jueves, 14 de junio de 2012

El ascensor



Cuando en el 2003 nos trasladamos al nuevo edificio restaurado a tal fin, todo parecía ser suficiente. Todo, menos el ascensor. Claramente pequeño para un centro sanitario. No cabía una camilla, como se pudo comprobar durante los siguientes años. Algún enfermo bajó en él sentado en silla de ruedas como un colgajo, como títere sin hilos.

Los carritos de mellizos ponían a prueba la gordura de madres, los cálculos espaciales de longitud o anchura, dependiendo si el modelo es longitudinal de dos asientos o doble en el sentido transversal.  Por muchas vueltas que le des, un ascensor de poco más de un metro cuadrado, para una población adscrita de 40.000 habitantes, ya se intuía que difícilmente era adecuado a tal fin.

El estreno del centro nos trajo bastantes sorpresas agradables, como la luminosidad de sus ventanas, los colores de las puertas, los pocos pero preciosos equipamientos de la sala de espera de la planta de pediatría (común a dos ABS) y sobre todo…la sala de la pecera.

En un alarde imaginativo, una sala que toca a un patio interior, tenía una pecera para peces tropicales. Y es por ese motivo, y no otro, que seguimos llamándola de ese modo: la pecera. Es una sala amplia. Los peces, creo recordar llegaron a sobrevivir a la ingesta excesiva o deficitaria como un año más o menos. Era relajante. Un lugar donde mirar peces, poner la mente a lomos de la paz que transmitían en sus paseos sin destino por el agua con burbujitas.

La resolución de la solicitud de un nuevo ascensor se demoró unos años. Unos siete años. Y empezamos a ver en 2011 la construcción de un espacio con ladrillos que se comía bastante del patio interior. Estaban construyendo el hueco para el nuevo ascensor. Y qué maravilla de ascensor. Holgado. Cabe una camilla, que parece obvio, pero lo necesitábamos. Su diseño es una maravilla. 

La única pega es que su suelo resbala, como han confirmado algunos traseros, pero al fin la razón ganó a la economía espacial y ahí les dejo ese prodigio de montacargas con aspecto futurista. Quizá los afectados por claustrofobia lo encuentren pequeño, pero no lo es.

6 comentarios:

  1. Lástima que tardaran unos años en apercibirse, que las camillas con enfermos, no se ponen verticalmente.
    Saludos.

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    1. Ese detalle se ve que el arquitecto no lo tuvo en cuenta, que las camillas van en horizontal.

      Bueno, al final tenemos dos ascensores. Ahora el grande querían dejarlo inactivo por AHORRAR gastos de luz y mantenimiento del mismo.
      Pero no. Y no. Hombre!!, A ahorrar en otras cosas.

      Un abrazo.

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  2. Y bueno, eso demuestra que con paciencia se pueden mejorar algunas cosas. Aunque nunca habrá nada perfecto, siempre hay pequeños errores con los cuales tenemos que lidiar y aprender a convivir.

    Excelente relato y moraleja!

    Abrazos alados, Albada.

    Feliz Finde!

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    1. Las pequeñas cosas, los detalles, que deben cuidarse.
      Me alegra te gustase el texto.

      Un abrazo y, por supuesto, un buen finde para ti Diana!!.

      Una abrazo.

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  3. Ya sería mucho pedir que las paredes del ascensor fueran el antiguo acuario, para entre subidas y bajadas uno pudiese contemplar a sus habitantes en vez de mirar al suelo esquivando al resto de acompañantes. Es cuestión de pedir y de tiempo. Tal vez algun político aun no excarmentado, tenga un amigo arquitecto y aficionado a los peces.
    Un besote con burbujas

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    1. Me fascinaría que las paredes cobijasen una pecera. Sería de alucinar.

      Le pedimos a los Reyes?
      Un abrazo

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.