lunes, 6 de agosto de 2012

Silloncitos para ver pasar las horas




-¿Recuerdas la cámara olvidada en la guantera?.

 El mira una cámara que reconoce vagamente.

- Sí hombre…aquellos sillones de mimbre que hicimos grabar con nuestros nombres, para cuando las canas acabasen por inundar nuestras cabezas. Pues esos. 

El continúa mirando la pantalla buscando en su propio disco duro la tarde en la que encargaron unos sillones de mimbre que le encantaron a Julia. Busca pero no encuentra más que una tienda de un barrio de Algeciras, unas persianas y la voz de ella charlando con un dependiente a punto de jubilarse, pero el derroche de luz sigue su curso...  

- No me preguntes cómo pero algo pasó con el temporizador, y ahora, en pleno 2020 la imagen que podemos ver es ésta. 

- Si es que el presente se presentó demasiado  pronto- convino él.

6 comentarios:

  1. Relato corto, pero lo dices todo.
    Besos,me ha gustado, nunca esta de más planear el futuro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Laira. Los planes, como los temporizadores, se estrellan a menudo contra la pilas de litio que los dirigen.
      En este texto pretendía reflejar que los planes intangibles, la vida se encargan casi siempre de dar forma. Y alguna vez coinciden.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Un placer leer tus textos guapa,
    que tengas una feliz semana.
    un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Ricardo. Sobre todo por leer. Bienvenido a este rincón sin alambradas, que puedes considerar tu casa.

      Feliz semana para ti también. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Me alegra saber que finalmente compraron los sillones. Saber que los usaron, y de paso, haberse trasladado en el tiempo a un pasado que aun comparten en el presente.
    Un besote de mimbre vivida

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Cormorán.
      Los planes eran usarlos, pero quién sabe si los planes se confunden en un marasmo de avatares de la vida, de confusiones de tiempo o regates de memoria.
      Jugaba con una foto que me encantó hacer.

      Un abrazo de mimbres blancos y cojines de percal floreado.

      Eliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.