viernes, 31 de octubre de 2014

Juan sin miedo es un cuento.

Foto de Internet, este perro no es Juan

Paula no quiere dormir sola. Acabamos adoptando a un perro. Le habían abandonado en un Refugio de esta zona, y estamos contentos, porque está sirviendo para que supere sus miedos nocturnos. Los terrores nocturnos los llaman, y no sin razón.

Le llamamos Juan. Por el cuento de Juan sin miedo que mi abuelo nos contaba. Es un cruce de boxer, que ahora tiene un año y algo, y que por las noches tiene su manta de dormir bajo la cama de mi hija.

Seguimos con el ritual nocturno: el cuento, y mirar luego bajo la cama, que ahora ocupa nuestra mascota. La diferencia es que, desde hace meses, si tiene miedo durante la noche, en vez de gritarnos , baja su mano y toca la cabeza de Juan, quien hace un sonido gutural, con lo que ella retoma un descanso tranquilo, y se vuelve a dormir.

Esta mañana, con el vaso de Nesquick y sus galletas, nos ha entrado un pavor que no nos deja respirar. Nos ha dicho que ha tenido una pesadilla. Era sobre un hombre que entraba por la puerta entreabierta de su dormitorio, y que le ponía un pañuelo que olía a gasolina, en la boca.

Suerte de Juan, que hoy hasta me chupó la mano!-ha dicho aliviada.

Su padre y yo nos hemos mirado. Juan ha estaba en nuestro cuarto toda la noche, aullando a ratos a la luna, y a ratos mirando hacia el pasillo.

Se acerca la noche y hemos alquilado una habitación en un hotel cercano. Tres hombres y Juan montarán guardia en nuestra casa, hasta saber quién ha lamido a Paula. 


Bajo la cama

De Google

Cada noche me agacho para mirar bajo la cama de Paula.

Espero a que haga los seis años, con el deseo de que ese miedo irracional a unos monstruos que sólo existen en las noches, y bajo su imaginación, desaparezcan de una vez.

Tenemos un ritual inamovible. Le cuento un cuento y cierro el libro. Me agacho luego para mirar bajo el somier, para darle posteriormente un beso en la mejilla. Por último, con más cansancio que seguridad de que haga frío, subo el embozo de su sábana, mientras nos damos las buenas noches, y al fin me alejo hacia la puerta. Que dejo entornada.

Anoche, bajo su cama, Paula, con los ojos como platos, me preguntó con una voz casi inaudible:

-Mami..¿quién duerme hoy en mi cama?

lunes, 27 de octubre de 2014

Deja que el otoño te alcance

Foto de Google

Deja que broten las hojas
en la pleamar de tus sueños  

Deja que las hojas caigan
a los pies de tus anhelos   

Deja palpitar el alma
a los colores del cielo

Deja que tus manos tiñan
valles... de efímeros lienzos

domingo, 26 de octubre de 2014

El veroño, esa nueva estación



En la playa el termómetro marcaba 27 grados. Con un sol de poca broma, el bañador sigue por ahí. Sin guardarse, pero ahora anda cerca de la mantita que me echo sobre las piernas para leer, cuando la tarde va en retirada.

Ayer, unas jovencitas se enviaban mensajitos sobre el veroño este. Me parece una palabra imposible, pero veraz. Es esta estación, a caballo entre el verano, con su manga corta y su luz, y el calendario tenaz. Este cabalgamiento se empeña en que los panelletes, castañas y boniatos anden por las estanterías del supermercado, pero que no podamos dejar de mirar a los granizados, y otros frescores de los aparatos de congelación.

En la playa sigue varada la cometa que perdieran la parejita feliz un día de Agosto, y esa imagen congelada en la retina, me acentúa las sensaciones confusas de mi estancia por la playa este fin de semana.

Poco puedo decir que no imaginen quienes viven en España este otoño. Vemos los anuncios de flores para el día de los Difuntos, y la ropa de otoño-invierno con un acento en la vista de incredulidad. Porque son imágenes de otoño, que vemos en mangas de tirantes.

Por si les sirve de consuelo, sepan que esta mañana una abeja andaba revoloteando sobre unas flores pletóricas. No sé si saben que me producen desasosiego, pero es así. He buscado una prenda de ropa para ahuyentarla. A mi izquierda el bañador que ya estaba seco, y a mi derecha un foulard de lana que anoche tuve que usar. He usado el foulard, pero milagro que no fuera una bufanda.

Me falta una comida que mezcle sabores y texturas, así que me pediré  un granizado de castañas,  si lo encuentro, para dar fondo a la visión de las golondrinas perdidas que surcan el cielo. Imagino que la líder anda perdida para emigrar al Sur, en busca de calor, porque por aquí sigue haciendo en demasía.

El abanico no lo llegué a sacar del bolso, así que ha venido bien. Por lo demás, con el cambio de hora, a las seis, hasta ayer las siete, será casi anochecida, y sin querer, buscaremos un gazpacho en la nevera, tras sacar el ahuyentador de mosquitos para no despertarnos con el zumbido de esos insectos veraniegos.



viernes, 24 de octubre de 2014

Círculos viciosos en la salud

Es real como la vida misma.

Yo, en ocasiones intento llamar a mi centro de salud. Para pedir cita o para hablar con una amiga que trabaja allí, pero  acabé por entender que lo mejor es acercarse por allá para lo primero, o tomar cita por Internet. Para hablar con mi amiga, la llamo a su móvil directamente.

Esta conversación es el fragmento que he escuchado hoy. Porque tenían el micrófono abierto, y sólo hasta que han conseguido apagarlo. La voz era de una señora mayor…seguramente esposa del señor nacido en el año treinta, pero la señorita proponía que tal vez fuera doce el año en el que nació, ya que la primera cifra es cero para varón y uno para hembra, y posteriormente figura el año de nacimiento, el mes, el día y tres dígitos aleatorios. 

- Diguim?
- Diga?... Qué dice?
- Que me diga su Cip o su deenei.
- Eso de letras?
- Eso de letras sí. Lo tiene encima?
- Si, mire… ce!!
- Ge de gato?
- Ce de carmen,... a,... pe de perro,... e de España. Me oye?
- Si, ce a pe, una e... y qué números?
- Cero treinta, doce…

- Cero treinta, o cero doce?

Vaya, que a mí me ha parecido un poco absurdo hacerse repetir ese treinta, pero cada uno es como es. De haber sido un doce...sería un hombre de ciento dos años, o un niño de dos añitos. En cualquier caso he llegado a la conclusión  de que hay cosas muy difíciles de comprender. Y no creo que las comprenda.

Lo que ustedes no saben, pero yo sí, es que primeramente sale una voz grabada, en catalán, que te informa de que si quieres pedir cita con un médico, un pediatra o una enfermera, puedes hacerlo por un portal de Internet o llamando a un número de la Generalitat. Si aguantas a que acabe la grabación se escuchan los tonos, que son las llamadas de teléfono que se oyen hasta que alguien descuelga el aparato, que casi nunca ocurre, porque faltan administrativos, y los que hay, casi siempre han de estar cara al publico. Porque no se acostumbran a pedir las citas por Internet, y no hacen más que acercarse hasta el centro.

Pero es que se acercan para todo. Si quieren una visita porque están enfermos,o por un simple chequeo o un control, pues ya están yendo. Luego vuelven, lo mismo es para que les citen para hacerse el análisis o el electro, o lo que sea. Pero es que luego regresan, para recoger las pruebas o para que le expliquen los resultados.

Vamos, que no hay manera de que te puedan atender por teléfono. Igual es que pretenden que hagamos ejercicio y paseemos, aunque solo sea para ir al centro de salud. Para hacer salud.

El teléfono es un 902, porque si fuera gratuito...vamos, es que no pararían de llamar, con tal de ahorrarse desplazarse..con lo bien que va caminar!.



lunes, 20 de octubre de 2014

Gato escapista, neón guasón.

Estatua "mujer con gato". Foto de Google. No sé yo...

El gato ha aparecido. Al encender la luz de la cocina, para calentarme un agua donde poner una infusión de verdor para levantar el vuelo a mis deseos…ha aparecido.

He abierto la puertezuela del microondas, tras ver cómo hoy seguía haciendo el tonto el fluorescente de mi cocina. Le han cambiado una cosa que se llama cebador.  También han repasado la instalación eléctrica de esa estancia, porque la nevera hizo locuras la semana pasada, pero todo está bien.

El tubo de neón es nuevo, y su gas ahí encerrado debe estar boyante de buenos deseos, pero no consiente en ser encendido a la primera.

El gato tiene cuatro meses, por lo que tiene la sangre en estado de rebeldía, y una curiosidad que no se agota. Le hemos encontrado en un armario de cocina, en un armario ropero, en la ventana que da a la plaza, en una caja de botas de montar nubes, y en algún sitio que no recuerdo, pero hoy tocaba la sorpresita del día.

Al abrir el micro, para meter la taza con agua ha salido…Sin más. Ha pegado un elegante salto al suelo, y se ha dirigido a su cajón de arena, para ir después al bol donde tiene sus cereales para junior, de colorines y con pollo y quién sabe qué más cosas, para que crezca bien hermoso.

Le he mirado, me ha mirado, yo desde el minuto 0,  él cuando ha querido y me ha dicho
-“Te hacía más lista, querida”.


Ha seguido comiendo, y yo he llegado tarde al trabajo, pero no pienso preguntarle dónde ha estado, ni para qué.

jueves, 16 de octubre de 2014

¿Duendes por la cocina?


No sé si es porque se acerca Haloween y Port Aventura anda ya con esos espectáculos de miedo, pero yo en esas cosas no creo. Lo de los duencillos y sus bromas no es un tema que me haya quitado el sueño nunca.

Bien es cierto, que en mi casa, como ya deben saber, los electrodomésticos tienen sus caprichos. Y llevan unas semanas con bromitas, pero les explico lo de hoy, porque igual mañana no pueda, si les da por hacer el bobo a la electricidad con el agua, y la liemos parda. Pero vaya, que no será así. Tengo cuerda para rato. 

Les confieso que al abrir el armario de los papeles, donde guardo dossiers con facturas,  informes que acabo por leer en el tiempo de descuento, esos clips que sujetan en exceso y otras cosas de papeles ordenados, porque si no, es que no los encuentro...me he quedado helada.

Porque he sentido frío, para qué engañarnos. Me ha mirado un bol  con aceitunas rellenas en primera instancia, y luego unos huevos a la altura de mis ojos.

Supongo que ya saben dónde he acudido para recoger una carpeta…Exacto...a la nevera!.

Para que no lo duden...aquí está ella. Les presento a la nevera...¿travestida?.

Foto por  gentileza de incisoconfuso


Y si yo fuera

Foto de Ludovic Florent, De Google


Y si yo fuera 
ese lago donde se diluye tu fuego,
en el que mi agua fuese donde duerman tus rescoldos,
de las inclemencias de los fríos inviernos.

Y si yo fuera 
el mar donde duerman tus escamas,
de pez herido por ese anzuelo de hierros y de gemidos
Tal vez yo fuera 
el sigilo de los corales de tus quimeras.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Para una dama vestida de jazz

Tomado de Google
Las notas llegaban a través de la ventana de sus ojos tibios. Las palabras leídas por un hombre cercano y limpio como la nieve, como una nana para dormir, le dejaban frases de miel y avellanas, de soda y de pipermint. 

Porque las grandes frases ya no me gustan, para los sueños dulces, me dispuse a mirar qué tanto de jazz podía saber por compartir con ella, esos sueños de notas y de reminiscencias de juventud. 

Hay muchos temas bellísimos, atemporales, y sin punto final para su goce, pero supuse que este clásico era el elegido para degustar sin prisa, en esa tarde en una sala de baile, con la manos cogidas, mirando juntos la puesta de sol sublime de los mejores recuerdos, a ritmo de jazz.


Que las notas se dejen arrastrar por el cielo, en un alarde de notas entre dos amantes del jazz.


lunes, 13 de octubre de 2014

haiku beso

Tomado de Google




Dulces los besos
mosto de uvas frescas
sobre tu boca


Haikus para niña

Foto tomada de Google


El sol se posa 
sobre la barandilla 
de su mirada, 

Iluminaba 
esa sonrisa leve
nacida al alba.

Haiku de hombre


Foto de Ludovic Florent. Tomada de Google


Anclado a proa
el marinero llora
buscando un faro

Densa la noche
siente irrescatable
la luna esquiva



sábado, 11 de octubre de 2014

Lola, porque la vida sigue

Imagen de Google


Lola llegó contenta. Me dice que la paciente está consciente, a pesar de seguir grave, pero que está bien. Mi hija ahora estará trabajando. Quién sabe si riendo con las compañeras, y yo quiero e expresar que ando más tranquila, como seguramente muchos españoles.

Bravo por Teresa. Me alegro mucho de que su gran corazón, y su mejor sistema inmunitario la dejasen entre nosotros. Me hace feliz. No la conozco de nada, pero cuando pueda hablar tranquilamente y entre todos puedan detectar qué ha pasado, o qué ha fallado para que ella se contagiara, todos estaremos más seguros.

Ya ven, me preocupan aún muchas cosas de este asunto, porque ya se sabe, nadie dimitirá por los fallos que se hayan producido, pero pienso en el perro. Ya me dirán…
Lamento que Excalibur ya no esté cuando ella pueda regresar a casa, porque los perros hacen unos recibimientos que son como fiestas de cumpleaños cada vez que uno regresa.  Dan esas bienvenidas tan festivaleras…yo creo que no son como otras mascotas, sino más fieles, y más humanos, que muchos humanos.

No es que yo sepa que ella se recuperará. De hecho nadie lo sabe, pero yo creo que se salvará. Y es que en ocasiones, la vida nos deja lo que vale la pena. Sólo en ocasiones, pero miren, yo creo que esta vez será así.

Entre lo que he aprendido con todo esto, y que sé que los sanitarios tienen muchas defensas, porque están en contacto con muchos virus y bacterias, pues pienso que es una mujer fuerte y que sale de esta. Y los tratamientos, claro…pero tengo mucha fe en que ella se cura. Porque hay personas que trabajan con firmeza y deseos, más que con medios, y esta mujer se presentó voluntaria. Eso dicen al menos. Señal que le gusta su trabajo, y le pone buen hacer.

Teresa seguirá llenando de fragmentos los escalones oscuros de su memoria. Recordará  si es que llegó a tocarse o no, con el guante. Ya fuera la nariz, o la cara, o la frente, o simplemente nada. Porque igual no se tocó nada y nadie estaba con ella al desvestirse, ni cámara alguna filmaba esa sala. Así que, o se acuerda ella, o no se sabrá si intervino en  el contagio.

Yo espero que un día de estos, podrá dar los primeros pasos para olvidar esta pesadilla, y podrá sonreír, a pesar de que el vacío de Excalibur lo notará muy grande. Porque cuando uno no tiene hijos pero sí mascota, se les quiere mucho más que a un animal cualquiera.


Brindo por su recuperación, que espero sea total, Y les dejo, que si no me duermo pronto, cuando regrese Lola, al alba, me encontraré sin fuerzas para mirarla bien. Y quiero ver, como esta mañana, por el arrebol de sus mejillas, que este trabajo le está enseñando mucho, y la mantiene sana como una manzana.

Como ese fruto perfecto que desayuna siempre tras un buen tazón de Cola-Cao con pan tostado.

Las hojas

Foto de Internet


La tarde susurraba
colores de escapista.
Las hojas de los bosque
esperan ya la brisa
que juegue a desvestirlas.

viernes, 10 de octubre de 2014

Lola no emigra

Foto de auxiliar clínica alemana. De Google.

Lola llegó bien. Parece que ha dormido como los ángeles, será por el cansancio. Desde luego no he apreciado signos de pesadilla alguna. Su primer día en el Carlos III ha sido tranquilo, y se ha sentido protegida. Y yo ando contenta. Ya aliviada, hoy dormiré como una marmota, porque la noche la pasé en vela escuchando la radio, por si la paciente moría y estuviera mi hija con ella. Porque ahora, desde ayer, he aprendido mucho de ese virus africano. Y sé que en las últimas horas es cuando los fluidos son más virales, y más capaces de contagiar.

Su compañera está en Alemania. Tiene su edad y está contratada para un trabajo por tres años, contratada en origen, como Dios manda. Uno que implicaba cobrar dos meses sin ejercer de manera independiente. El objetivo de ese "regalo"sin "trabajar" cuidando de pacientes, es el que se les ofrece como forma  de inmersión lingüística. Porque de alemán...qué pocos sabemos nadie por aquí,, ¿verdad?

Su cometido no es en un Hospital, sino en un servicio de cuidado domiciliario. En su caso, a dos ancianas mayores y que viven solas. Tienen patologías crónicas parcialmente invalidantes, pero sin demencia ninguna de ellas. En los domicilios les obligan a hacer tareas de cuidadora sanitaria y del hogar. Justo a la hora en que acaba su jornada, en el domicilio de la segunda, no ha conseguido dejar de sacar a pasear al perro de la paciente. Según dice.

Lola me ha explicado que llora cada noche, pero que no puede quejarse, ni preocupar a su familia, porque tiene un trabajo. Tampoco puede regresar, porque su contrato le penaliza si se regresa antes de los tres años que firmó. Cuando más aguante, menos le penalizan del total de las ganancias que ha de percibir en ese tiempo. Yo creo que se adaptará, pero esta juventud... todo lo ve como una montaña.

Judit nunca se sentirá  alemana como los franfurts de los perritos calientes!.- dice mi hija, haciendo broma.

Lola es una de tantas licenciada, (graduada, ya que son cuatro cursos ahora en España pero antes eran lo que llamaban licenciaturas) cuyo cuarto curso nos ha costado 2.800 euros. En ese curso final trabajan ocho de los nueve meses. Mi hija lo hizo en jornada laboral normal en cinco servicios. Sin cobrar, por supuesto, sino pagando. Hacen el trabajo fin de carrera y trabajan, y no hacen nada más. Nos llamó la atención el precio, pero la tutora es muy maja y ha ayudado mucho a la chica en su trabajo. Sí que es más caro que los cursos anteriores, pero explican que lo es por el seguro de responsabilidad civil y penal que se ha de contratar, que lo gestiona la Universidad (ante posibles accidentes durante esa formación de prácticas laborales, que es lo que son). 

Lola no emigrará. Ni se contagiará. Hoy se pone en marcha el protocolo como está descrito, y ni ella ni nadie ya estarán solos ante el peligro. Ni al vestirse con el traje de seguridad. Ni al desvestirse. Ni durante el tiempo que están en la habitación.

Parece ser que tras los avatares de la gestión, se dará información diaria a la población, se dotará al personal sanitario de los medios necesarios, e incluso de soporte psicológico si lo necesitan.

En el Zara le guardan su puesto de trabajo de los sábados. Hoy podré dormir cuando la vea marchar, con su coleta negra, su blusa azul y una sudadera, porque llueve en Madrid.

Al fin llueve en Madrid


jueves, 9 de octubre de 2014

Enfermeras de la crisis

Foto de Google, De esta crisis de ébola en el Carlos III, con la auxiliar enferma

Les quiero hablar de mi hija Lola. Estudiante de un Máster en la Complutense. 22 años. Cargada de vida por abrir.

Hoy ha llegado a casa contenta porque podría trabajar de enfermera tres semanas. Qué ganas por Dios, qué alegría que me he llevado.

Mientras se duchaba, porque parece que ha de hacer unas cosillas antes de entrar al turno de noches, le he pedido que dejase la puerta abierta.

Mamá…mira que no falte paracetamol en casa- me ha gritado bajo el ruido del agua.

Sí mujer, siempre hay, Te duele la cabeza cielo?´-le he preguntado mientras planchaba su blusa preferida.

No mami, es porque no falte!- Me ha constado con voz de canto.

Acabó la carrera en Junio. Tiene una vocación desde niña. Yo no quería que estudiara enfermería porque es muy lista. No es porque sea su madre, es que le cuesta poco memorizar. Yo estoy segura de que puede ser una estupenda neumóloga. Ya ven, desde chica que eso de escuchar el respirar de la gente le fascina.

Si hasta con los dos perros que hemos tenido ha hecho de todo para cuidarlos, diagnosticarles…bueno…si es que las muñecas estaban medio gastadas de tanto auscultarlas. No les digo más. Lo cierto es que su nota de Selectividad ha sido muy alta. Pasa de 8, por lo que hasta el último momento pensé que se matricularía en Medicina. Cosas de madre.

Su padre y yo la hemos animado siempre a llegar donde ella quiera llegar. Y para ser sinceros, no nos ha dolido ni un euro de los gastados en la niña de nuestros ojos.
Toda la carrera pensando que tendría salidas profesionales, porque justo es la primera promoción de Grado, porque el curso pasado no salió ninguna titulada, pero no. La llamaron para una residencia de ancianos, dos semanas, cuatrocientos euros, turno de noche. Un hartón de trabajar porque hay menos enfermeras de las que tiene que haber, pero venía toda contenta. Explicaba de pe a pa todo lo que había vivido, sus logros, sus rabias, sus miedos y sus cuitas.

Ahora estamos contentos pues aunque el Máster es muy caro para nosotros, mi marido hace horas y yo he buscado otra casa para hacer faenas. Todo porque Lola tenga el futuro que se merece.

La he visto salir de la ducha, con su pelo aún mojado, la sonrisa iluminando la casa y esa sonrisa picarona que pone cuando está a punto de hacer una trastada.

Me he sentado a su lado en la mesa y hemos comido. Ella con ese apetito que Dios le dio, y yo levantándome a cada rato para que su comida sea perfecta. Con el yogurt, insistiendo mucho, me ha comentado que el trabajo es en el Carlos III. Que ha de ir a las seis para un cursillo de seguridad y protección de Riesgos Laborales.

Me ha debido ver la palidez y la cara que se me ha puesto, porque jocosa y animada, levantada y acariciando mi cara me mirado a los ojos, diciendo mimosa

- Maaaami, es una buena oportunidad. Las enfermeras de la sexta planta no quieren trabajar con la paciente. ¡Compréndeloooo!.  Es mi oportunidad, porfi…no te preocupes.

Nos hemos abrazado, porque ella ya sé que no, pero yo...yo sí tengo miedo. 


La he visto partir a las cinco, con su coleta negra, su tacones bajos, su sonrisa colocada y su blusa plisada blanca. 



Blanca, como mi esperanza.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Excalibur, un perro al fin

Excalibur, perro de Teresa. Foto de Google

No sabemos ahora si el perro está vivo o muerto. Excalibur ha estado en la terraza, preguntándose dónde están sus dueños, desde ayer. Ha comido, pero echa de menos el contacto humano, porque no conoce otro de mayor valor.

El concepto del tiempo no lo tiene muy claro, pero supone que algo les ha pasado. Lo que ahora no entiende es por qué se acumulaba gente en la calle desde la mañana. Luego han entrado unos hombres de blanco, casi iguales, que olían a miedo. Le han pasado un lazo por el cuello, le han pinchado en el cuello, y antes de dormirse pudo sentir un bozal que le apretaba sobre su hocico. Tiene sed, pero no está enfadado. No entiende qué quieren esta gente, que le hablan con tono suave, pero sudan.

Tal vez ha soñado que le cogían en brazos. Que le metían en una furgoneta con olor a miedo y lejía, y que alguien con traje blanco le miraba desde el asiento delantero.

Sueña luego que mucha gente se abalanza sobre el furgón, que alguien gritaba por dolor en un hombro, y unos gritos de queja.

Pero ahora ya está dormido, en una oscuridad de dudas, donde sospecha que su destino no es el parque del barrio, para pasear y perseguir mariposas.


Teme que si se duerme del todo, pero del todo del todo, no volverá a ver a Laura y a su José, su única familia.

martes, 7 de octubre de 2014

Mujer del Hurakán Cóndor

Foto de Google. Es muy excitante esta atracción. Me encanta

A sus cuarenta y cuatro años, lo de Port Aventura fue la mejor manera de desconectar de esa fiebre que la tenía algo cansada, pero a la que no concedieron la menor importancia. ¡Así olvidaba los días de trabajo en la habitación del padre Manuel!.

Dejaron atrás los días de agobio por ese trabajo. Ese maldito traje que era imposible de llevar más de media hora, quedaba atrás. Con su color diferente por dentro que por fuera. Con sus miedos a un virus extraño y pendenciero. José estaba disfrutando de ese veranillo en Costa Dorada, dejando a su vez atrás un problema de pistones.

Les vi hacer cola en Hurakán Cóndor. Ella estaba con miedo de subir y con ganas de hacerlo. Es la atracción que más le llamaba la atención según me dijo. Ni Dragon Khan ni nada. Lo de ver desde muy alto y dejarse caer en caída libre le producía unas cosquillas en el estómago anticipadas.
Me atreví a decirle que si quería mi abanico, porque sudaba profusamente, pero no lo quiso, y nos limitamos a hablar del calor que hacía para ser ya primeros de Octubre.

En la Cantina, en la zona de México, coincidimos nuevamente. Los burritos son bastante pasables y dejan la puerta abierta a hacerlos más picantes o menos dependiendo si uno se pone salsa con chiles o se limita a una mahonesa. Entendí que Laura se había puesto a discreción de la más picante, porque sudaba, y usaba los pañuelos de papel y las servilletas de la frente  a la boca sin parar. En alternancia casi matemática.

Nos despedimos el sábado, a la salida del aseo del parque temático. José estaba medio piripi en el banco de madera cuando Albert  y yo dejamos el restaurante, que semeja una plaza de pueblo de Cuernavaca vestido de fiesta, con sus guirnaldas de papel y fetiches. La última vez que la vi,  salía del baño, dejando una servilleta arrebujada de humedad en una papelera.

Sé que Laura trabaja en el Carlos III porque lo había comentado en la cola de la atracción. De ella no sé nada más. La edad y sus piernas con varices...y poco más.

Ayer se declaró un caso de ébola en Madrid. En Alcorcón. En una auxiliar de clínica que estuvo en contacto con los padres misioneros que trajeron a España. El resto ya lo iremos viendo.

jueves, 2 de octubre de 2014

Toalla para Martina

Esta imagen es de Google.

Comprendo que parece extraño que vaya escribiendo de avatares domésticos. Lo lamento, porque tengo unos poemas por ahí, a medias, que quieren que les remate, o que les mime, o que les deje volar. Pero, por desgracia, hay actividades cotidianas que me tienen un poco entretenida (y un mucho de confusa).

No es lugar este blog. Lo comprendo. No es un tablón de anuncios de segunda mano, ni tampoco un foro de consultas. Ni del más acá, ni del más allá, pero en alguna parte he de expresar que no sé qué pasa con mis electrodomésticos!.

Mi secadora es ruidosa, como todas, de carga superior, y con bastante capacidad de carga. No me pregunten de hasta qué quilos, porque ese instructivo tampoco lo he leído, pero a lo que iba.

Tengo una toalla que me regaló una amiga, Martina, tras coincidir en un viaje a… bueno, a una ciudad con playa, del norte español. Me acompaña cuando voy a la playa. Casi siempre. Tengo otras, pero esta me la siento como que muy a mi medida. No he tenido ningún problema hasta la semana pasada, en que se la presté a una chica, con la que coincidí en un camping.
Mujer joven, muy partidaria de unas sesiones de magnetoterapia en un centro de medicinas alternativas de Barcelona , y con tal necesidad de ser escuchada, que me tuvo toda la noche de mi último día de vacaciones, al filito de la piscina de un camping. Uno precioso en las Montañas de Prades. Pues ahí sentadas bajo una luna enorme, estuvimos toda la noche. Enterita.

¿Qué tenía el cuerpo de esa mujer?, pues estoy contactando ahora con recepción del camping,  por ver si con los pocos datos que sé de ella me pueden facilitar los datos para ponerme en contacto, porque esa toalla no se seca. No desde aquella noche en que la cubrió por completo al salir de la piscina, helada como la muerte,  y sonriente como una niña por Navidad.

El sol ya asomaba entre las copas de los árboles cuando nos despedimos a la entrada de su cabaña. Entonces me regresó la prenda, mojada, como es normal. Yo no me había atrevido a bañarme en ese lago cuadrado de agua helada, pero ella se zambulló, nadó poco y se mantuvo haciendo el muerto un par de veces. Así, boca arriba, iluminada por la esfera inmensa de esa noche sin nube alguna me pareció una visión extraña, me recordó a algas. No sabría decir si por su melena tan larga flotando o por qué imagen me inspirase. Siempre creí que había sido mi escucha atenta y mis gestos amistosos lo que la dejó tan feliz al despedirse de mí con un beso sonoro, pero ahora no sé qué pensar. Hace una semana y la bendita toalla no hay quien la seque. Ni al sol, ni  a la sombra. Que no hay manera. He probado ese electrodoméstico que intento poner poquito, pero si escribo este post, es porque no funciona.

La secadora hace el sonido propio que hace siempre. El calor que exhala se nota desde fuera, y se respira al abrirla, pero la toalla sigue húmeda y con olor a barro. A ese olor a la arcilla que compramos para las actividades del cole de los niños. Ese olor. De alfarería.

Les tengo que dejar porque ahora intento buscarla en Facebook. También se llama Martina, ahora que me percato, pero el apellido es muy poco usual, y no puedo ponerlo aquí. Ya disculparán.