jueves, 15 de agosto de 2013

Canción de la ciudad sin mar.



Los pasos dejaron huellas en la tarde. 
Ella imaginaba luces más tenues, 
sueños más grandes,
silencio más acogedor.

Dos chavales jugaban a la pelota. 
La arena chispeante, algarabía en el aire…
Hasta un perro corría contento y libre, 
y el mar relucía entre guiños de sol.

Entre sus brazos, el agua la dejó esperar,
a que sonara el recuerdo de una música,
que la hiciera permanecer en la quimera, 
de una ciudad, abriéndose al mar.

6 comentarios:

  1. Un mar que se escucha desde esta canción de verbos y sílabas, el crujir de las olas, las huellas del tiempo en la arena, y la ciudad corriendo hacia el mar.

    Un beso.

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    1. La ciudad dormía bajo un sol de justicia.
      La solana a la espera de un mar por abrazar.
      La mujer añora una canción de tierra seca,
      desde la playa de luz, atardeciendo en el mar.

      Un abrazo, María. Pasado por mar y sal.

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  2. Un mar imaginario que llena la ciudad de sentidos, aromas y deseos, para adentrarse en un viaje aventurero, con un amante perdido y mucha luz para encontrarlo.
    Un saludo.

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    1. No sé yo tanto, Alfred.

      Gracias por tu lectura, siempre un punto más allá. El saludo lo recibo con agrado, pero te mando un abrazo.

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  3. ¿porqué me trajiste padre a la ciudad?.... cuando no hay mar en la ciudad no nos queda sino conformarnos y levantar la mirada al cielo e imaginar en el viento el sonido de las olas

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    1. Te traje, cariño mío
      por alejarte de Neptuno,
      que te miraba cetrino,
      para secuestrar tu mirar.

      Y ahora, con él dormido
      entre oleajes de sirenas,
      te acerco hasta su vereda
      para enseñarte a nadar.

      Un abrazo.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.