jueves, 28 de junio de 2012

Noche de calor y abracadabra.



Entre un partido de fútbol y una piel donde anidar.
Sin busca de arena que hacer barro con saliva.
Sin rumbo hacia un alero ni credos de destino
hallaron el paréntesis de un cruce de caminos,
o llámalo “un remanso de besos y vainilla”,
donde aparcar en zona azul por unas horas,
los ruidos ya lejanos y el calor de la avenida.

La escultura callejera
con sus músicos en sordina,
festoneando el banco de madera,
les ofreció un lugar donde…adivina…
guarecerse del implacable sol de esas aceras.

Pusieron el punto al contrapunto
del punto exacto de las esperas.

Y no anidaron en su pelo oscuras golondrinas.
Dejaron sólo, que  la noche oliera a primavera. 

4 comentarios:

  1. Los músicos en la calle son la poesía sobre concreto que nos lleva a la combustión.

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    1. Son la belleza que te alcanza mientras vives la vida de la calle. Son una tentación a detenerte, una caricia inesperada.

      Un oasis en las ciudades. Un lujo al alcance del bolsillo más humilde

      Un saludo.

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  2. Que bien viene una escultura cuando nadie te quiere escuchar. Siempre están ahí dispuestas a ello. Y creeme que más de una un buen consejo me ha dado.
    Un besote

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    1. Cuando uno necesita hablar, no mal oyente. El aire, un árbol, un vaso rosa de plástico...

      Porque verbalizar es poner orden al pensamiento. En mi opinión.

      Un abrazo,desde el otro lado de una escultura de bronce que representa la amistad virtual.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.