lunes, 12 de octubre de 2015

El vicio de perder cosas.


Este verano he cargado con un bolso en bandolera de bolsillos con cremallera que me pareció tan parecido al anterior como suficiente para llevar el libro de lectura y esas cosas que una acaba por llevar. Me ha ido bien, no vayan a pensar que no.

Por mi despiste endémico, pierdo cosas, con mayor frecuencia de la deseada.  Así que he ido perdiendo cosillas sin importancia, como cabía esperar. Me sabía mal haber perdido un pastillero con la Moreneta, la Virgen de Montserrat labrada en su tapa. No por religiosidad, que bien pudiera, sino porque me la regaló una paciente, porque su medida reducida le quedaba insuficiente para su medicación actual. Y ella pensó qué quién mejor que yo para regalarle la cajita circular metálica. Huelga decir que no quise aceptarla, pero ella insistió tanto que no pude “despreciarle” el detalle. No la había usado, porque no ha habido ocasión, hasta este verano, así que  comprobar que la había perdido, vacía, eso sí, me hizo sentir atolondrada como muchas otras veces, pero un poquito más.

Seguramente la había dejado en el bar donde había tomado un café con hielo. Compré un pastillero horroroso de los “chinos”, más grande y hortera, pero igual de útil.

He estado llevando una rebeca sin botones, muy ligera, porque a veces el Metro tiene el aire acondicionado un poco fuerte en verano. Qué mejor que usar dos pinks que compré en Los Encantes nuevos!. ¡Venecianos y ligeros, de quita y pon, para dejar la rebeca en su sitio!...pues los perdí. Imagino que en otro bar, sin aire acondicionado y con los calores de estío.

Cuando la largura dio para tal cosa, me recogí el pelo con unas gomas. En coleta, para ir fresquita. Para tal peinado no me anduve con chiquitas, me compré una docena de gomas y de horquillas para tal fin.

Chicles, bolsas con pañuelos de papel y esas cosillas se pierden tantas también, que no supuse nada extraño en el bolso, hasta ayer. El tarjetero, enterito, no estaba en su lugar. Si es metálico, y pesa…imposible que no estuviera. Pero no estaba. Sin embargo palpé su forma, sin hallarlo.

Un agujero, vaya, un descosido enorme anidaba en el lateral de un bolsillo. Y qué alegría reencontrarme con gomas y horquillas, pinks y pastillero, chicles, y pañuelos, dos bolis y un encendedor. Costuras que hacen trampas, cuando se abren, a una especie de despensa interior. Oculta para mí.

Lo que no sé, es qué, o de quién ni cómo de algo. El anillo no es que no sepa que es un anillo, pero que ni sé de dónde ha salido. De quién será, no lo sé, y cómo ha llegado al descosido también lo ignoro.

Si es de alguien, me lo hagan saber. Es baratija, sin duda alguna, pero no sé cómo perderlo, porque no lo usaré. 





  

6 comentarios:

  1. A esa cosa tuya de hacer desaparecer y aparecer cosas otros que se dieran más importancia lo llamarían magia.
    Un abrazo.

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    1. Pues no sé. Lo llamo despiste, porque mi recorrido en este vicio es tan manifiesto que en el trabajo, donde bolis llaves y gafas son mi gran batalla perdida, cuando algo no saben de quién es, de entrada, me peguntan, por si acaso. :-)

      La magia, tal vez milagro, es que no pierda más. Un abrazo

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  2. Pues yo suelo llevar un bolso tan pequeño que ni la cremallera puedo cerrar cuando meto más cosas de la cuenta, y algún día también perderé algo como tú, pero mientras no pierda la cabeza jajaja.

    Un beso muy dulce de seda, preciosa mía.

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    1. Piensa que en mi bolso ha de caber un libro de tamaño medio, Sin renunciar a los e.books, así que ya tienes el mínimo de capacidad que so, lo que es ventaja...enorme, claro, pero inconveniente a la vez :-)

      María, no pierdo la cabeza de purito milagro, ¡pero no descarto perderla, a propósito!. Un beso enorme, sin fisuras, ni descosidos, preciosidad

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  3. Esos descosidos que se comen sin ninguna consideración nuestros útiles, dejándonos con la cara boba y buscando una y otra vez en el mismo sitio a la voz de ¡No puede ser, seguro que lo puse ahí!
    Besos.

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    1. Y ahí estaba lo que buscamos, porque nunca dejó de estar!
      Lo raro es el anillo Alfred. Tuyo sé que no puede ser, pero no lo había visto en mi vida. ¡Y cleptómana no soy! :-)

      Un beso

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.