lunes, 3 de diciembre de 2012

Juegos de Alicia para un tablero encantado

Tomado de Google.


Una mesa exponía los tesoros de una caja. Las ocas del juego  se aliaron con los colores del parchís y con las circunferencias negras y blancas de otro juego.

Unos caballos circulaban libres, acompañados por damas peripuestas ante unas torres engalanadas, que circunspectas vigilaban desde las cuatro esquinas de la superficie de madera. Observaban que las damas y los alfiles  jugaban a la gallinita ciega con la reina blanca, mientras un rey cejijunto se enrocaba tras un peón negro, marimandón y soberbio, que le plantaba cara. 

De debajo de un puente, salió una oca embravecida que mordía al pobre rey, quien, en jaque de dimitir, se resbalaba y caía cuan largo era. Al lado del puente, una casilla numerada  era conquistada, y una ficha verde, decía que se comía a una roja que allí estaba tranquila, y luego le daba por contar veinte, en cantinela infantil. 

El rojo, par y pasa, hacía ganar a la banca. Un número veinte, en el diminuto casillero de una ruleta ágil, dejaba espacio a una esfera reluciente, que se depositaba a dormir. El sonido metálico trajo a colación los risueños hoteles de la calle Serrano del monopoly, y un alfil empezó a desfilar por la estación de Atocha, vestido de noche y a la luz de una sombras chinescas sobre la pared de la sala.

En el tablero arlequinado, sin querer, la reina negra empujó a un peón blanco y éste cayó sobre una ficha de dama olvidada  en el cajoncillo de la muerte, y…Vuelta a empezar!!. La oca grande del centro de un tablero con espiral de dibujos, se pavoneaba,  se carcajeaba mientras una ficha, atascada en el pozo, pedía a gritos  salir de allí. Mirando hacia el cielo en su ruego, le cayó encima el rey blanco, quien al caer al pozo, quiso contraatacar ese jaque, cantando un aria, contando veinte y deseando cantarle a alguien las cuarenta. 

Y así, de dado a dado y tirando porque les había tocado, los peones se iban durmiendo, en espera de un rey, o de una reina, o de un triste caballo que tuviera a bien regresarles a la parada de  un Metro, donde una mujer estaba sentada, mirando la caja de los  Juegos reunidos Geyper, de cuando era pequeña.

Alicia se despertó, por el sonido del convoy que llegaba a la parada del metro de Plaza del Sol. Y de oca a oca, mediante un transbordo al caso, sin puentes que llevasen las corrientes, llegaba al albergue donde dejar la caja de su niñez, teñida de puros juegos de mesa que alimentaban las tardes de invierno. 

2 comentarios:

  1. En este juego que es la vida, no hay como compartir experiencias ajenas. Salir de la rutina aunque sea a empujones, y empatizar con las vidas de los demás.
    De beso en beso y abrazo porque me toca.

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    1. De oca a o, y cuento veinte. Recorro las casillas a la pata coja, siguiendo una espiral cargada de trampas y premios.
      Con las fichas vecinas entablamos una competición donde nos saludamos más de una vez, y en resumidas cuentas, las cuentas acaban. Alguna ficha llega a la meta, sin vencidos ni derrotados, sólo compañeros del juego de la vida.

      De abrazos y mazos de cartas, buenas cartas manuscritas, vamos bien servidos. Sin descartes. Uno de grande, como el as de picas.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.