sábado, 30 de marzo de 2013

Sensaciones

Foto tomada de Internet
Abro los ojos mientras giro la cabeza, y en tus latidos se desborda el ritmo que persigue el sueño de perderse entre mis piernas y mi cintura.

Anochece tras las ventanas, mientras el galope que iniciamos sigue su curso hacia el vacío de buscarnos y la saciedad de encontrarnos.

Como dos ciegos, entre olas y vaivenes de raso azul. Nos dejarnos arrastrar por el tobogán de los espasmos que nos hieran sin dolor. Escasos ruidos. Puro y limpio encanto de mareas que lamen la playa de los remansos. Una y otra vez en busca de la línea del mar que dibuja el oleaje. 

Cuando en una dimensión no escrita, nos rendimos, se rinden las farolas, dejando que la luna alumbre la habitación de los sentidos. 

Aquella de donde no queremos salir, por permanecer una noche más, con el corazón vencido. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Llueve sobre la ciudad de los silencios




Llegaba un sonido entre metálico y acuoso, con un olor a asfalto remojado
                                                            y a hojas queriendo caer de las ramas más livianas.


Abrí el paraguas, por no ver tus ojos, mirándome. 
           Desde el sillón, con tu libro en el regazo y esas gafas sobre la nariz, 
               ese color a caramelo de tu mirada, me produjo un agujero que no pude resistir.


La ventanas resonaban con la alegría del agua en alborozo. 
                                      El silencio se había hecho brecha insondable entre  dos almas.

Bajé la persiana de mis temores y cerré, antes de salir, las contraventanas del desvencijado apeadero.
Se había hecho de noche cuando la lluvia seguía impertérrita en su melodía, y me paré en la acera.

Bajo el paraguas vi la luz que en ese momento encendías. Imaginé qué pijama te pondrías, y qué sueños te regarían, como lluvia, en las noches de luna clara, cuando descubrieras que yo ya no iba a volver.

Aún llueve en la calle, vistiendo de charcos las avenidas, con los proyectos de los pasos por andar, abriendo sendas... mojadas.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Escuchando llegar a la primavera


Gentileza de parris

Se amotinan los abrazos, los besos incendiarios, los colores de las flores, las marejadas de olas y las brisas de los lirios, para que las amapolas azules con vocación de amapolas, iluminen la noche...y las auroras
YA es primavera. Porque es día veintiuno de Marzo y hasta el Corte Inglés lo aprovecha para anunciar sus tendencias a la moda de entretiempo. Es el entretiempo de los relojes y los puntos con comas, y de los puntos seguidos.
Porque hay mariposas. Porque las flores quieren abrirse, las abejas libar polen, la sangre anda al galope, y los besos se roban.
Porque las golondrinas traen olor a espliego y regresan a sus nidos de saliva en los aleros 
Me dejo llevar por la eclosión de luz por los rincones y dejaré que la mañana me agarre por la cintura vestida de dulces sueños vividos entre campos de lavanda, porque está la primavera en flor. 
Ando escuchando el aire socarrón de todos los amaneceres aullando a vida, entre abejas retumbando juguetonas. Ando siguiendo las risas de mar, por un campo de minas de esa pradera donde duermen las rosas, con sus espinas.
Ya es primavera, y las nubes juegan con los sentidos, dando a sus formas, los contenidos.

http://lenka-21.blogspot.com.es/#!/2013/03/escuchando-llegar-la-primavera.html

jueves, 14 de marzo de 2013

Tiempos para no olvidar. Libros y terror.

Imagen de Internet


Me puesto a hojear artículos y hay una curiosidad que me ha llamado la atención. Hablo de 1933. Hablo de una noche que no se debe olvidar. Hablo de la noche del terror para los libros, los autores, la literatura, y sobre todo, la libertad.

Los autores censurados por los nazis por “antigermánicos” abarcan autores ya reconocidos , como Sigmund Freud, Karl Marx, , Ernest Hemingway, Herman Hesse, Stefan Zweig o Heinrich Heine, siendo considerados enemigos del Tercer Reich.


Esta ubicación en la época nazi se llamó La Plaza de la ópera ( Opernplatz).  Esa noche los libros fueron recogidos por los "camisas pardas" y por miembros de la Juventudes hitlerianas, para ser quemados después.

Joseph Goebbels, el Ministro Imperial de la Ilustración y Propoganda urdió la acción de hacer la enorme hoguera.


Aquella noche de Mayo, el día 10, en Berlín  la plaza de Bebelplatz cobijó un fuego que hacía arder páginas como lágrimas sobre los tiempos oscuros que se avecinaban, implacables sobre la libertad.







La casualidad había hecho que el poeta Heinrich  Heine hubiera escrito en 1817: "Allí donde se queman libros, también se acaban quemando personas". 









Acabó siendo premonitorio.  Hoy, en el centro de la plaza se puede ver una losa de cristal que tapa un cubículo rodeado de una blanca estantería vacía, cuyo tamaño sería aproximadamente las que ocuparían los libros quemados aquella noche. Unos treinta mil volúmenes.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Dragón de la aurora tibia

Imagen de Internet


Huyó del paraíso. 
Por una acequia de papeles de colores, 
rumbo a un mar de no retorno.
Sobre un barco papel.

Cuadriculado.
Imperfecto.
Húmedo y escorado.

Llegó a una isla desierta, 
donde un volcán parecía dormir
entre un intenso azul, 
de espátula pintado, 
con tibias hebras de blanca luna. 
Como paisaje de sueño, en paspartú enmarcado.

Quedó dormida sobre la arena.
Esa perlada de rayos tibios de sol en rama.
Soñó con un dragón gentil, de alas muy cortas. 
Armado de  esos dientes que disfrazaban sonrisas de caracolas.


Quiso enamorarla... 
con palabras de aroma a rosa, 
pero el fuego salió raudo, 
dejándola muda y ...absorta.


Ahora, que ha despertado, 
sabe lo que la provoca el dragón de tibio aliento. 
Ese enamorado de la aurora: tempestades de sueños por tejer
y marejadas de un fuego, que jamás creyó prendido.


viernes, 8 de marzo de 2013

Tanatorio, de ida y vuelta entre los olvidos



He dejado en el tanatorio los lazos de tu crespón. Alicaídos. Negros. Inevitablemente fríos. 

Y vuelvo a la cocina de mis sueños. Con luz y candiles para la negra oscuridad que vendrá. Pero que no esquivo. Porque el sol nace por mí cada mañana. Absurda, cruel, estúpida… tristeza. Dispendio absurdo. Gasto cruento.

Desenhebro los hilos de este cabo. Negro, blanco. Blanco y negro. Enterrando los sueños que pisaste, tú... la muerte traicionera. Pero mañana seré libre, cual las olas, atronaré las rocas de tus fríos. Muerte audaz, dueña espantosa, que me dejas sin cobijo, ante tanto desvarío.

En un tiovivo de feria ambulante, sobre un caballo de cartón piedra. Así llegaste. Vestido con tu disfraz de mosquetero. Con tu florete y tu donaire. Con ese esdrújulo y aliñado en verde y ajado sombrero. 

En la siguiente vuelta yo me bajo- Te dije. Y sin saber si sabes nada, me bajé.
Y me pregunto inquieta, qué pinto acá. Nada, tranquilamente nada- Me digo.

Paseo entre submundos y minaretes. De norte a sur de los fracasos. De este a oeste, allá en la grupa de mis sueños, descabalgada, eso sí, de entre tus brazos.

Las caracolas, buscando abrigo, llegaron a mi huerto de otoñales visos. Y cantan, como oropéndulas audaces, sin armas en sus manos, hasta que puedan barrer, para mí… tu olvido.

Leeré un "in memoriam". 
Cuánto estúpido revivir de un frío. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Hombre de espaldas a la luna

Gentileza de parris



La luna llena miraba al hombre de la silla. Leía, sin tregua, el guion no escrito de su vida. El aire de la noche llegó rauda. Esa misma que nos sube y que nos baja. Esa misma que nos trae y que nos lleva.
La noche entre los recuerdos, o nombres, o  meras huellas de playa. La noche y su hálito a soledad y descontento. La noche de la rabia.  Aquella de una gran, y la ridícula nada.
Le conté un cuento. Del “érase una vez”. Donde el cocotero de una isla inventada, se quedó sin naufragar. Entre arrecifes de playa, cautivos de la alta mar.
El hombre atribulado notó la brisa henchida de salitre y lluvia fértil. Esa cargada de vida. La brisa que moja a los pinos, con su flores, y sus abejas, y sus colores a sol, y su sabor a verano o a jazmines encendidos..
El hombre miró al horizonte, con la sombra de la luna apuntando hacia el norte de su vida. Sin vestigio de nuevas noches, ni esperanza de nuevos días.

El hombre se alzó de la silla, desentumeció las piernas,  se secó una lágrima cautiva, levantó su frente marchita, sin Gardel en la solapa, y se puso a  caminar. Por una playa sin mar.