sábado, 5 de enero de 2013

Relaciones virtuales, juegos al fin

Foto tomada de Internet

Juan quería permanecer en ese vacío tan lleno de actividades trepidantes, aún  carente  de calor nocturno. Descubrió en una red social un enorme tráfico de usuarios, y una tarde, de forma natural, y sin intención previa alguna, comenzó a comunicarse en mensajes privados con una mujer amarrada a la foto de una flor de lis.   
Resultó ser demasiado joven, extremadamente visceral y nada dada a conversaciones de calado reflexivo. No llegó a darle ningún dato personal, ni contempló opción de comunicación más cercano, ni más natural. Con ese primer experimento, no obstante, se le despertaron las ganas de mantener contactos con mujeres, de esa forma  anónima y exclusivamente  en forma virtual.

Los meses dejando aterrizar a otras usuarias, por  el mismo sendero de sus inmensas ganas de comunicarse y su nula capacidad para un cuerpo a cuerpo. Descubrió también que darse de alta en una dirección de mail para cada una, era una forma de dar visos de realidad a las relaciones virtuales.

Las hojas del calendario siguieron su deshojar paulatino e implacable. Las usuarias aparecían, él contactaba con dosis de humor ascendente y frases caducadas. Veía con agrado cómo podía mantener una relación ficticia de amistad especial y única con cada una. Cuando acababa la partida, ellas conservaban un mail y en algunos casos hasta un número de teléfono de un solo uso, comprado para la ocasión, en la sección de telefonía de un Carrefour cercano. Ambos nexos eran dados de baja, ya que eran configurados o contratados al efecto para cada una de ellas.

Como a veces los cálculos de movimientos se tuercen por factores imprevistos, llegó a la red un día una mujer, que se prestó a escucharle en las reflexiones  gestadas en su soledad. 

Los relojes sufrieron una avería, los trayectos neurológicos se trenzaron como cables mal dispuestos y la mente analítica de Juan tropezó con su deseo de esquivar lo imponderable.  

Cometió un error, uno sólo. En un céntrico café, con más curiosidad que deseo de cambiar nada en su forma de operar, se vio sentado con un diario deportivo en la mano. Descubrió, sorprendido, que lo virtual se había escapado del tablero: una dama avanzaba por la diagonal blanca. 

Entre una densa neblina resonó, inequívoca, la frase que él solía pronunciar: jaque mate. 

Ahora él la imagina jugando en partidas de mayor nivel de dificultad, y sólo desea que esa alumna aplicada no se cruce en los sesenta y cuatro cuadrados de baldosas que le quedan por vivir.


6 comentarios:

  1. El jugador juega en todos los campos virtuales y reales.
    Interesante relato.
    Saludos.

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    1. El juego que ofrece internet, con el anonimato, es de infinitas posibilidades. Como poder, los hay que juegan a ser hombre o mujer, izquierdista o fascista...Hagan juego señores...Hagan juego.

      Muy interesante su blog. Me pasaré por él. Considere este como su casa. Es bienvenida.

      Un saludo.

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  2. Como a veces la vida misma que también puede ser un juego, no solo el mundo de internet.

    Bonito relato Albada.

    Deseo que los Reyes Magos te traigan todo lo que les hayas pedido.

    Un beso.

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    1. La vida misma quizá es un puro juego con la clara consigna de no dejarla pasar. Porque no hay otra ronda, ni otra baraja, ni más fichas que lo que trae consigo.

      Me alegra que te gustase. Los Reyes me han traído dos cajas de ilusión, una bolsita con salud y un recambio brillante de fe.

      Sin duda a ti nuevas musas y miles de abrazos.

      Uno más para ti. Un fuerte abrazo, teñido de ilusión infantil.

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  3. Paradójicamente tanta comunicación ha acabado por aislarnos.
    Vivimos en burbujas virtuales tecleando mensajes para gente que no conoceremos jamás.

    Besos.

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    1. Esta paradoja nos invita a reflexionar sobre la realidad de comunicarse. Su necesidad en el ser humano. Aún disfrazada de un anonimato, tras una pantalla. Lo que es cierto, es la enorme cantidad de imputs que recibimos y ofrecemos a personas que ni conocemos, ni conoceremos jamás. Internet es una puerta que podemos usar para abrirnos o para cerrarnos al mundo.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.