lunes, 26 de noviembre de 2012

Números y letras en escenarios ausentes..


                      

                       Los números redondos. La ingravidez del seis. El perfección del cero.

                        La inquietante belleza de una pupila dilatada entre los dedos.

                                                             La “o” de oquedad.

                                                                             La "o"  de olvido.

                                                                                               El 0 de un 10.

                                                                                                                      El   5

                                                                                                             La “s” de sí.

                                                                                                 La  “s”  de  sol.                            

                                                                                Los ceros del 100 por ciento.

                                 La redonda fe de los círculos a ambos lados de un hechizo.

              Los grupos de nudos. Las cuentas del rosario. La infinitud  del infinito.








domingo, 25 de noviembre de 2012

Diábolo en tiempo presente.




   Hoy,  con   la  luna   por    testigo.
  
  Hoy sin premoniciones.
  
    Hoy conmigo.

    Hoy.
  
  Hoy,… sin ti.
           
      Hoy cual mantra expansivo.
                           
                           Hoy sin  mañana, ni   ayer, ni...   fin.                     


sábado, 24 de noviembre de 2012

Arquitectura de una enfermera cualquiera (Premio al mejor relato sobre enfermería de Investif 2012)


Sólo algunos años más tarde, ante el espejo devolviendo su cuerpo embutido en un uniforme blanco, pudo recordar un instante de su vida.
Tal vez fuera esa tarde cuando su vida se declinó, trastocando las líneas del destino. Esa línea que resultó que jugaba con cartas marcadas por los primeros aires de un mes de Junio.

Esa imagen guardada era la de un hospital modernista, con la luz cenital entrando por una ventana, donde ella, cogida de la mano de su madre, recorrían un pasillo con olores desconocidos e indefinibles a esa edad. Olor a sustancias desinfectantes y a un hálito de miedo que le hizo reconocer, por vez primera, el erizado del vello en su piel. Su abuelo, en ese recuerdo, dormía en una cama alta, con una manivela en el lado izquierdo y un tubo insertado en su antebrazo, que salía de un palo del que colgaba una botella de vidrio y una bolsa con color a amapolas desatadas.

La insistencia de su padre para que hiciera arquitectura le había llevado a visitar en la adolescencia museos, catedrales y edificios singulares. Y ella, con el alma dispuesta a abrirse a la vida, con ese olor a melocotón en sus deseos, había afinado sus sentidos en la asimilación de líneas de carga, de espacios recortados al cielo y materiales en continuo avance tecnológico.
Nadie, ni ella misma, podía saber que el destino le jugaría una broma. Nadie pensó que en bachiller sus notas declinasen tanto, a pesar de saber teóricamente, qué quería estudiar. La edad le había desbocado las hormonas- Los ojos verdes de Pablo habían anidado en su corazón de membrillo y ébano, y las horas de estudio eran apuestas de apuntes mezclados con risas y  besos. Su sueño se destrozó con las noches previas a la prueba de selectividad, con los resúmenes a vuelapluma de conocimientos enganchados con alfileres y con los termos de café bien cargado de última hora.

La nota no soportó la matrícula en arquitectura. Ni en biología. Ni en ingeniería alguna. Se abrió una ventana a Enfermería. Y fue en ese instante cuando recordó a su abuelo en la cama de un hospital. Pensó en una mujer que estuvo a su lado luego, en su casa y en su vida. Trajo a su mente la figura de alguien que cada poco llamaba para ir a verle. Ese nombre al que él apelaba cuando se encontraba mal. Esa enfermera que había ido a verle asiduamente durante los cinco años previos a su muerte, entregando su paciencia, su escucha, su sonrisa y esa puerta abierta a las contingencias que la vejez pudiera depararle. Aquella que podía tutearle desde el respeto, y que, según el caso, contactaba con el médico de cabecera, o con el hospital, o con el servicio del Pades...ya al final de los finales.

Y empezó entonces una carrera de obstáculos, hacia sí misma y hacia una profesión que iría alcanzándola poco a poco, hasta llegar a envolverla. Hasta devorar sus anhelos transformándolos en realidades de ensueños.
Con el uniforme de la Facultad llegaron las primeras prácticas en un hospital. Y las primeras náuseas. Y los primeros sudores fríos en las manos. Y los disimulos por parecer tranquila.

El tiempo fue pasando, los miedos menguando... y la ilusión de estudiar fue creciendo.
Un día, mientras estudiaba “fármaco”, en la certeza de la efectividad terapéutica del contacto humano, jugó a inventar un prospecto para un medicamento intangible e infalible. Casi de efectos mágicos. Y entre sus apuntes,  aún se encuentra, en un altillo de un armario, este ejercicio de terapias alternativas:
Prospecto medicinal de un beso-abrazo.
Lee atentamente, con gafas si es preciso, este manual de uso antes de empezar a usar este producto.
1. Conserva este prospecto. Por si tienes necesidad de volver a leerlo. Aunque pareces tener más memoria que un pez de colores.
2. Si tienes alguna duda en la lectura de este prospecto o cualquier otra cosa, confirma que no esté la página al revés, en cuyo caso, por favor, dale la vuelta, leerás mejor
.

1. QUÉ ES UN BESO-ABRAZO. PRINCIPIOS ACTIVOS, EXCIPIENTES Y USO.
Los principios activos son: Fracciones de felicidad 500 mg, conteniendo: 60% de buenos deseos, 20% de achuchones cálidos y 20% de abrazos humanos.
Los excipientes son: Recuerdos por inventar, mezcla seca de buenas risas y tiempo compartido, talco de sabor a esperanza, óxido de Fe de la propia historia previa y una larga serie de restos de mil sonrisas aparcadas.
USO. Actúa como alivio a corto plazo de los arañazos de la vida por su acción venotónica y síntomas de insuficiencia a los malos ratos y los disgustos leves.
Debe usarse en dosis de ataque sólo en contadas ocasiones, no sobrepasando los 200 millones por día en ningún caso. 

2. ANTES DE RECIBIR UN BESO-ABRAZO
No uses UN BESO o ABRAZO

 - Si eres alérgico a los regalos intangibles.         
3. CÓMO RECIBIR UN BESO-ABRAZO
Pues no se ha descrito postura o ánimo concreto. Al final…pues cada uno sabrá. La vía de administración suele ser dérmica pero al final prevalece lo que el corazón le dicte.

4. EFECTOS ADVERSOS DE UN BESO
Se han descrito:  subidas de ánimo, sonrisas de necio, ganas de llamar por teléfono, necesidad de cantar a grito “pelao”, silbar en la ducha tontunas varias y otras manifestaciones leves de euforia.
Si observas algún efecto adverso, pero de verdad adverso para tu salud, consulta con el Servicio Nacional de Toxicología.

Al final sus prácticas resultaron duras y tiernas. Aderezadas por centenares de sonrisas y docenas de lágrimas.
Durante esas prácticas obligatorias, pudo vivenciar diversas experiencias para las que ningún temario ni profesor podían haberla preparado. En una tarde de Septiembre, durante su estancia en la UCI, halló a un hombre recuperando una segunda oportunidad de ser feliz. Se llamaba Manuel, y  comentaba feliz  que un infarto a los cuarenta le hacía hecho cambiar de prioridades. Ahora, explicaba entre tubos y esperanzas tecnológicas, trataría mejor que nunca a su cuerpo y afirmaba  que la vida le trataría mejor que bien a él. Eva, su esposa, defendía que no cambiaba un minuto de su vida actual por una hora de entonces, justo antes del infarto. Explicaba que aceptarían de buen grado los cambios de turno, como un trabajo llevadero para ambos, sin sorpresas, sin agobios, y sin mal humor contenido. Veían posible reírse juntos y jugar con los chicos, como consecuencia inevitable de este susto. El estrés que llevaba el hombre le había estado a  punto de matar, y ambos lo sabían.
Cuando a él le hablaban de la suerte de estar vivo de pura casualidad, por la temeridad más bien, de un conductor de ambulancia, él asentía muy serio con la cabeza, burlón y sonriente, porque había ganado esta batalla a la vida.

Los años la permitieron descubrir que mantenerse en pie depende de mil factores, entre ellos el de querer seguir en pie tras las caídas, porque todo el mundo de vez en cuando se cae. Había observado renaceres de gorriones tendidos en la calle, en las aceras de la vida inhóspita, y ahora sabía que la energía oscura que reside dentro de cada ser humano,  a veces, en  un ataque se subjetividad incontrolable, le hace elevarse del suelo, a pesar de los parpadeos, anquilosamientos y dolores tras las caídas.
Aprendió que todo el mundo puede tropezar con una corriente cálida que le devuelva la capacidad perdida de volar, tras los aterrizajes sin ruedas ni frenos. Porque a veces desaparece el temor a retomar el vuelo, y a estrellarse una vez más.

El tiempo siguió arrancando las hojas de los calendarios, y cuando empezó a intentar describir sus competencias, descubrió entre enojada y divertida la cantidad de ellas que son intangibles y difícilmente medibles. Recuerda las intangibles.
Se ha oído mil veces en la ducha con el dial en la emisora de "toca curro", sin importar la hora y sin pestañeo de calendario.
Sabe cómo regalarse una dosis extra de leche corporal con olor a coco y alegría. Friccionarse  primorosamente con ella los dedos de los pies para que aguanten, sin perder el paso, la melodía que llegue. Friccionarse las manos para no dejar caer las expectativas que depositen en ellas... y los bíceps, para aguantar el peso de otras cargas sin que las agujetas le devenguen intereses.
Reflexiona ahora, cómo, con los años, ha pasado revista a los espacios, los estados de ánimo, los registros de actividad, los materiales y enseres que conformarán las jornadas, mirando especialmente el armario de los sueros isotónicos de manzanas verdes, y el stock de viales de dosis de ataque contra la desesperanza.
Porque para encarar el día ha de encarar un universo de estreno diario con el uniforme y el ánimo a punto, sabiendo que sus herramientas más preciadas abultan poco: miradas cómplices en el dolor ajeno y oídos libres de prejuicios o tapones.
Ha  estado trajinando en la batea de acero inoxidable productos varios: guantes de quita y pon para las manos que nunca son de usar y tirar, pomadas y ungüentos contra el desánimo, gasas de esperanza, esparadrapos varios para fijar guiños de empatía, pinzas para agarrase a la vida, desinfectante de miedos, congojas y desasosiegos varios, y artefactos variopintos por catalogar.
Llevando siempre, año tras año, dos contenedores de residuos: uno rojo para tirar las lágrimas del dolor y los suspiros que alivian, y otro amarillo para los sueños rotos que se han de volver a tejer, y que ha de manipularse con precauciones adicionales.

Ahora, cuando su bata se empapa en llanto ajeno, sabe, que nada puede ofrecer salvo la escucha y cada vez es más consciente que en ocasiones no puede, no sabe e incluso no quiere implicarse en vidas rotas, como aquella vez que le asustó la presión de esos dedos azulados, aquellos ojos inyectados en lágrimas negras y ese rictus roto en la cara de una madre. Se permitió dejar el cuerpo a su merced. Se dejó inundar de llanto la bata, la camiseta y el alma de un dolor teñido de muerte. Y tras unos segundos eternos sólo pudo decir…” cuánto lo siento “mami”. En un silencio ajeno a los ruidos de la vida.

 
La vida siguió su avance inexorable, y la vocación fue creciendo. Y pasaron los inviernos, con sus nieves y sus posteriores primaveras. Y un día de Mayo se encontró como  tutora de unos alumnos en prácticas.

Tener a estudiantes en prácticas cada curso, le enfrenta a variopintas sensaciones, y sin querer o queriendo, a inevitables reflexiones. Le  aposentan en la edad del almanaque, y le confirman que no hay manual para debutantes de la vida, que sacie  la reconocible ansiedad de tener hambre. Inevitablemente recuerda sus propias prácticas. Por eso lo sabe. La invitan a actualizarte en parámetros, conocimientos, procedimientos y guías clínicas. 
Y ahora les mira buscando en sus ipod información o consultando notas de exámenes, con la frescura de los anhelos incipientes.
Les escucha hablar de novios, de aulas y de tutores. Y sabe de qué hablan. 
Ellos ríen y sonríen a menudo. Y a ella haciendo recuento, le salen menos risas.
Ellos a veces se asustan y a ella difícilmente algo ya la impresiona.
Ellos preguntan y escuchan. Y ella les ayuda a contestarse a ellos mismos.  

Ellos se presentan tocando levemente su identificación de la Facultad y ella perdió varias, y una centrifugadora devoró alguna más.
Comparten fiambreras, mesa y botellines de agua. Alimentos y comentarios. Ampliaciones de información... u otras sustancias intangibles.

La arquitectura, como ciencia de construcción de edificios o avenidas, no es tan diferente a la enfermería.
Ella, la futura arquitecta, ha construido una catedral de luces y sombras. De vitrales luminosos y bóvedas de respiro. De criptas y silencios sedativos. Un lugar donde el ser humano se enfrenta, se resana o se investiga para seguir volando hasta intentar ser libre.

Para que, bajo las noches estrelladas, el hombre pueda seguir soñando futuros por vivir. ...mientras existan en su corazón

viernes, 16 de noviembre de 2012

Simulación de suicidio con nocilla

Tomado de " Lecturalia"

Había tramado el asesinato con calma, con poco odio y mucha parsimonia. Por un error del mancebo en la lectura de esa letra picuda del residente, la caja de pastillas contenía un potente euforizante.

Ana le pediría un calmante cualquier noche y él le ofrecería una tisana y un sueño profundo que le permitiera meterla en el coche, llevarla hasta la carretera costera y simular un suicidio. La moto yacía en el garaje para poder regresar una noche de estas, con la seguridad de olvidarse de ella y cobrar una prima del seguro que aliviase la inversión en la estúpida tienda que volatilizó el subsidio de paro y los ahorros de cinco años.

El martes llovió e hizo frío. Ella le pidió desde la cama algo para la migraña y él se permitió  el lujo de usar la jícara y llevar en la bandeja la taza humeante, unas galletas con nocilla y una pastilla blanca. Esperó hasta quedar rendido en el sofá a que Ana se durmiera, pero ésta, más lúcida y activa que nunca, halló la carta en Arial de una supuesta despedida. Con su firma estampada en bolígrafo azul.

Con el cuchillo de trinchar le degolló de un tajo, simuló un robo rompiendo una ventana del dormitorio, revolviendo cajones, dejando puertas abiertas y enseres tumbados. Cuando el efecto de la gragea cejó, sintiéndose muy cansada, se puso a dormir en su lado de la cama. La llamada del compañero de Pablo, preguntando por qué no había ido a trabajar la encontró soñando. Quedó sobresaltada al ver a su alrededor el caos del dormitorio, esos vidrios en el suelo y el frío que entraba por la ventana, pero lo que más inquietud le produjo fue el vacío al otro lado de la cama.

martes, 13 de noviembre de 2012

La prisión de los olvidos.

De Lecturalia

He dibujado tu cara, con más pena que gloria. Con un carboncillo que dormía en un plumier olvidado.
He hecho un boceto y he mirado mis manos. Mis dedos artrósicos me traicionan o los  recuerdos se me  confunden entre los verdugones de los años.

Una cara que ahora encuentro ajena, me mira desde  un bloc  Arranco el mamarracho, quedando pedacitos en la espiral metálica.  Esa espiral, tan superior, y con su vertical visión del mundo. Esa que divide la realidad de lo que sucede.
Hago un esfuerzo para sujetar con precisión los fragmentos perforados de este intento de dibujo. Para desincrustar con ellos los últimos retazos de ese recuerdo confuso.

Quedo exhausto y pensativo ante un esbozo  de ti que nada me dice, con un dolor derramando  escarcha entre las falanges y esa instantánea de dos jóvenes asomados a una noche cuajada de estrellas.

Yace en la mesa de la cocina una bola de  papel, junto a la caja de calmantes y frente a un plato de loza.
El color de una tortilla a la francesa y un olor a aceite de oliva van derramándose entre los azulejos de la prisión del olvido.



Mañana, en el café de la esquina, intentaré volver a recordarte, a recuperar las líneas de tu torso mientras cocinabas cantando... esa canción, sí esa. Que ahora no recuerdo. 

Si no lo consigo, dibujaré lo que tenga ante mí, que no serás tú. 

Porque presiento que tu fin al irte, está llegando al fin de mí. 


domingo, 11 de noviembre de 2012

Revueltos.



video



Pudiste anticipar tu regreso.
     Llamas desde el aeropuerto.
              Alego una migraña en el trabajo.
                          Veo parar un taxi en  la puerta.
                               No puedo esperar al ascensor.
                                      Bajo las escaleras de tres en tres.
                                             El porta-trajes yace en el suelo.
                                                      Nos  dejamos subir hasta la planta.
                                                           Fundidos y fusionados en un beso
                                                                  que dura algo más que el trayecto.

                             … Imbricados.
                                                              De nuevo juntos
                                                                            … y revueltos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Marina tierra adentro.



Había hecho construir un faro de treinta metros en el inmenso páramo, para poder imaginar el mar tras las ventanas de su mansión en las noches sin luna.
En los largos insomnios quedada aturdido por las ráfagas de luz intermitente que a ningún navío podrían orientar.

Esa noche se sintió más solo que nunca. Con sus escoltas, asistentes y resto de personal velando por su seguridad y cuidado, ignorantes de la órbita de sus sueños, cargados de pesadillas, sólo tuvo ganas de aullar.

Cuando el cansancio le rindió, soñó que los efluvios de las rosas del jardín delantero se filtraban por entre los resquicios de las piedras centenarias, hacían requiebros sobre los regios muebles importados y le envolvían en un aire irrespirable. Notó en sus piernas el balanceo de una cubierta. Se sintió en la proa de un crucero sin tregua que arribaba a unos arrecifes. Éstos le pedían cuentas por haber sido relegados por el brillo del poder y arañaban el casco bajo sus pies.

El aire nocturno irrumpió por la ventana enloqueciendo los cortinajes, elevando un rugido de marejada y volteando la foto de su primer posado en el velero que logró comprar tras seis años trabajando de croupier en un casino  que miraba al mar.

Despertó sudando, miró la foto y se dejó tranquilizar por el ama de llaves, quien en pocos minutos le trajo dos pastillas blancas como perlas en un plato nacarado y un vaso de agua azulada con olor a salitre y a teca recién barnizada. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Pasión por los sentidos




El sueño se desvaneció, entre la aurora de alabastro y la umbría  de los lirios en aquel pequeño lago artificial. 

El forastero, con más vocación de menestral que de poeta en ciernes, entró como un huracán de begonias por entre las rendijas de las persianas venecianas.

La aparente rudeza ante sus primeros requiebros de comadreja en huida, escondía un hálito impreciso de ternura.  Ese aliento a menta y albahaca acabó por devolver las baldosas a los suelos, las lombrices a la tierra empapada  y la fragancia a vida a los ramos de flores silvestres que siempre presidieron el escritorio. 

Éste, el escritorio heredado, despertó alborozado, preñado en sus cajones cerrados, de la maravillosa sensación de abrirse al amor. 

Se desbocaba  en un volcán de fuego y aromas de lavanda, aireando la luz de sus íntimos rincones, hasta hechizar al aire de la tarde con la fuerza de una pasión sin nombre.

Simple pasión por los sentidos..... Henchidos de compases por interpretar, en un pentagrama por escribir.

martes, 6 de noviembre de 2012

El charol de aquella piel


Entraba y salía de su vida como la señal de cobertura de telefonía en el tren paralelo a las Costas del Garraf. En los sucesivos túneles y requiebros de las vías, asomaba o se perdía el aroma a canela de los despertares de esa mujer, de color azulado en su negrura y tacto de marfilina.

De forma imprecisa, y deliberadamente indefinida, ella parecía estar hastiada, o expectante, lejana o amorosa, trémula en su voz, o dedicida y hosca en sus despedidas.

Sus labios, carnosos y dulces, dilapidando palabras para verle enloquecer, consiguieron despertar al fin el rugido de elefante recién estrenado. Ese que ahora albergada dentro de su corazón.

Esa fuerza especial, la había oído nacer casi como el abrir de un girasol,  bajo su piel sudorosa en el safari fotográfico, ante la negrura acharolada de esa esfinge. Una mujer de una belleza radial, como telaraña de sueños, irisando destellos al amanecer de la sabana.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Adivina quién soy



Día de los Difuntos. Con los ramos de flores de plástico en las tiendas de barriadas, las naturales en las floristerías, los puestos de castañas asadas en la esquinas y su corazón  a la deriva, a pesar de haber pasado dos años de tu partida. Tan súbita, tan injusta, tan dolorosamente imposible de creer. 

Nuevamente no acudiría al cementerio ese día. Ese derroche de exhibición le parecía una comedía de mal gusto. El luto no estaba en la ropa, ni el llanto en los ojos, ni la perplejidad en el parte de defunción que le dieron. 



Miró el armario y los cajones con tu ropa. Acarició tu estilográfica, los lomos de tus libros en la mesita de noche, tus gemelos  y tus apegos. 


El solitario que elegiste había sobrevivido a las tardes de lluvia, guardado en esa cajita adamascada donde había exiliado la cadencia de tus pasos por el pasillo y el arrullo de tus brazos. Al calzárselo en su dedo, te vio en un haz de luz huido de aquel brillante de talla imperfecta, como el tiempo verbal que lograsteis conjugar.



Sintió la suavidad de tus manos y ese halo de ébano cerrando sus ojos... 
-"Adivina quién soy". 

Hola y adiós

De Lecturalia

Llegó a tu vida para enquiciar tus puertas y ventanas, encalar de luz tus paredes externas, pintar con cuadros y flores tus aposentos y resanar los resquicios de las grietas quebrando el cemento gris marengo de tus insomnios. 

Llenó el aire de notas y risas entre el trasiego de tus pies sobre el suelo arlequinado.


Iluminó de sonrisas y juegos los rincones de tus silencios, estrenando sonidos entre los ecos que habían sedimentado las ausencias y nostalgias.


Pasó un tiempo, te miró despacio, se colgó del alfeizar de tu vida e igual que llegó, con su consigna clara en su hoja de ruta, cuando te oyó reír, simplemente... se fue.