con su tema.Cada cual baja las escaleras como quiere.Y él decidió emprender la bajada y posterior subida con un maquillaje de estreno, con una caja de zapatos lleno de sano orgullo y dos mudas solamente.No le dolían los pies de vagar por la estratosfera azul.Ese lujo no le pesaba jamás.
Remendó con hilo de lino su pertrecho pantalón en las zonas donde limpiba sus manos a menudo , exactamente cada vez que tenía la sensación de que  no había hecho o dico como su cuerpo o su mente le dictaban.
A esta alturas de su vida, con sus años ,con su divorcio, su trabajo de 8 a 15 y un piso que pronto acabaría por pagar y podría llamar suyo, ya no estaba para perder oportunidades de nuevas singladuras.Y es que ya no quería dejar pasar  ni una más. Cuando un tren pasa, lo ideal es estar en el andén para poder agarrarlo.
El cambio de chip sucedió la mañana en la que en el bar de la esquina la nueva camarera le preguntó amable -"Qué desea". Y ël contesto, sin ambages por una vez-" La verdad es que al verte ya no me apetece el cortado, sino conocerte".

Ella sonrió y no dijo nada, solamente sonrió y le miró risueña .Le sirvió el cortado y una sonrisa franca desde sus limpos ojos y despertó en él la esencia que siempre ocultó por su espíritu libre domesticado.
La mañana pasó rápida y ligera y al mediodía entró al bar para reencontrase en los ojos de la nueva camarera y su voz dulce,tras la coleta perfecta de su cabello dorado y bajo la promesa de su pecho tras el delanal de dril azul.Lo demás ya lo sabéis. Sus pantalones no fueron frotados por contradicciones nunca más  

Hoy puede ser un gran día


Obra de Tomasa Martín



Tras dormir siete horas seguidas, tomado un cortado bien dulce  la ducha espera.

El aire esperando, el sol esperando y la vávula de escape esperando.

Esperando de nuevo la sonrisa que se le escapa a la mañana, desde la ventana, sólo para sus ojos. Tararea hoy puede ser un gran día. Ay Serrat...y es como bien dices... mañana también

Deshielo del corazón

El largo invierno había excedido el punto de congelación. Su corazón helado iba a necesitar tiempo para el deshielo.El tiempo que marcasen las coordenadas de la naturaleza, los ritmos de las sonrisas y la cadencia de los abrazos,El tiempo en que el dolor se alejara de puntillas