martes, 29 de enero de 2013

Guisando pollo de corral.


Estoy haciendo un aliño para unas pechugas de pollo. Lo llaman “pollastre de potes blaves”. Sólo ha comido maíz. Y el gallinero, con su cerca de alambre, lo ha compartido de mil amores con sus hermanas y el gallo Pep.

He encontrado una receta en el fondo de un armario de cocina de la masía que hemos de restaurar.

El delantal azul, con sus fresitas anda esquivo para conmigo. Se me ha desatado dos veces y enganchado con el pico de un cajón en retirada.

Me pongo las gafas de cerca. Y sigo con el aliño. Saco de la ventana el medio litro de olas azules y de la alacena, los huevos. Separo con cuidado las yemas de las claras y subo a punto de nieve cinco de ellas. Tan claras que se me antojan nieve.  Y dejo aparte el bol,  como un merengue ahíto de blanca luna.

Sobre el agua se han de extender dos ramitas de canela. Y mis dedos al deshacer los rollitos se ríen contra el borde de la fuente de azulada piscina. El pellizco de luz lo tengo en un ramillete, en la terraza, junto a  los ajos trenzados y la miel en flor.  

Me dispongo a poner las pechugas fileteadas en la fuente de cerámica y unas burbujitas emprenden un juego con el aire formando una pecera de azulada superficie, quebrada de millones de arco-iris. Dejo que aterricen con cuidado, y sin pecado, en ese mar de esencias. Las claras batidas, de un impoluto blanco risueño, se apresuran a cubrir la alberca de los sueños.

La miel me espera, para endulzar la hogaza de pan que degustaré mientras espero el tiempo pasar. Pasando del reloj de las esperas.


6 comentarios:

  1. Debe estar riquísimo.
    Al reloj de las esperas no hay que hacerle caso.
    No vale la pena.

    Besos.

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    1. Acabé de rebozar en pan rallado y albahaca la pechuga. El plato está por lavar pero parece inmaculado. No te puedo negar que estaba de chef. Ello justifica que no quedasen ni rastros en él.

      El reloj de las esperas se cayó del gancho. Y en descuido, la perra se lo llevó. Creo que lo enterró, pero no sé por dónde del jardím.

      Un abrazo

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  2. Observo que te gusta la comida Albada, pero más que eso, eres una espectadora fiel y atenta a sus aromas y sus formas de hacer.

    Porque acabo de cenar, que si no ....voy y me lo como todo.

    Al reloj de las esperas hay que untarlo en azúcar glass y dejas que sus manecillas se atasquen. Un besote.

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    1. Es que salió de verdad exquisito Laura. Lamento decirte que no quedó nada de nada.

      La peritá enterró le reloj de las espera. Pero no me desespero, porque bajo tierra, con la maquinaria oxidada por el invierno húmedo...prefiero guiarme con el reloj de sol que instalé en mi muñeca derecha. Con un palo de un polo.

      Un abrazo.

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  3. Avísame cuando publiques tu libro de cocina. Me interesan sobre todo los capítulos dedicados a la preparación de los sueños, la textura de la luz y la cocción a fuego lento del tiempo.
    Como siempre, espléndido. Abrazo fuerte

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    1. El libro no sé, pero voy acumulando recetas para no dormir, como cuentas de rosario que no sé dónde llevará.

      Intuyo que a un restaurante, más que a una editorial. Pero como lo que cuenta en el cuento es el disfrute... anoto cosillas en un cuaderno. Sin prisas,y con espiral lateral. La cuadrícula se ha declarado en huelga para mi pulma, pero sigo tomando notas.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.