jueves, 26 de junio de 2014

Katana de recuerdo

Imagen de Google, manipulada

Cuando descubrió que el juego no era tal, ya era tarde. Por su cuello se le escapaba la vida, en borbotones pulsátiles, en bocanadas de pez en tierra. 

El muchacho seguía mirándola, hipnotizado, con la katana en su espalda. Esa que minutos antes decorara la pared de los recuerdos. Su preciada pared, donde a resguardo de la lluvia del tiempo o el olvido... se disponían los objetos de sus futuros viajes. por emprender hacia ella. La deseada mujer.

viernes, 13 de junio de 2014

Colores para vivir




Voy a pintarme la cara con colores.
Los que el tiempo no podrá ir destiñendo.
Los que otros prados ahogaron en mis flores.
Los que echaron de mi boca la palabra miedo.

Y me pintaré estos ojos  de mediodía.
La que sepultó el salitre de ese mi tejer sin fin.
La que se avino a bañar de luces mi monotonía.
La que derribó los muros de un gris marengo triste.

Pintaré mi boca de un azul sobre quimeras.
De un rojo fuego que engalane  fantasías
De un naranja salvaje que huela a primavera.
De un dorado que levante en volandas, mi alegría.

martes, 10 de junio de 2014

Hogar de fantasía



La vi pintada. Había escuchado de ese chaval que, por una pasión incontrolable hacia lo que vuela, iba pintando aves. Un periquito azul juré haber visto pintado de amarillo, entre las palmeras que les  dejan su penacho por guardería de nidos, a esos huidos.

Divagué contigo, recuerdas? De tanto posible trato para la palabra “hogar”. La llar de foc. El hogar del fuego. La chimenea tibia sobre la que extender las manos.

Estuvimos dibujando tantos posibles…

-La cintura de una mujer, el pecho de un ser querido, el mar con ida y vuelta de los sueños, la cocina, el campo, tus latidos...-sugería yo entre tus brazos.

-Una campera donde dormir en noches de carreta…- decías. Sin más antena que la de la Osa  Mayor-apostillabas tú.

Ahora, que te has ido. Ahora que no logro encontrarte, creo recordar que acordamos, que hogar es donde uno regresa, porque jamás se aleja de esa sensación que nos deja tal impronta en el alma.

Así, con este aspecto, en la barandilla, no te he reconocido. 

Pasa si quieres- te he dicho.

Ahora, cuando te veo caminar por la plazuela, separada de otras palomas, mirando como sólo tú sabes mirarme, ahora me da igual lo que crea o no la gente.

Ahora nuestro hogar será el balcón donde tú te pares. Por verme.


jueves, 5 de junio de 2014

Relato perdido a trompicones

La tecnología y yo no seremos amigas nunca. Eso ya me consta desde hace mucho tiempo. Lo que no sabía, es que por algún error informático, esta madrugada ha llegado un pequeño relato de alguien, que sin duda sufre un dolor a ausencia, al que no podré contestar ni con una mínima palabra de consuelo. Dejé el correo abierto, y andaba chateando con una amiga lejana en los mapas, sobre la palabra joia. Comentaba con ella la maravilla de que esa palabra catalana tenga dos significados, siendo alegría y joya dos motivos para latir... latiendo.

Cómo se ha colado un internauta no lo sé. Porque sin duda lo que ha llegado, a trompicones, era un relato. Sobre el dolor de  la vida, a través de un gato.
Ha sido al cerrar la sesión con mi amiga, dando por zanjada la bella similitud entre alegría y joya, cuando, con fecha de entrada, y a golpe de verdaderas entradas de chat, se iba escribiendo el relato que les paso.   

Aquella primavera había sido especialmente húmeda, más que lluviosa. La hiedra trepaba constante y vital, con su imperceptible trepar sobre el canalado muro que dividía las dos cajas solariegas, casi asomándose  ya al canto superior del muro, las hojas primeras , distanciadas levemente, dejaban un discontinuo sol y sombra donde salamandras aturdidas se movían  los breves espacios de actividad.

El pequeño gato que trajo Gustavo a casa, a finales de octubre, encontrado en la calle, según él, pero sospechosamente pulcro, miraba durante horas, con curiosidad e innato deseo cazador, aquellos ínfimos  reptiles. Así, casi todas las mañanas de los últimos días que le recuerdo. Hasta tomarlo como una costumbre, más que habitual, diaria.
Un día de aquellas fechas, volvió en un permiso penitenciario el hijo de la vida colindante. Tenía un semblante torvo, huaño y difícilmente definible en su expresión amenazante.

Oímos un chillido como si hubiera estallado el aire. Seco, corto y envuelto en un silencio enmudecido. Al salir, vimos el gato con una postura extraña, inmóvil y babeando un hilillo de sangre roja, como las primeras rosas de la maceta de entrada al patio. Había junto al gato, un ladrillo comido en los ángulos, por su  uso,  en una tapia que soportaría un tejado que evitara las lluvias al grano. El presidiario, había descargado su rabia contra aquella expresión de libertad atemporal que veía en el gato.

Recuerdo su pelo corto aún, su color, como el de esos barnices que suele darse a la madera de halla, con su silencioso ir y volver a ningún sitio concreto. Y lo recuerdo vivo, ese es mi dolor. Que el tiempo no calma, cuando veo la tapia donde un gato de Gustavo, perseguía salamandras en su afán cazador de lo que se mueve.

Ahora, cómo decir al autor que la vida no estaba en el gato que miraba salamandras, sino en los ojos del que leía?.

Por si le ven, le dicen que me llegó al alma el gato asesinado. Que la rabia del delincuente no bastó para matar la gran ternura que generó su relato en mi alma recién levantada y de estreno a día de hoy, viernes, seis de Junio. En Reus, España.

Por si le ven, mi caricia de voz para sus frases, y mi aplauso para ese relato que se perdió dentro de su ordenador.