domingo, 6 de mayo de 2012

Escrito de Lara




Apreciado Dr. Josep Patricci.

Según lo hablado telefónicamente en la mañana de ayer, le adjunto para su estudio y posible diagnóstico el escrito que hemos permitido realizar a Lara. Agradeciendo de antemano su colaboración, esperamos que, con su ayuda, podamos mantener entrevistas clínicas con la paciente que puedan dar algún resultado, ya que , como le comuniqué, han sido estériles hasta la fecha.

Dejo que vuele libre mi mente, y tal vez, parte de todo este sinsentido adquirirá significado. Ahora que la medicación, que me siguen obligando a tomar, me permite pensar casi con claridad, me preguntó qué me atrajo de Pablo, si jamás me han interesado los hombres mayores. Nos conocimos en la sala de espera de Tesorería. Cuando en ese rato, que acabó demorándose hasta tres cuartos de hora, me sorprendí hablando con él de cosas íntimas, me asusté. Creo que fue su mirada atenta y su sentido del humor lo que hizo que le viera como un hermano mayor. Tengo por costumbre no dar mi número de móvil, o cambiar la última cifra, por si hacen que lo repita no entrar en contradicciones,  pero él apuntó el suyo en su número de atención del dispensador y yo el mío. Cuando sonó mi Nokia con un número desconocido creí que era de una ETT,  pero era Pablo.

Hallamos la manera de quedar en un local concurrido, para tomar un café, y sin saber cómo, algo en mí se transformó. Me transformé. Y él lo captó, no me cabe duda. Se mostró divertido, chispeante, rápido de reflejos y decididamente encantador. En esa semana mi intuición me sugería alejarme de él, pero mi obsesión me impedía dejar de pensar en él, y acabé tropezando. Tropezando conmigo, con él, con mi estima, con su ego, con el mío, con su pasado y hasta con la puerta de un armario.

Ahora, que quiero salir de este laberinto, hacia una salida de ese viaje por un museo de emociones, deseo, vaivenes y deshojar de margaritas, poco importa, pero llegamos a entrelazar los dedos más allá de la epidermis. A encadenar los sueños, las piernas y hasta a trenzar un camino por recorrer.

Me tiré del trampolín de los sueños hacia una balsa que no sabía si tenía agua. Y la realidad superó a la ficción.  Buscaba sus manos como un apoyo en un camino de anhelos de futuro, que él parecía querer compartir conmigo en su creación. Sentía cómo mi pelo dibujaba en el aire, al caminar, aromas de esperanza y líneas de definición de apego y respeto. Escribí una sintonía de música cómplice en las noches y ensueños de sabor a abrazos en el día.

Quería pintarle de azul, de los pies a la cabeza, desde el torso hasta la espalda y desde mi silencio a sus sueños. Como con gafas de vidrio azul. Veía el mundo azul como un cielo despejado, como un mar plácido, acogedor y en calma, como el sabor a hielo y como el color de mi sonrisa al pensar en él.

Un domingo de Abril, en su casa, me habló de una caja con cerradura que tenía en un armario del salón. Fui yo quien insistió en ver el contenido. El se negaba y aducía razones misteriosas, que no acababa de poder o de querer explicar. Acabó cediendo ante mi insistencia. Contenía una piedra grabada con forma de escarabajo, que yo tomé en mi mano. Me la arrebató alarmado y cuando la guardó de nuevo, le oí gritar. La marca de la llave en su mano se dibujada roja. Oí el agua fría correr sobre su brazo junto a  mis lamentos y disculpas.

No puedo explicar mucho más de esa tarde. Sentí la implosión del universo, la inexistencia del espacio, la ausencia de pasado y el principio del tiempo.
En la cama, él llevaba una venda en su mano izquierda y yo era LA MUJER, la primera célula con capacidad de reproducirse, la bacteria, la ameba, el pez, el reptil y el primer primate bípedo que, mirando el horizonte se aventuró a ser homínido. Me sentí Eva, Afrodita, Cleopatra.. Era la mujer, la única. Él era un instrumento para mi propia supervivencia. No sabría cómo explicar el poder que tenían mis muslos, mi vientre, mi sangre bombeando vida y sólo vida. Con su orgasmo cayó de la cama con un sonido metálico.

No sé cuánto tiempo después algo me impulsó a coger la llave, a conservarla para que nadie abriera jamás la caja. Con un cordón de seda de su mesita de noche me la colgué al cuelo y guardé en mi bolso, (que dicen que no lo llevaba cuando me encontraron), un foulard  que olía a él, y,  por un motivo que ignoro, un donut de la cocina.

No recuerdo cómo ni cuándo llegué a la calle donde un chico, Phil, me pareció que podía ayudarme a encontrar la razón. Porque lo único que quiero es olvidar que una tarde gané una sabiduría indefinible, pero perdí la paz.

6 comentarios:

  1. Sería conveniente mantener una entrevista vis a vis, en la consulta con Lara, creo que sería lo más conveniente para aclarar unas dudas planteadas por un tal Dr. Phil, que teníamos de prácticas, pero que ahora está de baja por una depresión. Atte.

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    1. Con Lara ha sido inútil. Tenemos a buenos colegas trabajando en este caso y seguimos a la espera del posible análisis del laureado Pattricci.

      Si tiene de baja a un MIR llamado Phil, por favor contacte. Él nos abre nuevas vías de investigación. También a la policía científica, que está teniendo bajas de los efectivos que hallaron la caja (un suicidio incluido).

      No deje de contactar a magicalokura@hotmail.
      Atte

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  2. Cada vez me gusta más Lara. Se presenta como un reto del que seguro se sale mal parado pero rebosante de alguna experiencia jamás vivida.
    Sumergirse en su laberinto mental es la mayor de las fantasías. Su pérdida será mi encuentro, y cuando este llegue, ya se que no habrá otro día. Sigo su pista, no se si de cerca, pero si la ves, avísame. Aunque sea nuestro último contacto.
    Fantástico Albada, espero máááááááááásssssss

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    1. Estamos a la espera de que Phil pueda dar alguna pista más pero esa joven, según sus padres, que ya contactaron y hemos entrevistado, es una chica normal. En absoluto vulgar, pero sí con una vida y sociabilidad normalizada.
      Creo que pronto llegaremos a conocer qué secreta vivencia pudo transformarla en el vegetal que apareció y nos trajeron al Centro de Salud hace unos días.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.