viernes, 10 de febrero de 2012

Buscando un fruto

Iba subiendo hacia la copa de un árbol. Con su pantalón tejano y su camiseta azul. Se acercaba lentamente hacia una fruta especial , cabalgando la rama inmensa, calculando con las manos el avance y con las piernas la resistencia de la madera contra su piel. Cayó sintiendo su error entre los dedos y el ruido del impacto contra el suelo le confirmó que no había muerto. Se sintió privado del aire, de la vista, de su conciencia y de su nombre hasta que despertó inmóvil en una cama de la UCI, donde alguien le llamaba insistentemente.
No puede olvidar su cabalgadura cautelosa por la vieja rama aunque no consigue recordar si llegó a tocar el melocotón que no perdía de vista. Mira fijamente a su mujer, mueve sus manos hacia los brazos de ella, agarrándola fuertemente pero no puede pronunciar palabra. Nota la boca reseca. Hace un esfuerzo por coordinar su respiración con su voz, pero es en vano. Le recuerdan que lleva el suero, y que no intente hablar porque está intubado.
Nota el rodar de una lágrima y con el dorso de la mano libre se la seca. Cuando le administran algo en la vía, se deja llevar al olvido de nuevo. Pero a contracorriente.

7 comentarios:

  1. Oí el chasquido de la rama al quebrarse, perdí mi sueño de coger el mejor fruto, el más maduro por estar más cercano al sol, arriba del todo donde mi mano solo agarró hojas mientras caía. En al nebulosa posterior en la que estaba postrado el melocotón se agiganta, se vuelve más dorado y me deslumbra, haciéndose aún más apetitoso.

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    1. n la rama era el fruto más preciado, con el aroma más sutil, el color más exuberante y el tamaño más apetecible.
      Es dorado en su pupilas, sabroso en sus pituitarias, y el único deseado en su corazón gitano.
      En la caída tuvo tiempo de sentir la luz que emitía y que le atrajo a cruzar una línea no dibujada donde quiso perderse.

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  3. Ah, el melocotón. El anhelo, el anhelo. Lo que pone en pie nuestros sentidos. Lo que nos hace estirarnos hasta tocar casi la cima. O a darnos un buen batacazo. Lo intentaremos de nuevo. Que nadie lo dude.
    Un abrazo.

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  4. Gracias Francisco. Los anhelos, como dices, nos hacen estirar...¿ el alma?...¿ el corazón?. Si nos caemos...pues nos levantamos.
    La vida en línea átona sería un estado vegetativo de algo, pero quizá no de vida humana. Los melocotones existen, aunque no se puedan alcanzar sin correr riesgos.
    Un abrazo

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  5. Bueno, veo que ya comentáis en sentido simbólico, algo que me gusta, jajaja. El caso es que con el relato me has llevado hasta una silla de la habitación del hospital, como si visitase a un amigo mío y yo diciéndole "ánimo, hombre, mira el lado bueno: no has quedado tetrapléjico".
    Besitos

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  6. Gracias Luis. El simbolismo se puede buscar en tantos escenarios que...por qué no en una caída.
    El lado bueno puede ser el espejo del malo. Me ha gustado.
    Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.