sábado, 24 de mayo de 2014

Alquimia quinceañera

Foto de Internet

Cuando el mar se desbordaba por los senderos de las hormonas de los quince abriles, les pudimos ver. Exaltando a los mejores instintos, de un amor al abordaje. Inexperto, torpe y apresurado. Sin más ley, que dejarse llevar por la ceguera, ignorante de los bastones blancos.

Desde hace días, cuando paseo a la perra les hemos visto. Todos los que aprovechamos el sol en retirada para pasear. Así, como son. Con sus mochilas en el suelo, apoyados en un banco, o en un árbol, o en el campo cercano. Jugando vestidos, a juegos de experimentos y humedades. Las hormonas en cocción, alimentado urgencias de amaneceres, a horas fugadas del reloj solar.

Él tiene el acné descontrolado, y unos pantalones a punto de deslizarse de las nalgas al caminar. Sé que era él quien estaba sentado hoy en un banco del parque. Miraba a las palomas alineadas en una caseta de contadores, o algo similar.




Este invierno ha pasado algo que está cambiando el ecosistema. La palomas comunes han encontrado un suministrador de pan duro. Puntual dos veces al día de la zona poco arbórea, deja trozos, o incluso medias barras de pan por allá. Claro que ya sabemos que está prohibido dar de comer a las palomas, porque desde el Ayuntamiento andan educando a la gente en aspectos de convivencia, (como por ejemplo, que los perros han de ir con correa, y sólo pueden ir sueltos en la zona para canes).

El chico del pantalón bajo, y el ardor encendido, estaba sentado en el respaldo de un banco de madera. Miraba la alineación perfecta de las palomas, montando guardia para su pitanza. Yo esperaba ver llegar a la chica que siempre esta con él, aunque hoy no hay instituto, pero lo que he visto, es cómo sacaba un tirachinas de una bolsa-mochila, agarraba una piedra y apuntaba a las palomas.

Han salido en desbandada, todas ellas. Para volverse a alinear rápidamente. El chaval ha seguido haciendo el mismo gesto. Por tres veces, con certeza además, qué puntería. He regresado a casa, que la perra tiene sus costumbres, y yo las mías. Y la prensa está aún por acompañar los regios desayunos de los fines de semana. No sé si la chica llegó a ir. 

Les ruego que no imaginen un artefacto de madera rústica, con esa goma redonda, porque es mucho más sofisticado lo que tenía en su mano el chaval. Era de acero, por lo que imagino, pero no lo puedo jurar.

Me he venido pensativa. Y es que haciendo memoria...cuando me recuerdo disfrutando con mi puntería con escopetas de ferias… ¿sólo esperaba la bobada de regalillo, o deseaba disparar, por destrozar?

20 comentarios:

  1. Soberana lección de de etología y de bien escribir. Me ha encantado.
    Un abrazo, Albada.

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    1. Titivillus te ha visitado a ti hoy, amigo Macondo. Broma.

      http://www.lenka21.com/titivillus-mi-inseparable-diablillo/#comment-8808

      Gracias. Un abrazo, o jugando como hizo Alfred...un abraso.:-)

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  2. Perfecta descripción de una escena cotidiana que ahonda en la psicología adolescente, de su batalla hormonal esperando en el banco que suenen las trompetas para el ataque. Y mientras tanto, un tiro de fogueo contra las palomas que buscan su pitanza a la hora acostumbrada. Bullen instintos en el adolescente y el placer de dar en el blanco de la paloma colma sus ansias de conquista.

    Me ha encantado tu relato de un día cualquiera, mientras paseas con tu perra.

    Un abrazo.

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    1. Es un análisis descriptivo casi. En serio, quise abordar varias cosas, entre ellas las pasiones, por supuesto. Y al final, ese lado oscuro (apena reconocer que aunque dejamos de quitar las a las moscas, cierta sombra oscura sigue latiendo).

      Gracias. Un abrazo, Fanny

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  3. Ayssss la edad de los quince años me lo vas a decir a mí que soy madre jajajaja.

    Genial tu entrada, Albada.

    Un beso.

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    1. Pero recuerda...los tuviste tú también.

      Un beso, María.

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  4. Las hormonas, la primavera, el ardor....

    Oigo la pasión desde aquí.

    Besos.

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    1. La cocción de los instintos, con los granos, y el afán atávico de cazadores.

      Pasión captada. Misión cumplida. Un beso.

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  5. Captación en un plano secuencia, de todo un relato vital, el depredador a la espera de la presa, se distrae con caza menor.
    Un beso.

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    1. Jolines, que atávico te salió ese instinto cazador, Alfred. Lectura bien hecha, es un ciclo de vida.

      Un beso.

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  6. Muy bueno, mujer! Ahora termino de comprender tu comentario en mi último texto. Y cuánta razón tienes! Este relato tiene un ritmo muy especial. Es como que nos llevas de la mano. Un beso, guapa.

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    1. Todo en la vida es como un encadenado de lectura. Seguir lo que del otro lees. La vida, eso que resultó ser esto, es como dice Alfred una sucesión de ciclos, donde hice hincapié en la pasión. Y no quise perder de vista que la parte oscura que todos tenemos, en cierta forma, no nos abandona, aunque sea muy modulada.

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  7. Haces literatura de lo cotidiano. ¡Precioso!

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    1. Me limito a escribir sobre cosas, a veces muy cotidianas, que esconden etapas, o sentimientos. Y cuando me da por ahí, y sale poesía, o pura imaginación, también dejo que me atrape.

      Gracias. Un cordial saludo, María Pilar.

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  8. Desde lejos puedo sentir la pasión... muy bueno Albada2

    abrazos
    carlos

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    1. De cerca era más perceptible, pero intenté ser cauta en mis expresiones.:-)

      Un abrazo.

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  9. Te leo y me provoca ponerme a crear . Lo cual es uno de los mejores síntomas que alguien puede inducirnos. Cordiales saludos.

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    1. Es de los piropos más bonitos que me han hecho. Gracias!!
      Andamos ambas con eso de verificador de letricas, o moderación de comentarios, según parece. Yo preferí moderación de comentarios, porque es un poco pesado lo de escribir letras o números por diferenciarse de un robot. Que yo no soy un robot. caramba con Internet!. Broma.

      Un beso, Beatriz. Buenas noches.

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  10. Si tienes ocasión, lee el poema de Gamoneda titulado "malos recuerdos", hay una exploración de la vergüenza (incluso con la coincidencia de los quince años) que puede resultar devastadora.
    Abrazos, siempre

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    1. No es casual. Es una edad que hasta Serrat atribuye a ese despertar. "No sabíamos más, teníamos quince años"...en su " Palabras de amor" Acabo de releer a Gamoneda. Gracias por traerlo a mi vera, en esta atrde de sol de mayo.

      Un abrazo.

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