viernes, 9 de marzo de 2012

Viñedo y melodía.


La música inundaba el viñedo, a esa hora maldita en que el día se precipita al sueño de la noche con zapatillas de algodón.

Tras kilómetros por entre viñas, sol, risas y melodías, la luz ya jugaba con las sombras en la piel y las colinas, en su pelo y en el leve relieve de sus hombros. También en el reloj de muñeca de una repisa de hotel.

En ese auto años cincuenta, descapotable, granate y ligero como pompa de jabón, se detuvieron en el arcén. La vista alcanzaba una viña sin límites, con unas uvas oscuras, entre azul, violeta y sueños nocturnos.

Sólo querían caminar entre los surcos sin dejar de oír la melodía, tomados de la mano. Pero al alejarse, la música se escapaba por las ventanas del aire. Él buscaba formas de conseguir que la música fuera audible más allá de unos metros, y con una navaja suiza cortó unos racimos, maduros, pesados, húmedos y relucientes.

Consiguió sentarlos a horcajadas en la palanca de cambios, sobre la radio de dial manual y, por aquellas casualidades de la física, de alguna forma difícil de explicar, la noche se confabuló con ellos, dejando que el silencio se tiñera de unos compases sin final.

Pasearon bajo la noche incipiente sin decir nada. Con la certeza de que ese tema sonaría una y otra vez, para atemperar sus corazones ante una puesta de sol, en el Languedoc francés.

12 comentarios:

  1. Muy grato el paseo que nos propones, en el que entre viñedos cargados de jugosa fruta, una pareja se mueve acompañada por una dulce melodía, que mantiene acompasado el ritmo de sus latidos al de sus deseos.

    ResponderEliminar
  2. La música, desperto en ambos una incipiente necesidad de frescor en la boca. Una pequeña casdada de agua de deshielo, dejo máws cristalino aquel morado difunso, intenso y cristalino de las uvas, que seria saboreadas como la musica. Consiguieron inmovilizar el dial del volumen de la radio con una chicle Bazoka que ella habia guardado para una ocasion asi.
    Un saludo albada: No te ofendas por la intespectiva humorada.
    El relato es sosegado, tibio y agradable. Me gustaria vivir cosas asi al menos una vez cada seis meses.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ortiguense, me encanta tu guiño a Mcgiver en acción. Con resultados brillantes, según pareces evocar.
      Yo, con tu permiso, me apuntaría a vivir situaciones así incluso con una mayor frecuencia. Prometo informarte si llego a conocer dónde se ha de apuntar uno.
      Gracias por tu lectura y por tu evocador y a la vez divertido comentario.
      Un saludo.

      Eliminar
  3. Gracias Alfred por tu lectura.
    Al compás de la tarde, los tonos de luz cambiante, las sombras indecisas...una pareja comparte una puesta de sol.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Las viñas de la literatura crecen de cada uva que madura y se lee.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por un comentario tan cierto como bello.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. I heard it through the grapevine de Marvin Gaye. Permíteme que en la lectura de este excelente relato incluya esta canción. La imaginación es libre. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Recojo tu sugerencia, como buena opción de fondo musical. Con tu permiso brindo con un Terre de Schistes 2009, por la libertad de imaginar.

      À tes sauhaits.
      Un abrazo Groucho.

      Eliminar
  6. Este texto es digno de conservar en barrica y hacerlo añejo, se paladeará mejor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu lectura y comentario Sergio.
      El tiempo y el reposo suelen hacer de unos buenos caldos, los mejores aliados.
      Un saludo.

      Eliminar
  7. Incluso uno solo con sus recuerdos, en un marco como el que nos describes, es capaz de revivir momentos ya pasados como si del mismo presente se tratase. Aunque siempre es mejor disfrutarlos en compañía... O no?
    Un beso Aldaba

    ResponderEliminar
  8. El pasado tiene la virtud de poderse reinventar en el recuerdo. Que puede ser ficticio en realidad. En este texto en concreto era presente, con anhelos de futuro, según lo imaginé, pero toda lectura tiene la inmensa fortuna de ser libre.
    La compañía, en el texto, es casi requisito para darle cuerpo.
    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.