domingo, 20 de mayo de 2012

Cuaderno de prácticas



Miro por la ventana que invita a tarde con sol y chiribitas. 
Cada persona ha ido dejando una historia, un proyecto, un desafío o una simple aseveración con la cabeza. Cada interacción es única, por definición sin diccionario, porque somos en cada instante lo que somos, y lo que nos acompaña en la mochila que llevamos. 
Tener a un estudiante en prácticas cada curso, te enfrenta  a variopintas sensaciones, y sin querer o queriendo, a inevitables reflexiones.

Te aposentan en la edad del almanaque. No hay manual para debutantes de la vida, que sacie  la reconocible ansiedad de tener hambre. Inevitablemente recuerdas tus propias prácticas. Por eso lo sabes.

Te invitan nuevamente a actualizarte en parámetros, conocimientos, procedimientos y guías clínicas. 
Buscan en su ipod información.Consultan notas de exámenes, con la frescura de los anhelos incipientes de una titulación prometida. Han ido avanzando en una costura entre vocación y escucha de sus deseos.


Hablan de novios, de aulas y de tutores. 
       Y tú sabes de lo que hablan. 
Ríen y sonríen a menudo. 
       Y tú haces recuento, y te sale un poco menos.
Se asustan y a veces lloran.
       Y tú ya difícilmente te impresionas.
Preguntan y escuchan. 
       Y tú te encuentras hablando, ayudando a que se contesten. 
Se dejan presentar, tocando un poco, sus identificaciones de la Facultad.
       Y tú perdiste varias y una lavadora centrifugó otra.
Estrenan bata, impoluta, 
       Y tu enésima bata delata las muchas horas de vida. 
Desayunos y meriendas, fiambreras y botellines de agua.
        Y tú compartes en la mesa lo que se tercie, de alimentos o de comentarios, ampliaciones de información u otras sustancias intangibles.
...


La juventud, los talentos emergentes, el ciclo de la vida en su imparable avance. 
Y me la quedo mirando, ensimismada y con su perfecta caligrafía, cómo escribe el resumen de la jornada de prácticas,  en su "cuaderno de campo".   
  



8 comentarios:

  1. Promoción tras promoción, van formando a sus educadores en el alto y noble arte de ser maestros.

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    1. Esa es la gracia, en efecto, en no dejar de aprender a enseñar. Con el ejemplo, muchas veces.
      Tener conocimientos, instrumentos y actitud no es tan fácil como parece. Pero se da lo mejor de sí mismo, y la verdad, se recibe lo mejor de esos jóvenes: su ilusión.

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  2. Dudas, respuestas...no todas las personas son capaces de responderlas, y menos aún de tratarte con cariño, o sea, de tratarte como una persona.
    De pequeña siempre me han inculcado que sea lo que fuera en esta vida, lo primero y antes que nada es ser PERSONA.
    En la vida te cruzas con individuos con cabeza, pies, manos...pero que carecen de lo más importante,....no siempre son personas .
    He tenido la suerte de conocer a una Persona que marcará mi vida, por ser como es; se trata de una Gran Profesional y una excelente Persona.

    Si me permites, Gracias.

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    1. Me alegra muchísimo que algún o alguna tutor/a sea recordado con tanta emoción.

      Somos personas, como bien dices, educandos y educadores, con nuestras cualidades y defectos.

      El cariño suele ser mutuo. Como seguro que es tu caso.

      Felicidades. Un abrazo.

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  3. Estupenda relación entre el aprendizaje y la experiencia. Y al final los unos aprenden de otros y la experiencia se abre camino siempre.
    Genial relato Albada!

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    1. Gracias Pilar. Todos aprendiendo de todos. Ellos son sabios en potencia. Lo son de hecho, de forma parcialmente auténtica.

      Les falta tiempo, sí, pero no han acabado de perder la sabiduría de la infancia, que se mueve por instinto hacia los afectos y lo aromas a vida.

      Me enriquecen. Cada curso. Curso a curso. Bata a bata.

      Un abrazo.

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  4. La experiencia es algo más que un grado. De los inexpertos siempre hay algo que aprender, hay que ser humildes. Nos contagian sus fuerzas intactas que a nosotros, a veces, nos empiezan a escasear, y, además, cuando enseñamos, nos damos cuenta de lo mucho recorrido, de lo mucho que sabemos. El camino merece la pena y ellos nos lo muestran.
    Un besote

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    1. Todo. Yo aprehendo todo lo que rezuman: alegría, esperanzas, anhelos por estrenar, ansiedades inconcretas, y ese mirar a los ojos a la propia curiosidad.
      Me pregunto, si hubiera un fiel de balanza bien calibrado, quién pone más.
      Aprendo a querer desaprender.

      Te lo confieso.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.