jueves, 8 de septiembre de 2011

La mascota que vino a él.


       Hizo arder a la velocidad de un lanzallamas sus rencores,  despertares apesadumbrados, enojos sin cuento y contestaciones sin ton ni son. Saltó sobre los carbones aún incandescentes del fuego de sus recuerdos y no se quemó. Todo lo viejo y feo se esfumó como por arte de magia con su partida desdeñosa.

      Decidió ir a buscar a una mascota. Por fin. Desde que empezaron la convivencia lo habían aplazado. En los primeros meses porque ella quería intimidad. Posteriormente porque molestan y  necesitan un espacio vital  y mil cuidados. Y últimamente porque  ya había  desistido de tener con él alguien a quien amar sin más.
      Llegó al recinto y desde la cerca pudo escuchar  voces. Alguien cantaba una salmodia, algún otro silbaba una tonadilla recurrente, repetitiva y aburrida…había variedad. Sin duda. Era el lugar idóneo.En recepción le informaron que adoptar a un humano no era ningún juego. Debía pensarlo detenidamente antes de  tomar una decisión porque difícilmente podría revocarse.
      Tenía muy claro la mascota que buscaba: un macho adulto que ya tuviera la personalidad formada. Nada de cachorros hiperactivos, con elevadas necesidades alimenticias  ni problemas de acné o cambios bruscos de humor.
      La visita fue más larga de lo esperado. El cuidador le explicaba algún detalle de cada ejemplar referido a las circunstancias que los habían llevado allí. Los motivos eran variados pero coincidían en que  nadie pudo o quiso seguir cuidando de ellos.
      Le gustó un sujeto con barba cerrada que dialogaba con un ejemplar más joven que residía en la jaula contigua, ambos sentados en un poyo conversaban  mientras movían las manos. Pensar en su separación le hizo desistir. También le llamó la atención una hebra adulta que sobre una piedra tomaba tranquila el sol y que al verle le miró de forma insistente y amorosa.

      Tras sopesar las ventajas e inconvenientes de cada uno y sin saber el motivo volvió a ver a una cría de unos doce a quince años que acababan de dejar por la mañana y que sin lavar todavía le había mirado desde detrás de su flequillo cobrizo. En ese momento estaba siendo lavada bruscamente y la vio llorar.
  - Esta. Me llevo a esta-. Dijo solemne.
 - Pues si quiere preparamos los papeles pero hasta mañana no podrá venir a buscarla. Falta la revisión completa y ponerle el microchip-. Le respondió  el empleado del refugio. 

      Un día más no importaba. Leería sobre los cuidados que requiere una adolescente humana. A su regreso a casa hizo mil planes para hacerse querer por esa hembra en desarrollo y empezó a buscar nombres para su mascota. Su mascota al fin.
       

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