viernes, 28 de noviembre de 2014

El orador

Imagen de Google

Las palabras habían ido cayendo, primero de poco en poco hacia mi mente, hasta llegar a ser una cascada de la que no podíamos bajar. Al menos yo, creí al principio, que era porque el tema me interesaba. Pero luego he observado por el rabillo del ojo, cómo la personas cercanas a mi butaca también iban mirando sin poder perder pistonada. Siguiendo todos  la deriva de esas frases que nos llevaban a un clímax de conceptos de la oratoria. Con esa expresividad, que iba en aumento. Con respiraciones cada vez más superficiales, y mirando esas manos, que al final dibujaban, con un previo movimiento parecido al punto del despegue, que estábamos pendientes de descubrir la verdad de todas las verdades. Se abría a nuestros ojos  la madre de la verdad absoluta cuanto menos.

Tras su -Gracias-,  que nos ha llegado cuando  estábamos medio encogidos, y sin aliento en las butacas, hemos salido a un hall luminoso y amplio, donde nos esperaban unas mesas con manteles blancos,  y unas bandejas con pastelería sobre ellas, así como termos de café y de leche, en un silencio extraño.

He visto defender hipótesis de manera apasionada, pero lo de esta mañana ha sido una navegación a la obsesión, al más puro estilo de la enajenación. 

En el coffe-break me temo que nada recordamos ya de ese conferenciante. El nombre a duras penas y el tema,  y poco más, porque nos descubro, preocupados, dándonos disimulados codazos, por llenar esas tazas de loza blanca, de un café más que aguado.

Intentando que no se derrame el contenido, ni la cucharilla que tintinea amenazante, entre la marea de congresistas que hemos asistido, mal desayunados, a la clase magistral de un genio de la oratoria, acabo viendo al conferenciante hablando. Con una organizadora de la Jornada, sin un congresista que llevarse a la boca, de los debates.

Un discurso famoso, llevado a las pantallas, en la película "El discurso del Rey", Oscar a la mejor película y al mejor actor de 2010
Tomada de Internet


16 comentarios:

  1. Siempre ha habido grandes vendedores de humo.

    Besos.

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    1. Y absortos oyentes, o compradores de puro humo, como cuando los encantadores de serpientes tocan sus instrumentos adormecedores. :-)

      Un beso.

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  2. Qué buen texto, Aldaba, desde la observación del espectador que está en la butaca escuchando al orador, y es que cuando el tema interesa creo que el orador se debe dar cuenta de que el espectador está pendiente tras sus palabras sin quitarle ojo.

    Un placer siempre leerte.

    Un beso enorme.

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    1. Hay vendedores de humo, como dice Toro, y era mi idea al escribir. Cuando al fin nos descubrimos con hambre ante un café, ese estado de arrobamiento ha bajado, como los souflés, pero entretanto...qué pico de oro!. Pues sí, estábamos todos pendientes y abducidos por un orador, que sin ser feriane, nos vendía la panacea de lo deseable, entre imposibles

      Un placer verte por esta, tu casa. Un beso, María.

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  3. El orador, una de las profesiones más antiguas, más antigua que la escritura. Se puede hacer mucho con la oralidad. Hasta cambiar formas de pensar. De eso la historia tiene un buen carrete.

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    1. Esa era la idea. Creo que el arte de la oratoria, es un arte, sin dudarlo. De hecho intuyo que debiera ser de obligado estudio en líderes naturales, para llevar cambios profundos a la sociedad.

      Pueden vender humo, y ahí está el peligro, pero ojalá yo tuviera un Obama en mi manera de exponer mis opiniones y anhelos. Un cordial saludo.

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  4. Un buen orador, puede vendernos humo o incendiarnos la vida, en los oídos de los concurrentes al acto, está el escoger y discernir, lo que pueda interesarnos.
    Si al final del acto, ante un café sin pretensiones, nadie es capaz de acercarse al protagonista para recabar ese algo más que te falta, es que no a conseguido calar hondo.
    Un abrazo.

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    1. Es que los encantadores de auditorio, si no son magos, se aprovechan de estado de fe ciega previa. :)

      Un abrazo

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  5. Charlatanes al fin y al cabo.
    Un abrazo.

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    1. Los hay. Vendedores de humo totalmente. Que nos enredan entre frases grandilocuentes que dicen lo que uno quiere escuchar, o lo que uno diría...si pudiera.

      Un abrazo

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  6. La oratoria es un arte que está de capa caída, muy pocos son los que merecen ser escuchados.Buen texto Albada.

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    1. Pero es un arte que echo en falta cuando veo a un plasmado..ya ves!

      Un abrazo.

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  7. Blablablabla... Mejor "No repitas jamás lo que has oído, y no perderás nada".
    Grato leerte y que me leas.

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    1. Pues casi que podía hacerse el resumen que propones!, o algo así como " cuando llueve sobre mojado, los blablaba toman las calles".

      Un cordial saludo, de paseantes por calles de blogs.:-).

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  8. A veces nos olvidamos que las palabras son bellas cuando no se sueltan amenazantes. Saludos.

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    1. Las palabras son embaucadoras si uno las usa con tal fin, y bálsamo cuando curan...creo que el poder de la palabra es casi ilimitado...pero bien usadas, son buenas armas.

      Un saludo, Nel.

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