martes, 11 de septiembre de 2012

Mujer entre pétalos de agua.


Sentí el regocijo de tu fuerza desnuda entre las olas.
Estaba oscuro, y, cuando entre altibajos de luna y chapoteos llegué a tu cuerpo, no me cupo duda alguna sobre el amparo que ofrecía tu piel anfibia entre las aguas.

Pude entender hasta qué punto, tú, mujer, inventabas las cosas del amor como para ser tan hombre que nadie pudiera dudar... de tu poder de creación entre arrecifes.

No quiero negar que mis entrañas se revolvieron en el equinoccio de mi oriente, dejándome prisionero del encaje que me aguardaba exultante entre los pliegues de tu vientre.

Ahora, que las hormigas voladoras acompañan los soles de mi calentura, jamás me siento solo.

Tu patria es mi única patria, y tus labios la única bandera que yo ansío.

2 comentarios:

  1. La dictadura de los sentidos, ese gozo apremiante que nos esclaviza e impide que nos abandonemos en reflexiones improcedentes.
    Un abrazo.

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    1. La dulce dictadura de los sentidos, tal vez. Ese hombre se adentró en el mar y en el cuerpo de una mujer de agua.
      Y parece que encontró el mejor destino.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.