domingo, 26 de octubre de 2014

El veroño, esa nueva estación



En la playa el termómetro marcaba 27 grados. Con un sol de poca broma, el bañador sigue por ahí. Sin guardarse, pero ahora anda cerca de la mantita que me echo sobre las piernas para leer, cuando la tarde va en retirada.

Ayer, unas jovencitas se enviaban mensajitos sobre el veroño este. Me parece una palabra imposible, pero veraz. Es esta estación, a caballo entre el verano, con su manga corta y su luz, y el calendario tenaz. Este cabalgamiento se empeña en que los panelletes, castañas y boniatos anden por las estanterías del supermercado, pero que no podamos dejar de mirar a los granizados, y otros frescores de los aparatos de congelación.

En la playa sigue varada la cometa que perdieran la parejita feliz un día de Agosto, y esa imagen congelada en la retina, me acentúa las sensaciones confusas de mi estancia por la playa este fin de semana.

Poco puedo decir que no imaginen quienes viven en España este otoño. Vemos los anuncios de flores para el día de los Difuntos, y la ropa de otoño-invierno con un acento en la vista de incredulidad. Porque son imágenes de otoño, que vemos en mangas de tirantes.

Por si les sirve de consuelo, sepan que esta mañana una abeja andaba revoloteando sobre unas flores pletóricas. No sé si saben que me producen desasosiego, pero es así. He buscado una prenda de ropa para ahuyentarla. A mi izquierda el bañador que ya estaba seco, y a mi derecha un foulard de lana que anoche tuve que usar. He usado el foulard, pero milagro que no fuera una bufanda.

Me falta una comida que mezcle sabores y texturas, así que me pediré  un granizado de castañas,  si lo encuentro, para dar fondo a la visión de las golondrinas perdidas que surcan el cielo. Imagino que la líder anda perdida para emigrar al Sur, en busca de calor, porque por aquí sigue haciendo en demasía.

El abanico no lo llegué a sacar del bolso, así que ha venido bien. Por lo demás, con el cambio de hora, a las seis, hasta ayer las siete, será casi anochecida, y sin querer, buscaremos un gazpacho en la nevera, tras sacar el ahuyentador de mosquitos para no despertarnos con el zumbido de esos insectos veraniegos.



12 comentarios:

  1. Los animales y las plantas, que todavía no están tan locos como nosotros, deben andar desconcertados. En inviernovera se lanzan los árboles a florecer, engañados por el tiempo primaveral, para que venga una helada con la rebaja y los deje compuestos y sin frutos. Ahora aquellas que aprendieron nuestros nombres dicen que si no van se evitan el viaje de ida, el de vuelta y aprender otros nombres nuevos. El problema será cuando les pille descolocadas el inviernovierno, que supongo terminará llegando.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Los ciclos de la naturaleza, que andan un poco como los tiempos que nos tocan vivir. Imagino!. Al final tengo una picada de mosquito. Y las castañeras no se atreven a salir vestidas como tales, por miedo a un golpe de calor ante la lumbre. Las mantillas, esas badilas para el carbón...qué poco combina con los tirantes, por Dios!

      No sé yo...pero los duendecillos siguen haciendo de las suyas. Un abrazote.

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  2. Curiosa entrada de otoño esta, en la qué el verano no se acaba de ir, teniendo que intuir el día sin frescor para ponerse de más o menos ropaje, las castañas y boniatos, mejor en fresca compota, aunque el moscatel, siempre puede endulzarnos la tarde.
    Un beso.

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    1. Es un poema este veranillo de no sé ya!. Luego vendrá el frío de golpe y recordaremos estos días, con envidia, pero de momento los insectos y aves va perdidos. Yo también, pero eso es una condición de mi manera de ir por el mundo, aunque lleve GPS. Tengo un pijama largo y corto, por si la noche requiere una u otra prenda. La mantita de leer por si...y el ventilador sin desmontar por si..en fin que vivo en un por si acaso!

      Un beso, Alfred.

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  3. Tengo unas ganas de frío...
    Esta mañana no se podía estar al sol.
    Me siento estafado.
    Aunque recuerdo castañadas de hace años también muy calurosas.

    Besos.

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    1. Comer castañas en manga corta ya no nos pilla de nuevas, eso es verdad, pero apetece ponerse una buen rebeca...sentirse cobijada bajo una manta..esas cosas del invierno...no sé...tardes más cortas, noches más largas...pues más fresco!

      Un beso.

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  4. Un poco descolocados nos tiene este tiempo. Yo sigo pensando en clave verano, pero cuando miro de reojo el calendario ¿?
    Besos

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    1. Miramos el calendario antes de salir de casa, al confirmar en el espejo que se acercan los días de esas visitas al camposanto...y seguimos en tirantes!

      Un beso.

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  5. Período de transición le llaman, cuando el verano se niega a irse y el otoño sufre un ataque de timidez. ¿Qué queda sino seguir disfrutándolo? Ya vendrá el otoño y se extrañará ese verano que se aleja.
    Aquí el invierno ya se fue y la primavera, después de algunas vacilaciones, ya adornó con flores amarillas los añosos pimientos...

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    1. La magia de las estaciones, que cual estaciones de un trayecto de tren, son puntos donde repostar las ganas...de seguir mirando los ritmos de la naturaleza.

      Por muchas primaveras, por muchos otoños, por cada estación o apeadero que nos abreve la sed de seguir vivos. Un cordial saludo.

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  6. Por estas fechas de tú entrada, he querido disfrutar del verano que no hemos tenído. Bajé a la playa toalla al hombro, y tras girar mis brazos cuales aspas de molino de viento, inicié una leve carrera al encuentro con las olas. Me lancé sin pensarlo y la respiración dijo basta. Quedé un poco atónito. Algo no cuadraba. Me coloqué mis gafas de buceo, y entre tiritonas pude ver a un pez ya con escamas de invierno.
    Besotes salados.

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    1. Cual molinillos de viento, mis brazos se agitaron en el mar de mis veranos, pero, entre tiritonas, como tu, me encontré con el cubito de un cangrejo, guiándome un ojo.

      Yo me salí rauda...no se congelase la toalla, ya húmeda. Un beso de pleamar.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.