jueves, 9 de mayo de 2013

De amapolas en el pelo, a telarañas al sol



Y me viste.
Y te vi.

Por entre la luz que atemperaba mi frío.
Entre hojas de rocío, temblando, me viste.

Por las rendijas del fuego que derramaba tu boca,
entre viejas consignas derrochadas en pasado, te vi.

Y me besaste
Y te besé.

Cuando la aurora despertó mi madrugada.
Con tu pesada carga de lava derretida, me besaste.

Cuando las palabras galopaban audaces entre tus labios
cual golondrinas huidas de un atanor sin dueño, te besé.

Y me mataste.
Y te maté

Siguiendo el hilo de tus labios trémulos y azulados.
Como una sentencia inapelable e indefendible, me mataste.

Siguiendo el sendero de las hormigas de tu cuello.
Como un hechizo de cal con miel bajo la luna, te maté.

Y me olvidaste
Y te olvidé.

Ahora que las golondrinas emigraron a nuevos climas.
Y andan dormidas las llaves del olvido y las nostalgias, me olvidaste.

Ahora que andan descalzas las amapolas entre las rejas.
Y se acicala mi talle, y se arrebola mi tez, confieso que te olvidé.


12 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me alegro te gustase. Huele a ciclo de vida, pero es que a veces la vida sólo es eso.

      Un abrazo.

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  2. Ver entre la luz, y besar su piel, en el amanecer, tocando la brisa su cara, y los dedos acariciando sus mejillas sin olvidar los momentos entregados descalzos en la arena de su piel.

    Preciosa entrada, amiga mía.

    Un beso.

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    1. Entre rayitos de luz hay siempre un halo que produce una distorsión de la imagen. La hace brillar. Y en ocasiones, ese sueño se transforma en labios que acarician, en manos que besan la piel, en miradas que van y que regresan de la cintura al café, del ropero a los labios, de las líneas escritas a un instante irrepetible que no muere jamás.

      En ocasiones, la vida te besa en la boca, llenándola de luz. Y hay que pillarla al vuelo.

      Un abrazo.

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  3. Me niego a creer que el olvido es definitivo, ahí tiene que haber rescoldo, ¡es tan precioso! que me gustaría que algo así no acabase nunca.
    Besos
    P.D. Albada2 ¿por qué no quitas el captcha de los comentarios? Para los que comentamos es mucho más fácil.

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    1. No existe el olvido de lo que te mata y de lo que haces nacer. Creo que como mucho queda en un estado de quietud indolora.

      Pero no soy nada entendida.
      Te confieso que el captcha me da una sensación de sentirme más segura. Te parecerá idiota pero como algunas veces escribo sobre sensaciones, tengo la tontuna de un pudor extraño. Ya te digo, tontunas. Pero lo pensaré.

      Un abrazo.

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  4. Mucha nostalgía, siempre hay esperanza, estimada amiga muy bello, un abrazo.J.R.

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    1. Huele a nostalgia y sabe a deseo. Creo que cuando algo te hace nacer o te hace morir, es imposible quedarse en desesperanza.

      Deja escapar la necesidad de conservar enlatada una historia que no puede morir. Pero no tengo mucha idea.

      Un abrazo.

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  5. Me ha gustado mucho este ciclo del amor. Tan pegado al ciclo de la vida. Todo nace, crece, tiene su momento mágico. Y luego declina. Y muere. Pero yo creo que no se olvida. Se taponan las heridas, se anda por otros caminos, se viven otros horizontes, pero no se olvida. Una de las pocas buenas cosas de hacerse mayor, yo creo, que es esa: cada arruga fue una experiencia, cada centímetro de nuestra piel podría contar una historia. Es todo lo que fuimos. Que, en buena parte es lo que somos. Un cálido abrazo.

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    1. Son ciclos, que como bien dices, dejan impronta en la piel de lo que somos.

      Mi texto está referido a una pasión entre dos personas, pero pudiera ser similar hacia una afición o un deporte.
      Esas locuras que nos desbordaron hasta comprar un equipo de pintor, matricularnos en un curso de submarinismo o adquirir una bicicleta extraordinaria. Esas pasiones que dejan paso a otras emociones encendidas hacia otras sendas.

      Opino como tú respecto a cada pequeña arruga. Son testimonios de que se ha sentido, de que se ha reído, llorado, hablado...de que se ha vivido.

      La misma calidez en mi abrazo de regreso.

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  6. Olvide en el regreso, a quién me dirigía y en su descubrimiento te encontré cómo palabra suave, atada por el viento.
    Crucé el dintel atrapado por un perfume que cien veces recordé sin ver el rostro que me olvido.
    Con todo, di abrazos sentidos, en espera de una mirada.

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    1. Dejas abierta una puerta de perfumes en el aire, que encerraron las miradas. Como un ramito de esencias que quedan en estado de congelación, para despertar de nuevo un día, a la voz de una mirada.

      Me ha gustado mucho tu comentario. Un abrazo, Alfred.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.