martes, 9 de abril de 2013

Sampedro, vida de ida y vuelta o una obra sin caducidad



Se ha muerto un humanista. Se ha muerto, con un recorrido de camino largo y denso, rico y cuajado de apuntes para no olvidar.
Porque escucharle era abrir puertas a la razón, a la verdad más a allá de consigna alguna. Y más acá de la epidermis que nos encierra en islas perdidas. Y sin rumbo aparente.
Reconozco que su apoyo al movimiento 15M, su lucidez ante la forma de leer esta crisis en forma de estafa y su testimonio valiente al hablar de que hay que temer al miedo, me ha llevado a considerarle un pensador mucho más que un economista y un hombre mucho más allá que un escritor.

Pero me permito rendir homenaje a su vida a través de mi vida. De la lectura de un libro que me sacudió por dentro como un vendaval de hojas verdes, contradictoria sensación. Ese sentir en el cuerpo una lluvia densa de hojas. De un color alegre e iluminado,  en absoluto marrones, para nada caducas, sino productora de una sensación casi física de sacudida de un árbol sobre mí, que iba dejando ir, hoja tras hoja, página a página, un canto a viaje hacia sí mismo, un pasaje hacia mí misma. Un boleto de ida sin retorno, porque no he podido volver al estado de inocencia. Ni quiero.
Leí, y gocé de la madurez de “La sonrisa etrusca”, de ese renacer desde la visión de un abuelo que se abre, a través de la relación con un nieto casi extranjero, a nuevas fuentes de vida. Que redescubre dentro de sí y casi a destiempo, fuentes y manantiales de nuevas vidas. Pero lo cierto es que la lectura de “Octubre, Octubre” significó una línea divisoria en mi trayectoria lectora. Y de esa obra les quiero contar sólo un par de cosas.

Me dejé atrapar sin pretender analizar demasiado, en el juego de cajas chinas que nos propone a través de dos historias. En el mundo que construye a través de un barrio, unos personajes y el intenso poso de sabiduría que iba desprediendo la lectura, con cada paso de página.
Sentía que todo estaba contenido. Que ese mundo que proponía  a través de Miguel por un lado y Luis y Ágata contenía las claves más claras de la comprensión de la vida.
He podido releerlo y con la edad absorber más matices en cada lectura, porque es una obra de madurez de una pluma, que huele a paisaje y olmos, a quiosco y paseos, a reposo y música. A viaje a Itaca hacia el interior de la esencia. A ese viaje que no tiene fin, porque cada día parte de un punto más allá pero más cerca.

Para mí, tras Cien años de soledad, que reconozco que siempre tiene un hueco en mi mesita de noche, es el libro que no acabo de acabar porque siempre me muestra pigmentos nuevos, como un cuadro al que tengo en especial estima, y que seguramente conozcan todos, ese que duerme siempre en vela, en El Prado.

Está ubicado en dos tiempos, en dos cuerpos de lectura. Uno situado en la década de los setenta en Los Papeles de Miguel y en los años 61-62 en Quartel de Palacio. En el primero Miguel nos hace viajar por el mundo de ese escritor que quiere conocerse a sí mismo, y en el segundo, nos ofrece la historia de una pareja  buscando en un paisaje de barrio, un amor sublime que les vista de una suerte de magia que les ampare de la sordidez de la vida que ha tocado en suerte.

Recomiendo su lectura, sin prisas. Desde una luz  sin prejuicios, sin expectativas previas y sin deseos de llegar a ningún sitio, como un paseo en una tarde de primavera, abierta a cualquier camino entre árboles meciéndose.
Para el crítico Luis Blanco Vila, esta novela es …“un gran friso en el que se puede estudiar la mejor novelística española del siglo XX. Tiene la densidad de un Joyce, la minuciosidad de un Thomas Mann o un Proust; la riqueza argumental de Baroja, el colorido de un Cela (en La Colmena, por ejemplo) y el plasticismo de un Barea en “La forja de un rebelde”.

8 comentarios:

  1. Descanse en paz el maestro.
    Un abrazo.

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    1. Un maestro de vida, no sólo de literatura. Eso a veces es más valioso que un Nobel, y no quería recordar a nadie en particular.

      Un abrazo, Macondo.

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  2. Hoy emiten en canal plus una entrevista con él, dentro de la serie Epílogo.
    Son entrevistas que sólo se emiten una vez ha fallecido el entrevistado.
    Seguro que vale la pena.

    Besos.

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    1. Gracais por la información. He visto algunas de ellas, y todas me dejan el mismo sabor a "no me canso", a " quiero más"...

      Siempre valdrá la pena una relectura de su obra, o de sus reflexines tan lúcidas.

      Un abrazo.

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  3. Algunos lo conocimos en sus libros de teoría económica en la uni, luego descubrimos su universo literario en Octubre, octubre. Más tarde, su compromiso personal con la vida en su quehacer público, su visión de los puentes humanos en La sonrisa etrusca, y finalmente su honestidad y su integridad social en la última etapa.
    Dignidad, es la palabra para alguien así.

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    1. Esos seres humanos tocados por la luz de la razón, son esos que como profesores, encandilan a los pupilos, como escritores deslumbran o alumbran las mentes,y en definitiva, aquellos que durante toda su vida imparten la mejor clase magistral:su ejemplo

      Un abrazo.

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  4. Un maestro, en todo el esplendor de la palabra, gracias por cómo lo muestras.
    Un abrazo.

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    1. Gracias a ti, por acercar tu lectura atenta, que siempre es tan generosa.

      Sólo los grandes hombres pueden pasar por la vida dejando la fragancia de un estilo que nos devuelve el orgullo de formar parte de este planeta. Recóndito, pequeño, y azul, como algunas piezas de música iluminando el cielo de nuestra vista.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.