lunes, 30 de enero de 2012

Vacío en llanto.


Sentado en el suelo y apoyando la cabeza en la pared, deja aparcada en su corazón de membrillo, toda la nostalgia y los miedos a no llegar al objeto de sus grandes y pequeños sueños.
Desmenuza las excusas para no avanzar hacia la luz que entra entre los adoquines que le mantienen en un inframundo donde el agua sabe a sangre y el pan a lágrima ahogada. Disecciona de una en una cada decisión que dejó sin tomar, cada parálisis en algún cruce de camino y cada palabra que no llegó a decir.
Se demora en los pasajes más oscuros, en los recovecos ganados a la aurora en los insomnios y en épocas marcadas por básculas menguantes.
Y tras quedar tan desnudo como un libro por empezar a escribir inició un llanto lento y hondo, sin pudor ni cortapisas, sin condiciones ni final pactado.


Los ojos permanecían abiertos, tanto como sus poros, sus oídos y sus manos apoyadas en sus rodillas. Fue derramando lágrimas como cera de vela dejada en un sepelio. Fue ganando terreno la humedad en el rostro, en la barbilla y en el cuello alto de su jersey. Y el tiempo pasaba sin pasar, y el sol hacía su recorrido creando un dibujo cambiante con las sombras, pero él seguía ahí. Sin esperar absolutamente nada. Simplemente estaba ahí.
Cuando la tarde acabó su viaje, y el llanto dejó paso a un intento de levantarse y a una sensación de frío, entonces, y sólo entonces, descubrió pañuelos, humedades y anquilosamiento articular.



Se había vaciado de un ungüento ocre y asfixiante. Cuando pudo ponerse en pie, y empezar a caminar es cuando sintió que vaciarse le hacía sentirse lleno.

viernes, 27 de enero de 2012

El broche gruñón.

En la caja de corcho las baratijas presumían de sus brillos, los pendientes desparejados se miraban intentando acuerdos imposibles y un anillo viudo de una pieza lacada se lamentaba cada día del atrapamiento entre la pared y la nevera.
Un broche con una pluma lloraba por no haber sido estrenado y, cada cierto tiempo, proclama que es una infamia el desprecio manifiesto hacia todos, y en especial a su persona, por parte de esta mujer que les tocado por dueña.

Laia descubre que el adhesivo de la identificación de visitante ha lesionado la solapa de su chaqueta de cuero. Hoy quiere ponérsela y recuerda un broche.

El adorno se despide de sus compañeros de celda y despliega su mejor sonrisa. Ella perfora la solapa con la aguja tras cerciorarse de que ocultará el rectángulo deteriorado y la pequeña pluma, ufana en el torso de una mujer, ve la calle por primera vez. Laia estornuda toda la mañana. Al mediodía acierta a encontrar un broche cuadrado, con una simple raya en diagonal y regala el recién estrenado a una compañera amante de todo abalorio con plumas, que se muestra feliz y agradecida.

Al llegar la noche, en una caja de corcho, todos se preguntan dónde andará el broche gruñón.

jueves, 26 de enero de 2012

Segunda oportunidad.

Manuel comenta que un infarto a los cuarenta le hizo cambiar de prioridades. Ahora dice tratar mejor que nunca a su cuerpo y afirma que la vida le trata mejor que bien.
Eva defiende que no cambian un minuto de su vida actual por una hora de entonces. Explica que aceptan el turno de noche, al que se aclimatan cada viernes para extrañarlo cada lunes, como un trabajo llevadero para ambos, sin sorpresas.
Ahora dormir es fácil, reírse juntos es frecuente y jugar con los chicos es casi inevitable.

Al preguntarles si añoran su chalet se les escapa una mirada cómplice y se toman de las manos.
Cuando a él le hablan de la suerte asiente muy serio con la cabeza, burlón hasta final.

jueves, 19 de enero de 2012

Miguel García Posada. RIP

Por esas curiosas coincidencias llevaba un librillo en el bolso, pequeño para que cupiera en su tamaño diminuto, de Lorca, para no perder el hábito de beber en su sed por su lectura. Era un ejemplar de la Biblioteca de Clásicos Universales. Leía, de la etapa de Poeta en Nueva York la “Oda a Walt Whitman” y dejó el punto de libro de seda roja en la página 143.

Acababa de leer

….Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whítman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría…

En la prensa lee que ha muerto Miguel García Posada. Recuerda que leyó hace mucho tiempo “Los poetas de la Generación de 27”, de su pluma de jurado de premios de poesía y cómo por ello se enredó en unas letras y unos ritmos hasta rebozarse de aires de poesía, de genio y de métricas ganadas a los sentidos y las vivencias.

Se quedó callada y buscó un banco donde seguir leyendo. Con el librillo y la luz de las farolas, buscó un lugar especial donde sentarse acompañada de sedal de luna y talles granados. Con la voz comedida de unos versos, pudo oír cómo se recogían en sus renglones todos los pétalos de rosas, que pudieron, con el tiempo, alfombrar la avenida de sus lecturas nocturnas.

martes, 17 de enero de 2012

Simples cortes del tráfico.

Somos felices así, porque si nos alcanza la cordura, acabaremos sabiendo que la vida es dura, que el dinero existe, que nuestros besos parecen ser de mentirijillas y nuestro amor de escolares sin domesticar. No vamos a dejar que la inteligencia nos alcance y nos despierte a la oscuridad porque así, con nuestra luz propia simple y sin pecado estamos bien. Conseguimos sobrevivir entre las zonas pintadas del paso de cebra, dejando que el asfalto negro se pierda en la calle.

Miramos con gesto abierto los edificios y rascacielos, los árboles, los pájaros, las plantas y las aceras. Miramos sin ver a la gente que viene y va por las calles de esta ciudad sin amo ni bandera. Miramos la vida que hierve entre burbujas de egos y afanes presos de prisas y relojes implacables. Apretamos nuestras manos en un intento de complicidad sin malicia ni segundas intenciones, como los niños que somos.

De tanto apretarnos las manos a mitad de la gran avenida, nuestros dedos parecen casi azulados, cortando la circulación sanguínea con tanta excitación por lo que nos rodea, que llegamos a cortar la circulación de la Diagonal al quedarnos parados en medio del paso de cebra, indecisos y absortos, vacíos de puntos de referencia pero llenos de nosotros en la burbuja de amor que nos aísla. El mundo desaparece entre nuestras manos unidas y los coches nos asustan, nos instan con cláxones chillones, nos gritan que avancemos pero en este mar de asfixia nos tenemos solamente el uno al otro. Y me aferro a ti como a la cuerda que descansa en el brocal, ignorando que tú no controlas polea alguna y tú te aferras a mis ojos como la luz que te guie en un pozo oscuro.

Nuestra esperanza es el ahora, porque de aquí a mil años es el mañana que no entendemos, y la calle ancha y hostil se nos abre a la realidad como simple miedo. Solo nosotros entendemos que, en tanto que nos amamos, nos necesitamos para proseguir inmersos en una burbuja donde la realidad no nos borre del mapa.

Ahí permanecemos inmóviles y tomados de la mano, hasta que una señora mayor nos saca de la isla del terror hasta la otra acera, calmando a los conductores y hablando tranquila de lo mal que está el tráfico en la ciudad. Nos ha tomado por los hombros y nos ayuda a soltar el pánico de no saber por qué este mundo es tan complejo.

lunes, 16 de enero de 2012

Prospecto medicinal.


Tomado de Google


Lee atentamente, con gafas si es preciso, este manual de uso antes de empezar a usar este producto.

1. Conserva este prospecto. Por si tienes necesidad de volver a leerlo. Aunque pareces tener más memoria que un pez de colores, no se sabe si la memoria es algo, o si se define al rememorar un suceso o simplemente se inventan los recuerdos. Los fallos de memoria reciente pueden aparecer a cualquier edad, según afirman los últimos estudios neurobiológicos, así que…tú mismo.

2. Si tienes alguna duda o no estás seguro de algo que interpretes de la lectura de este prospecto o cualquier otra cosa, confirma que no esté la página al revés, en cuyo caso, por favor, dale la vuelta, es más cómoda su lectura.
3. Este producto intangible se ha diseñado para ti. No debes, por tanto, ofrecerlo, o prestarlo a otras personas, ya que puede perjudicarles. Correrías el riesgo de que no les ayude ni convenga, no se adapte a sus necesidades e incluso empeore síntomas mal descritos. Amén del riesgo de que en un préstamo, como ocurre con los libros, alguien pudiera olvidarse de regresártelo. O no se olvidara.
En este prospecto:

1. Qué es UN BESO y para qué puede usarse.
2. Antes de recibir UN BESO
3. Cómo recibir UN BESO
4. Posibles efectos adversos.

1. QUÉ ES UN BESO. PRINCIPIOS ACTIVOS, EXCIPIENTES Y USO.

Los principios activos son: Fracciones de felicidad 500 mg, conteniendo: 60% de buenos deseos, 20% de achuchones cálidos y 20% de abrazos humanos.

Lo excipientes son: Recuerdos por inventar, mezcla seca de buenas risas y tiempo compartido, talco de sabor a esperanza, óxido de Fe de la propia historia previa y una larga serie de restos de mil cosas y fracciones de minúsculos toques de sonrisas.'


USO. Actúa como alivio a corto plazo de los arañazos de la vida por su acción venotónica y síntomas de insuficiencia a los malos ratos y los disgustos leves.
Debe usarse en dosis de ataque sólo en contadas ocasiones, no sobrepasando los 200 millones por día en ningún caso. Su medio de transporte en el corazón, sin previo aviso, puede desencadenar en el producto un enojoso síndrome de frustración, complejos de inutilidad y cuadros depresivos severos.

2. ANTES DE RECIBIR UN BESO
No uses UN BESO

       - Si eres alérgico a los regalos intangibles.
- Si no era para ti o tienes constancia de algún efecto nocivo previo en la especie humana.
- Si estás embarazada o tienes previsto estarlo, consulta a tu médico para valorar la intensidad y frecuencia que pueden ser aconsejables.
- Si la persona que te lo envía tiene signos clínicos de locura intrínseca, peligrosa y contagiosa.
- Los niños y ancianos pueden ser beneficiarios perfectos. Suelen recibirlos con enorme agrado y sin efectos secundarios más allá de una sonrisa.
- Si has de conducir o utilizar maquinaria de precisión, confirma que has sedimentado la emoción no vayas a ir a más revoluciones de las admitidas por ley, o tu capacidad de precisión se haya visto disminuida por la adrenalina, serotonina u oxitocina segregada por tu propio organismo.
3. CÓMO RECIBIR UN BESO
Pues no se ha descrito postura o ánimo concreto. Al final…pues cada uno sabrá.
Tomado de Google



La vía de administración suele ser dérmica. Su administración en mucosas requiere aumentos en la frecuencia e intensidad de adherencia a esta medicación, de modo previo, por lo que…como uno quiera y el corazón le dicte.





4. EFECTOS ADVERSOS DE UN BESO



Por favor, observa atentamente posibles reacciones.
Se han descrito: dolor de ausencias varias, ganas de que esa persona no se aleje jamás, malestar de estar solito… Así como subidas de ánimo, sonrisas de necio, ganas de llamar por teléfono, necesidad de cantar a grito “pelao”, silbar en la ducha tontunas varias y otras manifestaciones leves de euforia.
Si observas algún efecto adverso, pero de verdad adverso para tu salud, consulta con el Servicio Nacional de Toxicología. Podrían abrir una nueva línea de investigación de los afectos y sus formas de manifestación en los seres humanos.

jueves, 12 de enero de 2012

Olor a coco.

Era un olor que casi se podía tocar. Con una consistencia física en forma de esos gajos de irregular corte de coco blanco y húmedo de unas fiestas de pueblo en Agosto. Cercano a él flotaban rastros del aroma a las manzanas caramelizadas en rojo pasión y al azúcar milagroso que girando sobre un palo se trasformaba en nube capaz de pellizcarse.

Se giró sin poder evitarlo. Los sonidos de una calle chillona le recordaban a los de una tómbola que aún le adentraba más a la noche en que compartió un triángulo frutal blanco y marrón con el único niño del vecindario, poco mayor que ella.

Sus trenzas se habrán quedado en algún rincón del tiempo de su paisaje lunar, pero el olor a coco y regaliz del hombre de la parka gris pudieron más que la fecha del carnet de identidad. Volvió a sentir los latidos en su corazón, las estrellas diminutas y la mercromina en la rodilla. Exactamente como la noche en que dicen que les vieron besarse, cuando eso jamás sucedió.

Sonríe ante el recuerdo, se baja en su parada de siempre, y en la primera droguería abierta compra una loción corporal con el aroma a coco más intenso que pudo encontrar. Se friccionó las muñecas y los antebrazos. Se calza sus guantes nuevos de punto y al fin llega puntual a la oficina tarareando en su mente una canción del verano de hace décadas.

Durante la jornada laboral, cada vez que se acomoda las gafas de cerca, algo casi físico la lleva, por fracciones de segundo, a una noche infantil que no dejó otra cosa que un aroma para poderla repescar, más tarde, en el calmado mar de la vida, dentro de un autobús.

miércoles, 11 de enero de 2012

Esa acuarela.

Estrenó el año redimensionando su casa. Con el júbilo de estreno aún en su calendario de bolsillo se animó a reinventar su espacio, dando un nombre único a cada objeto.

Se disfrazó de medium y en el recibidor vio una acuarela de un puerto anclado en el siglo XIX. Llamarla acuarela de la entrada, o marina de veleros era dar nombre a un objeto. Como en su mente era un tiempo concreto, una luz especial y un ánimo definido que podía recuperar al vuelo, la bautizó “Marina plan B”. La compró en un mercado de segunda mano, en una mañana especialmente luminosa y tras buscar unas sillas para su nueva casa.

Al pronunciar su nombre llegó una suave brisa de Septiembre, un olor a tabaco de pipa y una ventana con cortinas a cuadros escoceses. Sintió la presencia de un hombre maduro, de pelo cano y foulard gris que mezclaba colores y agua, paisaje y sueños en la tarde. Pudo distinguir una melodía, a lo lejos, sin poder identificarla y la llegada de un niño cauteloso a la habitación. Con la certeza de que el niño estuvo quieto, mirando sin decir ni una palabra, cerró los ojos y esperó. La ventana abierta movía la cortina. El hombre seguía pintando.

Sólo ella pudo llegar a percibir una voz muy tenue que decía “Para Luis” y creyó ver cómo los trazos se movían levemente en señal de agrado, tras el cristal del marco. Esa marina tenía nombre, un nombre propio, y ya no podía negar que llegó a sus manos por puro enredo de fechas y destinatarios.

La pregunta nació de forma natural pero tardaría unos años en volver a dar nombre a las cosas y unos más en averiguar quién era ese niño que conquistó la tarde de un hombre que fumaba en pipa mientras pintaba una acuarela.

martes, 3 de enero de 2012

La lectura.


La vi y esperé unos minutos a que uno de los padres acudiera a recogerla. Mi reloj marcaba las dos y mucho. Mi tren salía a las tres y media. El plato combinado estaba en plena tarea de ser digerido y mi tiempo podía rifarse entre un par de fotos, o unas páginas del libro que me acompañaba, o en un nada de vagabundeo en un invernadero de metal y tiempos muertos entre vías de un tren hacia algún lado.
Esperé segmentando mis miradas entre la gente y la escultura y al fin me acerqué. Le pregunté sobre qué iba su libro y sin desatender la lectura me contestó - “sobre una bruja malvada.”
Y en ese resumen del cuento que había secuestrado a Alicia se esfumaron el dolor de pies y las ganas de café. Se evaporaron las prisas y la impaciencia y hasta el olor sesgado de mi colonia. Se deshizo el enfado por verla quieta rompiendo la foto que pretendía hacer a una escultura. Y se esfumó por encanto el peso de mi vida en cada hueso.
El hechizo de la bruja malvada me llevó, sin pago previo, a unas lecturas de voz de hombre sabio. Esos cuentos sin cuento que deshojaba en las noches el sonido de una voz entresacada de la vejez y el arrullo. De un sombrero con escondites de besos y conjuros contra el dolor. A ese sentarse en el suelo con un sonido de radio de galena en una cocina cercana y a ese relato donde habitaba el miedo a controlar para enseñarme que el miedo puede ser vencido.
Esa bruja malvada, según me refirió, era una mujer que provocaba dolor porque le gustaba ver llorar a la gente. Y dijo llamarse Alicia. Y dijo esperar a su padre que estaba por llegar y que siempre la recogía en ese lugar de la estación.
La dejé donde estaba. Bajé las escaleras del tiempo hasta el presente. Recorrí con mi mejor cara y mi peor temor el tramo al bullicio y la tontuna de prisas y locura por diagnosticar y sabiendo que Alicia, si es que es su nombre, se salvará de la quema de alguna noche de cuchillos largos.
Alejándome de un cuento con final feliz, fotografié un instante mientras me dirigía al andén que la megafonía anunciaba. Con la lectura como compañera en mi bolso en bandolera..

domingo, 1 de enero de 2012

Extraño baúl de recuerdos.

Ese día se había hecho tatuar la hoja de ruta bajo su pecho izquierdo con tinta de calamar. Esa vez quería seguir el rumbo de la cáscara de nuez hasta su destino, sin dejar que las corrientes profundas pudieran regresar a puerto una nave tan ligera.

Construyó unos cubos transparentes con voluntad y ánimos crecidos por un baño de sol y un secado de aire de Neptuno. Las esferas le parecieron difíciles de llenar ordenadamente y prefirió un poliedro para empaquetar las pertenencias que quería conservar del tiempo y del olvido. Depositó durante el día, y de una a una, las sensaciones y recuerdos que le habían calado hasta los huesos, con y sin chubasquero puesto. Queriendo y sin querer mojarse. Pequeñas y no tan pequeñas. De un instante y de un rato.

Al caer la noche confirmó que eran más de las creía. Descubrió también que eran esponjosas y que al ser depositadas abarcaban un espacio que paulatinamente se iba ampliando por sí mismo y que, de forma simultánea, se iba poblando de una luz blanca y fría.

Cuando llegó la noche, no podía explicarse el volumen de ese baúl que, a esas horas, parecía un arca de Noé con las especies a preservar.

La tapa encajó perfectamente. Tanto que quiso poner un lacre en la solapa de un sobre imposible.

Escribió entonces una carta, a nadie, con tinta negra y una letra picuda, ambas adoptadas del mismo calamar que la ayudó con el tatuaje. Y en ella sí usó la barra, profusamente además, y estampó por sello un símbolo en V, dentro de la señal que dejó el aluminio de un abre-fácil de una lata de mejillones.

Hace un año encontré en la playa una botella de cerveza con un tapón de corcho. Dentro había una carta con un lacre intacto. He tenido ocasión de leerla y hasta hoy no he sabido qué significaba. Si la cáscara de nuez de la que habla llegó a su destino no lo puedo saber por ahora, pero ha llegado a mi correo una foto de un objeto hallado en un sótano de una casa derruida de un pueblo costero y que adjunto.

Ruego a quien pueda conocer a una dama que guardó recuerdos en un poliedro de luz, le haga saber, que, aunque leída, su carta está a su disposición en un cajón de mi escritorio. Ese en el que guardo los objetos que encuentro en la playa, y que parecen perdidos y huérfanos, esperando a su dueño.