jueves, 31 de enero de 2013

Soneto de manzanas en el valle.



Yo cabalgo la savia de tu cuerpo,
como bajo una lluvia de amapolas.
Dejando atrás el frío que me devora,
entre témpanos grises de otros puertos.

Decid a las manzanas de los valles
que se ha roto la luna de mis sueños.
Esos de sangre, musgo, agua y huerto.
Los que yo destejía por las tardes.

Diseco mariposas incendiarias
Huidas de antiguos aposentos
Para adornar el aire que reclaman.

Dejo baldíos, por llenos, los recuerdos,
de amaneceres secos en al alma,
trastocando la luz... en alimento.



Bajando o subiendo.


Desgrano hojas de amapolas.
Como mis miedos.
Como tus olvidos.

Me agarro al hilo de una cometa, con todos los colores que existen y los que invento, y me dejo atrapar por el viento suave que acompasa mis latidos.

Y así como sin querer, vuelo entre las nubes, pero queriendo.

martes, 29 de enero de 2013

Guisando pollo de corral.


Estoy haciendo un aliño para unas pechugas de pollo. Lo llaman “pollastre de potes blaves”. Sólo ha comido maíz. Y el gallinero, con su cerca de alambre, lo ha compartido de mil amores con sus hermanas y el gallo Pep.

He encontrado una receta en el fondo de un armario de cocina de la masía que hemos de restaurar.

El delantal azul, con sus fresitas anda esquivo para conmigo. Se me ha desatado dos veces y enganchado con el pico de un cajón en retirada.

Me pongo las gafas de cerca. Y sigo con el aliño. Saco de la ventana el medio litro de olas azules y de la alacena, los huevos. Separo con cuidado las yemas de las claras y subo a punto de nieve cinco de ellas. Tan claras que se me antojan nieve.  Y dejo aparte el bol,  como un merengue ahíto de blanca luna.

Sobre el agua se han de extender dos ramitas de canela. Y mis dedos al deshacer los rollitos se ríen contra el borde de la fuente de azulada piscina. El pellizco de luz lo tengo en un ramillete, en la terraza, junto a  los ajos trenzados y la miel en flor.  

Me dispongo a poner las pechugas fileteadas en la fuente de cerámica y unas burbujitas emprenden un juego con el aire formando una pecera de azulada superficie, quebrada de millones de arco-iris. Dejo que aterricen con cuidado, y sin pecado, en ese mar de esencias. Las claras batidas, de un impoluto blanco risueño, se apresuran a cubrir la alberca de los sueños.

La miel me espera, para endulzar la hogaza de pan que degustaré mientras espero el tiempo pasar. Pasando del reloj de las esperas.


lunes, 28 de enero de 2013

Desovillando.








Te regreso el sacrificio.
Te rescato de las dudas.
Te desempeño las culpas.
Te redimo de artificios.

Desovillando tu voz de hombre.
Desorientando a los relojes.
Escuchando a  imperativos…
de normas, de besos, de orden.
Aclimatando los latidos…
que engendraste con tu nombre.

jueves, 24 de enero de 2013

Cuentos para ser feliz


video



Voy a plantar mi carpa de mar
en la plaza, entre arrecifes
de olor a  algas y a realidad.

Quiero un desayuno con perdices,
y entonar el  grito de libertad
del mejor... de los finales felices.

Pero mirando al mar. 

miércoles, 23 de enero de 2013

Cayendo en la tentación, sin pecado.



Emprendo la jornada  con el registro de tu voz aún resonado desde la calle, entre el sedán y las margaritas que adornan el zaguán.
Tu voz se transforma, y me transforma cuando modulas con ella el único sonido que mi corazón corrobora como cierto. No inventado, ni impostado. Ese que con tu “ciao amor”, justo antes de salir por la verja y justo después de enviarme un beso con tu mano danzarina, acomodan mis ojos a la luz que asoma entre las casas y el sauce que nuestro vecino adorna.

Te veo entonces, con la mano a la altura del pecho, dejando ir un beso más tras tu sonrisa. Y ese beso revolotea en el aire mientras las luces de las farolas se apagan, y pone el punto y seguido de mi día.

El margen del reloj, acomodado a mi voz que tararea, me permite hacer los gestos cotidianos para echarme al mundo.

Acompasados, los minutos se acoplan al cajón de la ropa interior , llevando a mis dedos los fragmentos de tus manos por la orografía de mi piel.

Con el sujetador acoto mis colinas, que aún rescatan el olor de tu colonia, y con las medias recorro los caminos recorridos por ti, sabiendo que mi epidermis anda cautiva de tus manos de chelista.

Con el foulard a su albedrío, cierro la puerta, y ya cercana la hora de enfrentarme al tráfico y los vaivenes del trabajo, sonrío al salir de la cochera.

El día lo daremos por acabado, cuando entre ensaladas y colores de alegres vegetales, llegue la hora de preparar la cena y nos dejemos caer en la tentación de caer en ella.  
Sin pecado y sin medida.  

martes, 22 de enero de 2013

Tutoría en azules manantiales.

De la página de gemología http://www.gemstone.org/index.php?option=com_content&view=article&id=168&Itemid=14

El tutor del niño tenía ademanes de tenor y mirada de poeta.
Explicaba el retraimiento observado el último trimestre y deseaba saber si había motivos para el deterioro del rendimiento escolar de Edi.

Ella, sentada en el filo de la silla, afirmaba la ausencia de cambios en la casa, en los horarios, en las normas y las relación de la familia. 
Aparentemente no había motivos para variaciones en el comportamiento del joven, de natural guasón y adentrado ahora en unos dieciséis exuberantes años destapando tapas de anhelos hirviendo en una olla a presión sin válvula.

Quedaron en contactar ante cualquier aspecto. Y así, de esa estúpida manera iniciaron una relación de llamadas telefónicas y entrevistas en el despacho escolar.

Cada uno encontró en el otro la lectura de sus propios pensamientos. Tanto, que pudieron examinarlos del derecho y del revés, darles la vuelta cual calcetín y acabar enroscados en un espiral centrípeta.

Girando como en un chotis, sin salirse de una baldosa de risas enquistadas en las rutinas que les atenazaban, lograron inventar múltiples formas de un azul encendido en lapislázuli de soplos de tulipanes disfrazados de amapolas azules, en estado larvario. Esas, que tal vez no llegasen a eclosionar jamás.

domingo, 20 de enero de 2013

Suerte de quita y pon.


Tomado de Google
                                                     
                                             Felicidad
Soñando.  Uniendo     Esfuerzos,       Retales    y    Telas   Estampadas.
                                             Atesorando
                                             Candilejas.
                                             Acumuló
                                             Sinsabores  y
                                             Olvidos






                              
                     Terciopelo.
                     Risas.
                  Ilusiones.                           
Sonrisa.        Un     Encuentro      Regando      Trazos         Esperanzados.
                 Noviazgo,                
                 Felicidad,        
                 Oro en la alianza.
                                     

sábado, 19 de enero de 2013

Mirada azul

De Google. De la Película "El lago azul" 


Se sentó en una roca. En la ribera de un lago azul como los ojos de ese gato disfrazado de muñeca, el que con toda la paciencia se dejaba vestir por la hija menor. La niña de sus ojos.

Mirando el agua supo con exactitud la profundidad de sus aguas, como recitado por una sirena evocadora y sutil en su tono de voz. Dulcemente escuchó una cifra y en su mente se disparó una alarma, provocando un relámpago de lucidez cegadora.

Supo que era la misma profundidad que su error de cálculo al dibujar con un lápiz de grafito, con goma de borrar al  extremo, la risa de la cara en su boceto de Eva o de Luis.

El aire se hizo brisa, meció unas hojas de un haya cercano, recorrió las corolas de las gencianas bávaras y esos puntos azulados se asombraron con el sol que lucía entre unas nubes de algodón de azúcar ante su vista.

Recorrió el camino hasta su Volkswagen sedán del 68 y sonrió al escuchar el motor con su sonido peculiar. Tan viejo como los recuerdos que asomaban de su propia infancia, que había guardado en el baúl de sus noches, de donde sacó, renovada, la escena de un infante pintando con boli azul un gato con botas, sombrero y florete.

Llegó a su casa, besó a la niña, y subió al despacho, apresurándose a borrar la boca de su boceto en carboncillo de un rostro, que la ausencia había teñido de supuesta realidad.

La libreta contenía una sola hoja de papel “guarro”, donde cada noche esbozada un rostro o un torso de hombre o de mujer, y que cada mañana borraba con un borrador blanco con olor a nata Milán, para emprender otra forma.

Cargando entre sus dedos, el mismo anhelo que abrigaba las tardes  de su infancia. 

Aquellas en las que el olor a borrador de felpa, tiza y pegamento en barra, eran el aroma que bañaba las trenzas, o las botas Gorila de algún chaval o cría del mismo pupitre, en la escuela de su frío paisaje invernal.   

Soñando Cock tail en Macondo






Vídeo para este relato: http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=EzMVqkYlKJw

Se había dejado resbalar,  revolviéndose como tirabuzón, por el tobogán de la libertad y los excesos. Aterrizando  en las burbujas secretas de los ingredientes más difíciles de combinar, cerró los ojos al escuchar en la radio del campamento un pasodoble que oyera siempre en la cocina de su infancia.

Entre los vapores de la miscelánea de ron con frutos varios, se adentraba en la bodega de un bajel inglés, donde reposaban las barricas de licores, bien tapadas con cola. Unos piratas, bandidos, o corsarios, apuraban los restos de diversas barricas juntando sus ingredientes en una jarra que le ofrecían entre juramentos y parches de ojos.  Él bebía con ellos esos mejunjes declamando, con voz de trueno, un poema para Elisa, que salía rimado y de métrica perfecta desde la profundidad de su corazón de polizonte.

Había huido de sus trenzas, de su inmenso ego y su carmín de quita y pon. Sabía que había tomado un pasaje hacia la aventura con una mochila de cachivaches, dos mudas y tres doblones de oro ocultos en sus botas de siete leguas.

En su sueño subía a cubierta y vagaba por ella, empapada de agua y esputos, olor a algas y tocino rancio. Sujetado al palo del trinquete, hacía dibujos con las estrellas y al fin se quedaba dormido abrazado a la caja de madera que contenía los incunables que robaran en un abordaje previo.

Le despertó el canto de amor de los monos aulladores rojos y  la inacabable sinfonía de la lluvia machacona sobre la Uralita que cobijaba  las sierras eléctricas. Le vimos darse media vuelta bajo las mosquitera. Sabemos lo importante que es para él, seguir soñando.

jueves, 17 de enero de 2013

Geometría.

Gentileza de laska



Sólo durante el invierno, ante el calor que le resguarda del frío de las aceras heladas, se permitía sonreír de forma cóncava. Sin saberlo, iba en busca de un beso perfecto.

Aunque ni él era consciente, esperaba encontrar unos labios convexos. Esos que permitieran que la geometría triunfara sobre la sinrazón que el corazón conoce. Porque la razón había sido embaucada por la lógica, en cada grado del ángulo de aquel triángulo equilátero. 

miércoles, 16 de enero de 2013

Crema de virutas de einhorn

Gentileza de flyngteacher


Me despertó el frío de la noche invernal con su sonido a viento entre las rendijas de mi persiana y de tus ojos tibios. Esos que ahora me miran, aún en estado de despegue. Con mi delantal de fresas, en la cocina. Entre fogones de almizcle y posos de una noche sin pausa entre envites de amor y einhorns de Enero entre los abetos del bosquecillo.

¿Y tú me preguntas que qué preparo?..
- Una crema de flor de calabaza y pétalos de rosas.
¿Qué más podría decirte?

Mientras dormías aún, recogí del congelador los pétalos de aquellas rosas que me regalaste por mi cumpleaños. Salí luego al huerto y corté con alicates de dulzura dos hojas de calabaza rociadas por el hielo de este invierno en los paisajes y primavera en flor de nuestros brazos.

Me esmeré en cortar en dados diminutos pétalos y pistilos, dejé reposar el caldo de virutas de cuerno de unicornio y cabellos de cronopios, y ahora hago un sofrito de besos y copos de nieve, a fuego de levísima ignición, para que la base del caldo deje ir las propiedades y vitaminas de cada componente del desayuno.

Cuando me alzas en tus brazos, crujen las maderas con tus termitas derrotadas, se desbordan los aromas entre las paredes de azulejos de trencadís y Dog mueve la cola avisando que el hervor está punto de producir una inundación de besos por toda la cocina. 

El desayuno de amor invernal, entre cremas de vegetales henchidos de amor, nos lleva a apagar el fuego de los fogones, abriendo las espitas de nuestros corazones sedientos de piel y olas en busca de un suave aterrizaje lamiendo la playa de nuestros deseos cumplidos.


lunes, 14 de enero de 2013

Eva derrochando luz.


Siempre sostuvo ser de natural enamoradizo, alegre de modo propio y con un ligero déficit auditivo que conllevó más de una situación incómoda y unas docenas de jocosas.

Cuando Eva entró en su vida, las palomas se mudaron del granero, porque ella llenaba el aire de gritos desaforados que inundaban primero su boca, luego su vientre y acababa desbordándose por toda la casa, el viejo establo y hasta el bosquecillo circundante, a cualquier hora. Cuando los pequeños alaridos de Juan se unían al vaivén de sus acordes venusianos, el sosiego de las ramas se quebrantaba, las hojas se enrojecían y las avutardas salían en busca de acomodo entre sus alas y una quietud imposible, conformando nidos de equilibristas cada vez más lejos de la masía, y de la vida exultante que Eva dejaba ir en amorosos cantos a la muerte por vivir.

Los idus de Marzo se llevaron a Eva por donde había llegado, esa carretera secundaria de un valle perdido en Ourense, y él emprendió la afición de coleccionar piropos. Llorando quedo.
Por atraer a la luna a su rincón encantado del cuarto de arriba, para cobijarla entre la niebla verde  pasto, que olía a cielo azul en su agonía.

Llegó María. Por la misma carretera comarcal sin asfalto ni salida. María de sus pecados y sus absoluciones, con sus ojos azules y místicos de novela post-romántica. Su rotundidad a la hora de evocar con desdén los arrumacos más suaves y tiernos, le llevó en volandas a paraísos prohibidos de aroma a mar sin arrecifes ni corales. Sin brisa ni levedad de olas antes de atracar en muelle inventado de fuego y llamas.

María de Todos los Santos Pecadores, María cual meretriz sin alcancía, María destrozando las colchas en sus juegos sin cortapisas, sin poder impedir que Juan buscase a Eva tras sus pestañas y su cintura. Persiguiendo la locura de escapar para escaparse de un abrazo opresivo que le devoraba sin medida. 

Es que salió el sol. Hoy también


Quisiera hablar de fe y de sosiego, de entrega y recepción. De los inmensos fracasos y de las grandes lecciones.

Pero ha amanecido. Con crayones y folios de colores. Y buscando en el centro del centro de mi centro encuentro la mirada que quiero dar a mis ojos. En mi nariz los aromas que deseo oler y en la boca las palabras que me gusta declamar.
Introspección e introversión. De ensayos prueba-error. Sin ciencia matemática. De búsquedas y encuentros, de dudas y de certezas.

Los sabores, las risas, los platos de autor sin estrellas y los postres primorosos me adentran en la luz. Salen y entran manos, caricias del inconsciente y oigo el estupor que siento alegre en su lamer de mis entrañas. Nace y crece la incertidumbre de ser algo más que materia pura y dura. De que soy algo más que átomos y moléculas con enlaces químicos inamovibles y previsibles. Me alimenta la cosquilla de la duda de que algo me alimenta más atrás de un espejo, eso que una cámara no capta, ni aparato alguno mide.

Despierta la mañana entre pinos y césped, sonidos y silencio, relax y alborozado  afán por seguir viva.

Las aves saludan al nuevo día,  los tintineos de algún vaso en la cocina, el aroma a café y promesas. Despiertan olores a pino del fregasuelos, de cera abrillantadora de muebles y el dulce, íntimo aroma de hierba recién cortada en una sinfonía que ilumina el horizonte en derroches de luz, iluminando piedras y maderas, suelos y esperanzas.

Late, viva ya, la larva del día que estreno hoy en mi corazón sediento, que se apresta a buscar el enchufe donde el hipotálamo reciba la energía renovable de mi alma, al amanecer de este, y el otro, y el otro…nuevo día.

sábado, 12 de enero de 2013

Sus cuarenta y diez.

La cifra que había de cambiar la década, le sacudió en la cerviz al sonar el despertador.

Cuando fue un cuatro  quien marcó la decena previa, sintió que lo más impactante de su vida, casi con certeza, lo había emprendido ya. Con las fuerza intactas, los hijos aún bajo su capa española , un trabajo para desarrollar  en velocidad de crucero y el espejo recordando que lo mejor de sus musculación seguía intacto y que ni una cana deslucía su cabello negro rizado.

Ahora, con el cinco robando el lugar de cuatro, se miró en el mismo espejo, con unas gafas de un mayor aumento, pero de menor alegría.

El cabello clareaba por la coronilla y las canas debutaban ya en la barba tras arrasar las sienes.
El abdomen quería emprender una marcha hacia otra talla y hacia un perfil con aspecto de cinco gestante. 

Dobló las rodillas al salir de la bañera y un clic amenizó el movimiento de una de ellas.
Se ató los cordones de los zapatos notando por primera vez una presión en el dedo pulgar del pie derecho y se abrochó el cinturón sobre la camisa de cuello con botones. Y fue consciente de la dificultad de encajar los ojales diminutos, sin dejar que la corbata se acomodase como a los treinta. 

Eva dormía, como siempre a las siete, con su cara de niña, soñando azaleas y ventanas mirando al mar. Se sentó y acarició de nuevo el perfil de su cara contra la almohada de su juventud inconclusa, oyéndola rehogar una sonrisa, arqueando la pelvis, desperezando el aire, iluminando el cuarto y la mañana.
Se le abrazó al cuello, colgándose de él con un beso de fuego y luz  devolviendo en un instante, la intensa sensación de que la vida no podía herirle.

Le devolvía intacta la certeza de un eterno amor sobre las aguas movedizas de una arena de mar, que estaba por descubrir aún la derrota de su destino.

Tiñendo de azul índigo su piel con aromas de anhelos y de mar, como sirena sin escamas y cabellos de  vientos por descubrir. Esa melena sin trenzas, ni diademas, ni abalorios para sujetar su color anaranjado entre rizos de amanecer en flor. Sin fecha de caducidad.


miércoles, 9 de enero de 2013

En la rebotica de las recetas.


Puso en el diminuto mortero dos dracmas de chocolate, tres pizcas de esencia a rosas y dos dientes de león bien trinchaditos.

Con el pistilo de vidrio y quebrantando todas las promesas y juramentos hipocráticos, obtuvo una pasta anaranjada que dejó reposar. 

Permitiendo que el oxígeno y el tiempo hiciera su tarea, se tomó un baño de hinojo y salvia, entonó un aria y salteó de sonrisas los azulejos del baño. Con un albornoz a sotavento de un mandil con bolsillo de quita y pon, siguió la segunda parte de la receta.

Tenía que buscar el punto justo de cocción. Ese almíbar ambarino estaba destinado a llegar a la temperatura adecuada. Calentó un mechero de alcohol,  y con una cucharilla de plata fue removiendo hasta que un aroma intenso se desprendió, quebrantando los latidos de todos los habitantes del bloque siete.

Cuando miró a través de la gota a punto de hebra fina entre su índice y su pulgar, contempló a través de ella, la perfección de Eva desnuda, entrando a la cocina.


lunes, 7 de enero de 2013

Circuitos de la tarde

Anclando la cabeza en tu antebrazo, empezaste a dibujarme.
Tus dedos recorrieron mi labios ya huérfanos de carmín.
Seguiste el trazo de mi mentón, perfilaste unos párpados cerrados,
rodeaste  mis lóbulos y mis pendientes, perfilaste luego mi nariz.

Las manos se tocaron, las pieles se encontraron levantando anhelos
y la tarde se fue desgranando en caracolas, en olas de suspiros,
dejando aparcadas las farolas de todos los olvidos,
tomando la ruta sesenta y uno de este a oeste del ocaso,
saltaron mil esquirlas por los aires, dinamitando las compuertas.
Sentimos las hormigas recorriéndonos los pies de sur a norte,
y hasta la pálida luna hizo extraños aspavientos
cuando las amapolas voladoras emprendieron el vuelo,
al dejarnos resbalar por las auroras de un rayo en el silencio.

Calmados se apaciguaron nuestros pulsos, salimos de la mar,
mojados, sin ver que los coches seguían su prisa... por llegar.

domingo, 6 de enero de 2013

Reyes para un personaje inventado.



Los Reyes trajeron al viajero de la pantalla una caja de mediano tamaño con un enorme lazo de fantasía y aromas a flan reposando.
Algo nervioso, con sus dedos expertos en Mercados y primas de riesgo, leyó la caligrafía abultada de SS MM los Reyes Magos. Koppy. Resiguió el trazo hecho con lentejuelas de cera de un lacre. Rojo rotundo, como una tinta henchida de sangre. Intensamente viva.

La caja contenía una bola de paciencia (una esfera pulida, brillante y sonora al agitarla), una barra de chocolate con fresas, dibujos en flor para endulzar las horas, y un barco por montar.

Era al estilo playmobil, con piezas sin numerar. Para armar con calma y tiento. 

Tenía tiempo para montarlo, ajustar los encajes, colocar la arboladura, instalar el velamen y cuadrar todas las piezas.

Sabía que el viaje en la bañera del mar azul infinito sería largo, como cualquier viaje que se precie. 

En bolsitas transparentes venían, por lado, los personajes de sus sueños, y por otro, incontables pelucas y una ingente cantidad de atavíos y enseres. Ellos parecían los amigos de los cuentos infantiles, que ahora se llamaban de mil formas. Como él mismo. 
Jugó a poner los elementos diferenciadores. Llegó a formar una docena de muñecos totalmente ataviados completamente,  a los que bautizó con un alias. 

La hora de ponerse al ordenador le encontró aun armando el barco del viaje virtual de su Itaca particular. La vida, se había asomado al balcón en la noche de su infancia, un año más.

“Veamos...esta polea....”- dijo. Mientras mordisqueaba un carbón gris, de azúcar, con el inconfundible sabor a inocencia perdida.

sábado, 5 de enero de 2013

Relaciones virtuales, juegos al fin

Foto tomada de Internet

Juan quería permanecer en ese vacío tan lleno de actividades trepidantes, aún  carente  de calor nocturno. Descubrió en una red social un enorme tráfico de usuarios, y una tarde, de forma natural, y sin intención previa alguna, comenzó a comunicarse en mensajes privados con una mujer amarrada a la foto de una flor de lis.   
Resultó ser demasiado joven, extremadamente visceral y nada dada a conversaciones de calado reflexivo. No llegó a darle ningún dato personal, ni contempló opción de comunicación más cercano, ni más natural. Con ese primer experimento, no obstante, se le despertaron las ganas de mantener contactos con mujeres, de esa forma  anónima y exclusivamente  en forma virtual.

Los meses dejando aterrizar a otras usuarias, por  el mismo sendero de sus inmensas ganas de comunicarse y su nula capacidad para un cuerpo a cuerpo. Descubrió también que darse de alta en una dirección de mail para cada una, era una forma de dar visos de realidad a las relaciones virtuales.

Las hojas del calendario siguieron su deshojar paulatino e implacable. Las usuarias aparecían, él contactaba con dosis de humor ascendente y frases caducadas. Veía con agrado cómo podía mantener una relación ficticia de amistad especial y única con cada una. Cuando acababa la partida, ellas conservaban un mail y en algunos casos hasta un número de teléfono de un solo uso, comprado para la ocasión, en la sección de telefonía de un Carrefour cercano. Ambos nexos eran dados de baja, ya que eran configurados o contratados al efecto para cada una de ellas.

Como a veces los cálculos de movimientos se tuercen por factores imprevistos, llegó a la red un día una mujer, que se prestó a escucharle en las reflexiones  gestadas en su soledad. 

Los relojes sufrieron una avería, los trayectos neurológicos se trenzaron como cables mal dispuestos y la mente analítica de Juan tropezó con su deseo de esquivar lo imponderable.  

Cometió un error, uno sólo. En un céntrico café, con más curiosidad que deseo de cambiar nada en su forma de operar, se vio sentado con un diario deportivo en la mano. Descubrió, sorprendido, que lo virtual se había escapado del tablero: una dama avanzaba por la diagonal blanca. 

Entre una densa neblina resonó, inequívoca, la frase que él solía pronunciar: jaque mate. 

Ahora él la imagina jugando en partidas de mayor nivel de dificultad, y sólo desea que esa alumna aplicada no se cruce en los sesenta y cuatro cuadrados de baldosas que le quedan por vivir.


viernes, 4 de enero de 2013

Niña perdida y encontrada


Se perdió entre hojas de marihuana y sándalo en flor. Rojiza, entre la espesura de su anunciado verdor.

En la penumbra de su alma herida dilapidó sus quince años en avatares confusos de recordar.
Los dispuso en una raya de ansia y amargura cabalgando a lomos de una aventura por domesticar.
En la huida se deslizó al lado más negro, al más oscuro de su razón. Aún inconclusa. Por su edad.


Por emerger entre sus faldas de lino y los rojos collares de coral, por un amor malherido, simplemente se dejó caer.

Hoy, con la mirada repescada de entre las nubes que dejó atrás, me aferro a su imagen de rubia y pálida inocencia.

Esa niña, de estraperlo, anidó en mi corazón. Y ahora que es una mujer, no la volveré a dejar escapar. 


miércoles, 2 de enero de 2013

Tatuaje en tinta china.


Tarde o temprano sabrá que perdura
la tinta que tatuó con su escritura,

de terciopelo y satén las madrugadas
de una piel con aroma a desbandada.

Entonces, temprano, los espejos,
fijarán con tinta china los recuerdos.

Entonces, tarde, y perdidas en sueños
las palabras le llevarán muy lejos.

...a aquella frase en la piel de una mujer.