domingo, 19 de julio de 2015

Gaudí y sus escaleras

Foto de aguirrrefotobcn. Interior de la Pedrera



Voy a perderme en tu escalera. Entre los escalones de espuma de un fondo marino con burbujitas de mar donde tú esperas. 

En el ascenso, hacia al cobijo de las palomas de esa azotea de guardianes de  sueños, me dejaré mecer por  las imposibles esquinas de tus deseos.

En el ascenso, deslizándome entre la brisa lunar, remontaré, entre irisadas esferas, las curvas de tus desilusiones, y de mis cuitas. A horcajadas de mis dudas y de tus miedos.

En en ascenso, cerrando los ojos con vendas de heridas resanadas, te ofreceré la mano, como a otro ciego, en laberintos de caracolas, sin restos ya lamentos.

Y llegaré a lo más alto de tu edificio maltrecho, a golpes de ausencias rancias, de pretendidos logros, y de desaprovechados ecos.

Para llevarte conmigo. En el ascenso


sábado, 18 de julio de 2015

Plaza de los suspiros de mar


Foto de Aguirrefotobcn. Plaza de Felip Neri, en el gótic barcelonés. 

Bien temprano Juan se cortó las uñas de los pies. Y de las manos. Repasó dos veces su aliento a menta, para hilvanar el día en que se vería con Paula, la amiga de noches de delirio... y de fantasía.

Bien afeitado, tres hojas en la maquinilla, se puso la camiseta negra, con una frase de risa. Vistió un tejano pirata, que aún enarbolaba apresto de estantería, y etiqueta de "sablazo" de marca, con dosis extra de alevosía. Imposible encontrar mejor ocasión de estreno, se dijo. Y es que ella parecía rezumar amapolas,  y caracolas de mar, y azuladas alegrías, entre sus emitonos de infantil caligrafía. ¿ya no existen las cartas manuscritas?.

Juan se calzó deportivas negras, con una pelotita insertada. Aplicó polvos del Dr Sholl por el interior de lona y zarandeado el calzado, estornudó tres veces y tosió durante un rato. 

Paula llegó tras los quehaceres habituales. Llegó un pelín tarde, sofocada y sin maquillaje. Ni tacones. Ni más abalorio que unos pendientes de aro. Polo blanco y  vaquero gastado. Con chanclas, y desatando la huida de unas palomas feas y voraces.

Se encontraban en la Plaza Neri, con las miradas sonrientes y con los labios sin prisa. Derrocharon palabras, posturas, gestos de algarabía, risas en estéreo, sudor en las axilas... Y hablaron denso y seguido sentados en la fuente seca. Y rieron como la brisa, bajo la sombra de un árbol. Sin saber cómo, se dieron un primer beso, que se convirtió en tornillo. Y se rescataron luego de sueños... inagotables, y de caracolas marinas y de sirenas de bosque, y de volcanes sin fuego, para, en la boca, dejarse caer en las playas de las certezas perdidas. cayó la tarde  y las tripas denunciaron abandonos, por los relojes varados en las pestañas del otro. 

Con las manos entrelazadas, dejaron ir las lunas de los suspiros, las semanas de preludio, las noches frías...desabrochando anhelos de sal y terciopelo, de arroyos con helechos, de aroma a profecía, de amor con besos.

En la sombra de la noche engalanada por farolas, les vieron alejarse hacía una horchatería. Desde una foto de verano, les deseo un camino largo, y que sin dejarse de la mano, recorran la más dulce y mejor...de todas las travesías.

Barcelona en blanco y negro

Foto a la puerta de Santa María del Mar. Barcelona.  Obra de Aguirrefotobcn

Se atrincheró la tristeza bajo el cabello. Sobre la silla... el tedio reposando en el zaguán de unas páginas que quedaron atrás. 

Barcelona esconde el sabor de los triunfos cosmopolitas. Posee mil guiños de un turismo enfebrecido. Atesora noches planas y hasta auroras de tibia indiferencia. O nos regala pasados, a la espera de un incierto futuro. porque está viva y late la ciudad de los prodigios.

Esta imagen me habla de un fracaso, de una desilusión, o de una soledad tal vez, pero a recaudo de aquellos ojos que nunca sabrán ver del todo lo que envuelve una mujer sentada a la puerta de una iglesia. 

Magnífica mirada la de esta foto, que rescata del tedio de tan grande olvido, a esa anciana que encarna, ante la vida que pasa y galopa en una plaza, la olvidada presencia de una pose para el diafragma avizor.

Tal vez a punto de darse por vencida...una anciana sola y sentada... mendiga cual estatua viviente de algunas ramblas...estática ante la gran ciudad.

viernes, 17 de julio de 2015

Michogato sobre el techo de lata

Foto de Internet

Michogato es esa mascota perdida, que vive en la calle, pero que no apatrulla la ciudad. Quiero creer que una tieta de Serrat cualquiera se fue hace unas semanas, y sus sobrinos, huérfanos de mimos que ella regalaba como soltera irredenta, cerrando el piso de la "tieta Marta", no han sabido mantener al gato castrado y viejo en sus respectivas casas. O él no quiere alejarse de su portal de auroras tibias.

Atigrado en gris, bigotes finos, y ojos de terciopelo acostumbrados a la penumbra de las tardes, navega ahora por las calles, a la espera de una Marta al rescate de sí mismo, que esta vez ya no vendrá.

Le he estado viendo, de sombra en sombra por las paredes de los edificios del barrio, sin alejarse el portal 48 de una avenida que no quiere dejar el sabor a extrarradio calé y febril de guitarras y palmas al caer la noche estival.

Acepta que te acerques, pero no que intentes tocarlo, cosa que ni intenté jamás. Le miro, sin más, cómo vegeta sus días en estado de espera sin relojes. Le he visto adelgazando, a pesar que hay latitas delatoras de alguna alma caritativa y felina que le suministra lo necesario para vivir, ...pero sin Marta.

Cada noche dormita o duerme, vegeta o sueña con una mano huesuda, artrítica seguramente, que le trajera la luna blanca por la ventana de sus deseos, con gatas de angora sabiendo a miel entre algodones.

La furgoneta azul marino, con su escalera de trabajo en su lomo, le servía de abrevadero de luces de quita y pon por esta noche, y  sólo cuando un mando a distancia ha activado las luces intermitentes de los delirios de un finde en ciernes, se dignó mirar al tipo de mono amarillo que le rompía la madrugada. 

Le vi tranquilo, mirando a un balcón,  hasta que el sujeto, viendo que se inmutó bien poco con las lucecillas, le ha gritado un -¿vete!, y bajando sin prisas, Michogato ha trepado a un techo de lata blanco, como mi luna azul.