miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz Año



Quien más quien menos hemos sobrevivido a la Navidad y al Fin de Año. ¡Y con qué estrés!



Pasada la etapa de montar un Belen, o el pesebre. Con un río de papel de aluminio que de tan limpio parece imposible, y con esas palmeras que luego rociamos con nieve...que ya me dirán que contradicciones!. Y con ese niño Jesús tan desnudo. Pero si era de Noche, pobrecito!, y venga a llevarle los pastores ovejas y gallinas...Un buen abrigo, por favor!. Eso si no hemos optado por un abeto de Navidad, que manda narices el gusto de comprar uno natural y la bobada de uno sintético, pero que en ambos casos hay que calcular tamaño de adornos y número, porque no quede la cosa atiborrada, o de una pobreza de espíritu que quite el alma. Y si se decide poner las dos cosas...bueno, un máster de cálculo y física cuántica como poco.


Todo el mundo lo pasa bien en estas fechas. Pero qué agobios en cena de Nochebuena no? Y eso si es que no hay cuñados pesados en enseñar su ipod. O en Cataluña tengamos algún invitado con afán independentista, porque entonces ya la cena se convierte en una maratón de diplomacia!.
Del Tió o Papa Noel es que ya es un tema aparte. Más estrés en compras, más  dotes adivinatorias de gustos..en fin, que uno acierta o no acierta, pero siempre, y eso es verdad, el espíritu de la Navidad invade de buena voluntad las intenciones, y por ende, los presentes que se obsequian y se reciben.

Lo de la noche vieja es más estrés si cabe, pero esta vez más de mucho más, porque además este estrés viene con límites  de reloj en mano. Las compras para la cena son de episodio de guerra de obstáculos, y su preparación de tetris en acción, porque se ha de cuadrar con la preparación de uno mismo. Y es que está feo empezar el año hecho unos zorros!. Y ojo a los preparativos para el brindis y las doce uvas. De lo segundo por no descontarse al preparar la docenita exacta, y que no tengan semillas! porque entonces, ya si hay que pelarlas y quitarles los pipos, requieres un tiempo y una destreza que no tenemos ya tras atracarnos en la cena!.

Ay, las doce menos diez ya??? Y esas explicaciones de la bola y los cuartos...como si ese reloj fuera un misterio como el boson de Higgs!. En fin, que no falte ropa interior roja, (ay!), y anillos de oro en las copas...ay de ay!, y ojo que empiezan las campanadas.(ay, que si suenan los cuartos..)...Tong. ¡Ahora, ahora, va... Una...!! Tong...¿Cómo que seis? Tong...¡Eh!, ¡deja mis uvas! Tong... ¡Es que se me ha caído una con el gato! Tong... grounfffffff... Me sobró una uva!.. Pues a mí una campanada!

Se sobrevive tragando o engullendo, para brindar y darse un beso ¡con la boca llena! Feliz año, eeeeh, felicidades, grfdddfd... Y ahora suerte que no suenan los teléfonos!. Porque nos pillaban los buenos deseos con la boca sin poder hablar oiga! Vaya manera de empezar el año, no?

Lo malo es que tienes la obligación de divertirte. Así que hay quien remata con fiestuqui, disfrazados de vampiresa, o de duque cuanto menos. Ellas con tacones y con más frío que un cubito, y ellos con baños de desodorante, y chorreando gomina en el pelo. No todos, seamos francos.

Yo ya mejor que no. No estoy para que alguien me coja por detrás gritando Congaaaaa, porque a ver cómo escapas de una de las doce congas que puede haber en un garito! Si hay riesgo de colisión, o con otra conga, o con una columna vestida de adornos navideños! Y eso que no haya heridos, porque si no, tras la ambulancia sigue la fila de congueros hasta el hospital, donde el personal de guardia aún lleva los gorritos y/o, los collares de hawaianos, porque estar de guardia no implica no celebrar un poquillo la Nochevieja. Porque seamos francos...si uno no disfruta de estas fiestas...cuándo va a disfrutar uno, no?

Lo dicho, que habiendo sobrevivido ya...sólo nos queda disfrutar del Año que empieza, Feliz Año! 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Varita mágica, regalo feliz

Mi regalo de Navidad de amigo invisible. Traía un billete que es un papel.

Un amigo invisible, humano, preciado, sensible y que valora la simpleza y mi simpleza, me ha regalado un palo. La caja era blanca, el lazo naranja, bien puesto y feliz, y albergaba el palo que pueden ver.

No lo había pedido, pero hay un anuncio que me entusiasma. Por el entusiasmo del niño al recibir el presente. Igual  es que la magia inundó el corazón de ese amigo invisible, porque me llenó de felicidad el regalo. No imaginen mi expresividad, ni por edad, idéntica a la del niño. Pero que me hizo ilusión, no lo duden. Pero mucha.


Así que para hacer conjuros, es decir, poder alejar a los malos espíritus de la pobreza, de los desengaños, de las tristezas a flor de piel y otros pesares, voy a usar el palo para fabricarme una varita mágica.

Cómo se hace. Pues es muy sencillo, porque he asistido a un colegio de alta magia y baja superstición, y allí tomé notas en un cuaderno de fantasía, con tapas de siempre-quiero, y espiral de ambrosías de buenos deseos.

Primero se ha de hacer una depuración de ramitas, pero ligera, porque si no va a parecer una aguja de hacer calceta, y no me apetece ser un peligro para nadie. Afilar, mejor poquito. Pero muy poquito, pensando en batuta, más bien.

Para que adquiera sus características de magia potagia, se ha de inmersionar en una pócima de buenos augurios, durante una luna llena y media de tiempo, y en un recipiente con un litro de besos. Esto se ha de seguir de manera muy estricta, y en las unidades se ha de ser muy exacto, porque si no, los ingredientes no funcionan.

La poción ha de ser personal, así que yo he elegido los ingredientes obligatorios (agua, sal y azúcar) y además canela, hierbabuena, zumo de limón y plumas de ave fénix. He dejado de lado la fibra de corazón de dragón, y el pelo de los calvorotas de Mayo, así como las garras de tigres y tigresas, la esencia de púas de erizo y cualquier otro ingrediente o resto de seres vivos, incluido de cuerno de unicornio.

A medida que se incorporan los ingredientes de ha de ir recitando el qué y el para qué de cada uno. Por ejemplo. Pongo plumas de ave fénix para endulzar este hechizo, y un poquito de limón, para que todo tenga mejor ritmo. Añado este azúcar para que huela rico, y este soplo de risa, para que se rice el rizo. 
Cuando el agua burbujeante está lista se nota, porque huele a fantasía, y casi se duerme al ser removida con esmero y cantarela de fondo. Sólo resta depositar la vara, dejarla esa luna y media, y ver cómo se convierte la humilde rama  en una varita mágica de verdad.

Con ella espero hacer la magia de ayudar a ser feliz a mi alrededor. Claro, que seguro que con quien primero lo pruebo, será conmigo misma!.

Ya les diré si consigo tanto conjuro como deseo. Lo que no sé es si funcionará sólo en mis manos, o podré prestarla.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Ritual de solsticio de invierno

Para todos los que transitan por este rincón, con mi gratitud por ello. Gracias.
Ando presta a hacer un conjuro, un ritual para el solsticio de invierno que tendremos a las doce con tres minutos de esta noche estrellada. Cuando el día es más corto y mis deseos de hacer balance me permitan ponerme las gafas de leer, con pocas ganas de engañar al espejo de los poemas por inventar. Porque la vida es un poema. A veces un soneto que se nos escapa entre los dedos y sin saber cómo.
He buscado y encontrado un ritual, que sólo necesita una vela blanca, dos papeles, unos ajos, y un pañuelo blanco de algodón, así que, a falta de componentes más esotéricos y de doctrinas más heréticas, que yo de bruja tengo poco, pues tengo de todo. Es quemar obstáculos y emprender deseos. Y tiene unos pasos a seguir que son fáciles, así que...
El ritual dice así
Primero. Determina de la forma más precisa los obstáculos que se te han presentado hasta ahora (muchos los son por tu manera de actuar) y anótalos en un papel. Bueno hay obstáculos que no sé si me he puesto yo misma o se me han colado por las rendijas de la mala suerte, pero vale...tomo nota, con letra redondita, que se pueda leer. 
Segundo. Define tus objetivos e intenta planificar por meses en su consecución. En otro papel. Numéralos por la importancia que les otorgas. Y ya van dos papeles, y por papeles no hay problema, que tengo, así que ahí voy, será como una carta a los Reyes, con remitente el tinta de boli, a falta de tinta de calamar. Ya está.
Tercero. coge cinco ajos y numera cada uno correspondiendo a cada deseo u objetivo, y dispónlos alrededor de la vela blanca.Bajo ella pondrás el papel de los deseos, y con su llama harás arder el papel de lo que quieres dejar atrás. 
Cuando sea el solsticio, se ha de prender la vela, y mientras se quema el papel de lo que quieres borrar, se debe visualizar lo que se desea tener. Ese papel quemado, sus cenizas, se han de enterrar. Y los ajos, con el papel de los deseos, poner en el pañuelo de algodón, blanco y guardar.
Mientras se quema el papel con lo escrito que nos dificulta los logros, hay que visualizar los objetivos.Y luego, cada mes mirar qué tanto se ha avanzado en los deseos.
Ya les diré si sirve para algo, pero como uno de mis deseos es que mis amigos blogueros estén de salud esplendorosos, y que me sigan haciendo disfrutar con sus letras, parte de la Carta a SS MM los Reyes Magos de Oriente, ya la sabrán ustedes:-)
Feliz entrada de invierno, feliz otoño que dejemos atrás con sus caducas hojas y sus lindos colores, sus nieblas, y sus tardes menguantes. Con sus prisas en traer nostalgias y sus ratos de tristezas. Que abran paso los cielos despejados, que el frío llega, para conservar la luz de las primeras nieves. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

Pasar el rato

El crucigrama de ayer era muy fácil- Leí en un un post que añadía la siguiente foto


Me reí tanto, que decidí pasar el rato con el crucigrama de mi diario impreso habitual, pero como ya le tengo cogido el truco al autor, me duró cinco minutos. Y la vida no es eterna en cinco minutos, por lo que abrí el libro de la biblioteca que había retirado ayer, junto con otro. La bibliotecaria sabe que mejor tomo de dos en dos, porque soy tan de lecturas anárquicas que prefiero tener un par de libros empezados.

En este, de un famoso anciano que se había escapado por la ventana, yacía a modo de punto de lectura, un billete de tren. 

Del siete de Julio de 2013. Mira, me dije, 5713, y del viaje de un chaval menor de veinticinco años, porque el billete había sido pagado con un carnet de joven.

Yendo a mirar unos cuadros, por la tarde, me dio por comprar un número de los ciegos, de la ONCE, cosa que no hago jamás, la verdad. Pero un 5713 estaba ahí, guiñando un ojo. Y era a mí, no me cupo duda.

No sé si decirles que me ha tocado, o mejor me lo callo, porque ahora...dudo si volver a la biblioteca a preguntar por el nombre de quien tenía este libro hace un año, y compartir con él o ella las ganancias, o simplemente agradecer a la suerte que ese libro, tantas veces pospuesto en su lectura, me haya traído este regalo...de Navidad.



jueves, 11 de diciembre de 2014

Entre villancicos fríos

Imagen de Google



Se acerca la Nochebuena
y los desencantados idean cómo huir por Navidad.

Acabó por decir que lo hizo mal adrede.
Agotaron ambos cada nudo de las lágrimas por brotar.
Ahorrando la culpa de Eva, y esa precariedad en los besos.

La  emborrachó a propósito para hipotecar su boca.

Cayó la luna, con sus bombillas de neón de alegría impostada.
Cayeron las horas, en una cama sin mariposas de luces.
Cabalgando  en la noche de los deseos perdidos, y el rumor de las olas.

La dejó tapada, en la habitación de las bagatelas, de su piso de arrabal.

Se acercaba Nochebuena
Y los desheredados iniciaban el maquillaje de su soledad.