jueves, 2 de octubre de 2014

Toalla para Martina

Esta imagen es de Google.

Comprendo que parece extraño que vaya escribiendo de avatares domésticos. Lo lamento, porque tengo unos poemas por ahí, a medias, que quieren que les remate, o que les mime, o que les deje volar. Pero, por desgracia, hay actividades cotidianas que me tienen un poco entretenida (y un mucho de confusa).

No es lugar este blog. Lo comprendo. No es un tablón de anuncios de segunda mano, ni tampoco un foro de consultas. Ni del más acá, ni del más allá, pero en alguna parte he de expresar que no sé qué pasa con mis electrodomésticos!.

Mi secadora es ruidosa, como todas, de carga superior, y con bastante capacidad de carga. No me pregunten de hasta qué quilos, porque ese instructivo tampoco lo he leído, pero a lo que iba.

Tengo una toalla que me regaló una amiga, Martina, tras coincidir en un viaje a… bueno, a una ciudad con playa, del norte español. Me acompaña cuando voy a la playa. Casi siempre. Tengo otras, pero esta me la siento como que muy a mi medida. No he tenido ningún problema hasta la semana pasada, en que se la presté a una chica, con la que coincidí en un camping.
Mujer joven, muy partidaria de unas sesiones de magnetoterapia en un centro de medicinas alternativas de Barcelona , y con tal necesidad de ser escuchada, que me tuvo toda la noche de mi último día de vacaciones, al filito de la piscina de un camping. Uno precioso en las Montañas de Prades. Pues ahí sentadas bajo una luna enorme, estuvimos toda la noche. Enterita.

¿Qué tenía el cuerpo de esa mujer?, pues estoy contactando ahora con recepción del camping,  por ver si con los pocos datos que sé de ella me pueden facilitar los datos para ponerme en contacto, porque esa toalla no se seca. No desde aquella noche en que la cubrió por completo al salir de la piscina, helada como la muerte,  y sonriente como una niña por Navidad.

El sol ya asomaba entre las copas de los árboles cuando nos despedimos a la entrada de su cabaña. Entonces me regresó la prenda, mojada, como es normal. Yo no me había atrevido a bañarme en ese lago cuadrado de agua helada, pero ella se zambulló, nadó poco y se mantuvo haciendo el muerto un par de veces. Así, boca arriba, iluminada por la esfera inmensa de esa noche sin nube alguna me pareció una visión extraña, me recordó a algas. No sabría decir si por su melena tan larga flotando o por qué imagen me inspirase. Siempre creí que había sido mi escucha atenta y mis gestos amistosos lo que la dejó tan feliz al despedirse de mí con un beso sonoro, pero ahora no sé qué pensar. Hace una semana y la bendita toalla no hay quien la seque. Ni al sol, ni  a la sombra. Que no hay manera. He probado ese electrodoméstico que intento poner poquito, pero si escribo este post, es porque no funciona.

La secadora hace el sonido propio que hace siempre. El calor que exhala se nota desde fuera, y se respira al abrirla, pero la toalla sigue húmeda y con olor a barro. A ese olor a la arcilla que compramos para las actividades del cole de los niños. Ese olor. De alfarería.

Les tengo que dejar porque ahora intento buscarla en Facebook. También se llama Martina, ahora que me percato, pero el apellido es muy poco usual, y no puedo ponerlo aquí. Ya disculparán.

17 comentarios:

  1. Respuestas
    1. A ver si ella contacta conmigo y me sugiere qué hacer, porque quiero poder guardarla en el armario!.

      Un beso

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  2. ¡Qué interesante relato, tan sugestivo y lleno de misterio! Me gustó.

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    1. Gracias. En un poco inquietante todo. A veces hasta algunas pequeñas cosas, como una prenda de baño, pueden dar juego.

      Un cordial saludo.

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    2. Las pequeñas cosas también inspiran, mira qué relato más bonito te ha salido, si es que sabes conjugar frases y hacer de cada cosa un mundo enriquecido, eres bella prosa.

      Un beso.

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    3. Las pequeñas cosas...pueden albergar un mundo.

      Un beso, María.

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    4. Pensaba que tenías algo nuevo.

      Te dejo un beso deseándote feliz domingo.

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  3. Me ha gustado tu relato lleno de sugerente misterio. Abrazos.

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    1. Gracias Francisco. Y FELICIDADES en el día de tu santo!

      Un abrazo

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  4. Pues tampoco el nombre de Martina es muy común. La Navratilova, la que te regaló la toalla, la que te la mojó y no muchas más. El nombre parece que viene de Marte, el dios de la guerra, pero no parece que tenga mucho que ver. O sí.
    Si es que no se te puede dejar sola.
    Un abrazo.

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    1. Las mujeres marcianas son especiales, más que las selentitas. Más de arcilla y menos etéreas, pero dejan huella. Como el lodo que se forma en los caminos cuando la lluvia fue intensamente gozosa, bestialmente humana y nutritiva. Creo, Macondo, que muy segura no estoy, y eso en el supuesto de que Martina sea marciana, que será que no!.:-)

      Un abrazo.

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  5. Tendrás que exorcizar la toalla.

    Besos.

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    1. La bañé en agua bendita y dejé secar al sol de Octubre fugaz. Te confirmo que se mantiene el olor a botijo, pero está seca, bajo un hatillo de jazmines. A ver si compensa el aroma. Ah, he usado una cinta blanca de seda para atar las flores. Es de otro torbellino de lavadora. :-). Perdí un cordón blanco de zapatilla de tenis, no de ballet, pero bueno...me sirvió!.

      Un beso, sin posesiones diabólicas, ni divìnicas. Divinas tampoco.

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  6. Tengo la sensación de que tu manera de contar se va ahondando, haciéndose más envolvente. Como esa toalla de (para) (con) Martina. Mucho nivel, compañera.
    Abrazos, siempre

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    1. La toalla quedó impregnada de algo que quizás no debí intentar hacer desaparecer, porque ahora, al mirarla, me envuelve una desazón extraña, al ver el nombre de (hasta) (sin) Martina bordada en ella.

      Un abrazo naranja.

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  7. Da la sensación de que has construido un personaje de barro, le diste los últimos toques con una de tus toallas, la más querida, por ser recuerdo de una mujer importante, y que el resultado se ha ido a vivir su vida, dejándote en prenda su humedad vital.
    Un beso!

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    1. Era la idea Alfred, una mujer de barro, dejando una humedad en la vida.

      Un beso.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.