martes, 24 de julio de 2012

No pude, no supe, no quise

Se desgarraba su dolor en mis oídos. Me asustaban sus dedos apretando mi mano en el apretón que le ofrecí y que ahora dolía, con su fuerza en la toma de mi apoyo.

Viendo mis dedos azulados, sus ojos inyectados en lágrimas negras y el rictus roto en su cara, entendí que no sabría calmar el fuego del dolor de sus entrañas.

La abracé fuerte, dejé que sus brazos reinasen en el silencio que a pesar de los sonidos, nos envolvía a nosotras, y sólo a nosotras. Me permití dejar mi cuerpo entero a su merced y  que mi jersey se inundanda de su esperanza herida a muerte.

Tras unos instantes, de una docena de segundos escasos, pude separar su cuerpo de mi abrazo y decirle solamente...Cúanto lo siento.

2 comentarios:

  1. El compartir dolores internos, hace que los externos dejen de ser tan dolorosos, y pasen, por el contrario a ser un dulce dolor del saberse aceptado en tan profundo e íntimo momento.
    Un besote con alegría compartida

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    1. Este micro lo puse en 2010. Tras dejarme empapar en el llanto de una madre que dejó de serlo. Accidente de tráfico. Pronto volverá a ser madre. Su infierno ha salpicado, quemado y dolido a todos los que estábamos cerca.
      Como un incendio, se ha ido menguando el fuego de ese dolor insoportable y por fin se ha ido suavizando. Por error le di a publicar cuando iba a cambiar un punto, en vez de guardar.

      Las cosas, la vida, el dolor, la esperanza, el renacer...
      El milagro de existir, con la alegría consciente de poder compartir, aunque sea de forma tan virtual como sincera, la inmensa alegría de vivir.

      Un abrazo entre risas.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.