lunes, 6 de febrero de 2012

Tardes al sol


La tarde estaba soleada y el ánimo de la ciudad en calma. El intenso frío concedía un leve respiro a los guantes y a las bufandas enrolladas sobre cuellos y bocas. Llevaba días sin acudir a su cita no pactada con la señora que pasaba el rato, invariablemente, observando a las ardillas o a los pájaros que tenían el parque como hogar. 

Se habían presentado hacía pocas semanas y desde entonces habían charlado, sobre todo, de animales de compañía.Ninguno de ellos teníía actualmente mascota alguna, pero ambos recordaban anécdotas de alguna de ellas. Ella se recreaba hablando de un perro que le regalaron justo cuando enfermó su madre y él exageraba sucesos protagonizados por un periquito azul que acabó enseñando a una hembra joven a volar por el piso y a contestar a sus saludos al llegar a casa. 

Jamás hablaron de familiar alguno, ni hablaron de circunstancias personales. Tampoco comentaban sobre nadie que estuviera por allí, salvo la tarde en que se encontraron rodeados por una veintena de críos cogidos de la mano, supervisados por tres profesores y que les hizo recordar cómo habían cambiado los tiempos. Coincidieron en opinar que los niños no cambiaban por mucho que parecieran tan diferentes a las fotos de sus propias infancias. Charlaban algunos ratos y otros simplemente miraban a los animalillos, a los árboles o a la gente.

Al irse acercando a la " Casa de cristal" ya sabía que ella no acudiría. Al aire le faltaba algo. Alrededor del banco y hasta donde alcanzaba a ver no había ni un solo pájaro, el viento había enmudecido y el sol no lograba iluminar la mitad izquierda del banco.

Se alejó hasta el estanque buscando un lugar cómodo desde donde mirar los patos que serían ahora los compañeros de sus tardes al sol.

2 comentarios:

  1. Una buena conversación, un saberse escuchado, una inclinación de cabeza aseverando, era suficiente para llenarle la tarde. La ausencia la suple observando patos. Produce una gran tristeza en el ánimo, la ilusión de ser esperado se desvanece, la vida sigue.

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  2. Gracias Alfred por tu lectura y comentario. La ilusión de ser esperado, o de esperar algo es un gran antídoto contra la sensación de vacío. En las personas mayores, con tanto por ofrecer, hay quien tiene a flor de piel la sensación de inutilidad.
    Cuando la familia o las amistades no pueden utilizarse para llenar el tiempo y el corazón...patos, bibliotecas, casales o asociaciones son aliados sin precio.
    Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.