miércoles, 25 de febrero de 2015

En el trajín de la Granvia

Sonidos de la Granvia. De Modesto Trigo


La Granvia estaba ya habitada, como entre líneas de Antonio o de Modesto, en una invitación a los sentidos. Como los entresijos entre las pecas de una mujer menuda, y las ganas de contarlas de él. La mañana debutó con unos churros de San Ginés, oliendo a gloria entre fogones de los aromas de unos botones de un abrigo de cheviot. 

Esa mujer que desayunó sus ganas de leer la prensa sin prisas, resultó que  respiraba los rincones de los callejones, con ojos de adolescencia y zapatos de manoletina, faldita a cuadros de monjas y cuadernos de espiral de papel cuadriculado. Lejana ahora, a sus tacones de vértigo,  y a las miradas que provocaba el sonido de sus pasos en los adoquines de la promesas.

Él había abierto la mañana, casi leyendo mientras miraba a esa mujer de ojos de luna llena, y mirada ahíta de aromas de pasado reencontrado. La había seguido entre incipientes amaneceres de anhelos, y un presente en el que llegaba al fin a la avenida. 

La luz la envolvió con sol de primavera, dejándole hechizado, de tal manera, que sintió cómo calaba hasta los huesos un interrogante al destino, en  forma de arquero, paseando por un Madrid, tatuado en el corazón.

martes, 10 de febrero de 2015

Esperando la primavera de mar


Me senté a esperar el talle de tus anhelos, y la rubia presencia de tus besos a media voz. Se hizo de noche, pero regresé al día siguiente, dejando que mi presente acariciara el cielo de los deseos más escondidos, entre los pliegues de tu cintura, sin escalón.

La silla, solitaria ante el mar de mi quimera, me sirvió para esperar, y esperarte, entre ensoñaciones de viejas letanías, a que hermosa, aunque indecisa, inundaras de realidad mi mundo de fantasía entre caracolas de ultramar.

Te vi llegar, al fin, un día...con un carro de algas y de risas, entre mil ojales en tu camisa de seda marina, que llevabas por desabrochar.

lunes, 2 de febrero de 2015