miércoles, 1 de enero de 2014

Bolsa gris cerca del contenedor.

Empecé al año con el paseo habitual, aprovechando la luz que ofrecía el cambio de calendario. Me he ido alejando, cruzándome con algún dueño de mascota y alguna pareja de trasnochadores.

Me llamó la atención una bolsa de basura, que yacía al lado de un contenedor de residuos irreciclables. De rebuig, se llaman. Estaba sobre el asfalto, y tocaba a una garrafa de agua, vacía, de aquellas de cinco litros. Ahí estaba ella. Gris, informe, anudada, anodina y en apariencia, semivacía.

Al paso de un coche rojo a mayor velocidad de la permitida, ha recibido un golpe de aire. No me ha parecido extraño. Por ser primero de año, había muy poca gente por la calle, escasos vehículos, y ninguna señal de recogida de basura por parte de los camiones municipales de recogida.

Las calles estaban en orden. A pesar de algunas bolsas anudadas que no cabían en los recipientes, todo estaba en paz. Me pareció que la bolsa gris se había movido de forma sospechosa, pero tan pronto lo pensé, lo dejé pasar, siguiendo con mi paseo, por la misma acera. Silenciosa y soleada a esa hora.

En un bar aún abierto, en la terraza con mamparas acristaladas, dos mujeres estaban sentadas, discutiendo. Una de mediana edad y con un recogido de pelo desmantelado, señalaba con el índice mientras hablaba, a una muy joven, presumiblemente su hija. Ésta parecía esquivar la mirada, parecía no querer escuchar, pero súbitamente se encaraba a la de mayor edad. Cruzaba sus brazos con fuerza.
Ambas parecían tener signos de ebriedad. La mayor utilizaba movimientos imprecisos y un tono de voz elevado, turbio y tenso. La joven tenía unas ojeras violáceas, y parecía agotada.

Crucé de acera, para alejarme de una posible discusión tardía de nochevieja, teñida de alcohol, y rencores tendidos en una cuerda de colada.

A poca distancia, a una travesía de la escena anterior, un hombre hacía gestos y llamaba la atención de un coche patrulla, que se detuvo. De hecho, si no lo hubiera hecho, le habrían tenido que atropellar, porque elevando sus brazos extendidos, se había puesto en medio de la calle.

El tipo estaba ebrio. Con un evidente tambaleo, señalaba en dirección a la terraza del bar. No podía dudarse de que señalaba en esa dirección y, alternativamente,  a la fila de contenedores de desechos selectivos.   

Yo sabía que fuera lo que fuera lo que explicara el sujeto, no tenía nada que ver conmigo. En todo caso con los contenedores, a los que no me había acercado.

Entré en una sucursal bancaria, para hacer una consulta, y desde el cajero pude observar cómo los dos agentes, fuera del vehículo, muy compresivos al parecer, tranquilizaban al hombre en mangas de camisa.

Le vi seguir por la acera arriba, girando la cabeza un par de veces hacia los contenedores, mientras el coche de policía siguió su camino, hacia abajo, lentamente.

No pude evitar, de vuelta a casa, buscar con la mirada la bolsa gris que en algún momento, me había parecido verse mover.

No estaba. La garrafa de agua vacía sí, pero la bolsa no.

Hace una hora, de pura casualidad, he escuchado por la radio local, que han encontrado a un recién nacido en una bolsa de basura, en el barrio por donde yo paseara esta mañana.

Andan buscando a la posible madre. Acabo de recordar al tipo de camisa a rayas, tambaleándose calle arriba, murmurando entre dientes mientras miraba atrás.


18 comentarios:

  1. Qué principio de año tan intenso. Espero que en lo sucesivo que traiga otro tipo de emociones.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Era un posible final, pero me quedaría con otro. Como que la bolsa tenía un cochecito a cuerda y que se movió un poco. por la inercia que le quedaba.

      Pero seguro que también este final termina en final feliz. Me encantan los buenos finales, y que las estaciones del recorrido sean amables y esperanzados.

      Un abrazo.

      Eliminar
  2. habrá que ponerle un nombre de estilo árabe: Al Basu Ral
    Igual, de todos modos, no puedo dejar de pensar que la desgraciada que se refugió en el cajero automático fue la que loabandonó

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Era un posible final, que a su vez quiero pensar que acaba bien para todos. La señora del cajero yo casi que juraría que algo tiene que ver. Pero quién sabe.

      Un saludo y bienvenido a este rincón. Feliz año!

      Eliminar
  3. Desolador panorama, un poco a lo impresionista, con colores grises tanto en las caras como las calles como en la consabida bolsa protagonista, incluso la tsetigo de los hechos contempla desde un cajero gris, la gris escena desarrollada.
    Sólo hay color en el suspuesto contenido de esa bolsa abandonada, rescatada por obra de un borracho bociferante, es estado de conciencia cívica.
    Feliz Año Nuevo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No puedo saber si en miles de bolsas grises no yacen más grises, negros destinos.
      La testigo, puede serlo, o no. Quise dejar abierto el papel de los testigos de mil cosas, dejando que sea un borracho quien fuera el héroe, el cívico en esta ficción.

      Feliz año, con colores más alegres, que se están cociendo ya. En mi cocina.

      Eliminar
  4. Ese final me ha dejado KO.

    Buen gancho.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son esas radios locales que nadie escucha. Y esos borrachos que murmuran mientras caminan adelante, volviendo la vista atrás entre palabras soeces, eructos y sueños reales.

      Un beso.

      Eliminar
  5. Podría pensarse que es algo increíble, o por lo menos inusual, pero no lo es. Con cierta frecuencia aparece una noticia como esa, bebés arrojados a la basura, abandonados en un baño público o, colmo de la miseria humana, arrojados al desagüe. Tan grandes son los problemas que presenta nuestra sociedad que hasta el instinto maternal se pierde.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En este caso, por supuesto es ficción, pero quise acercarme a esos escenarios tan grises como la pena gris de las realidades negras, con olor a miseria y nula capacidad para abrir ventanas.
      Lo problemas, en ocasiones, devoran la humanidad que habita bajo la piel del que se ve ahogado por encima de su línea de flotación.

      Un saludo y feliz años..

      Eliminar
  6. Es lo que pasa con los que van sobrios por la vida, que nunca va nada con ellos.
    Salud-os

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En verdad es lo que pasa por la sobriedad de los sobrios. Que en ocasiones los ebrios nos dan lecciones de humanidad. De urbanidad quizá menos, pero eso es otro tema.

      Saludos con salud. Feliz 2014

      Eliminar
  7. Respuestas
    1. Es una ficción. La realidad suele ser tan dura como los que se ve en la calle, por encima de los noticiarios y sus portadas. Pero en ella, en la realidad hay cosas muy humanas, de detalles amables, luminosos y emotivos.

      Un abrazo y bienvenida, Amapola.

      Eliminar
  8. Los detalles, siempre hablan. Las señales del instinto, quizás debiéramos, creer más en ellas. Las casualidades, las coincidencias. Hay personas, que vivimos la realidad a cámara lenta, lástima que no se pueda dar marcha atrás. Eres muy observadora, quizás seas aries, como yo, o tal vez me equivoque. Siempre le das, un toque de realismo a tus relatos. Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El instinto cada día me parece más sabio. Las teorías sobre las que se sustentan me hacen creer en él, en ocasiones, más que en el raciocinio que nos mueve a acercarnos o alejarnos de una situación.
      Me gusta observar la vida, y vivirla, cómo no.

      Un abrazo, Aries.

      Eliminar
  9. Vaya navidad. La mañana, la soledad, la bolsa, los tonos grises,... Nada agradable vaticinaban.
    Que los próximos días nos traigan mejores noticias.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seguro que los días traerán colores más amables y bolsas de ilusión. Para que sigan las realidades gozosas par la mayor parte de los ciudadanos.
      Por mí, que algunos tuvieran que rebuscar en los contenedores, para que pisasen la fría y calle . Pero vaya, no creo que estén por la labor. Ya les va bien a los que les va bien.

      Un abrazo, Maria Pilar.

      Eliminar

Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.