domingo, 11 de octubre de 2015

Pasillos de la prisión


En la prisión de seguridad donde estoy recluida se llega a los pasillos de cada ala a través de unas puertas de seguridad sobre las que se enfocan esas cámaras de videograbación azules, cuasi esféricas que semejan ojos de sapo.

En pasillo central, de donde parten los alerones de un imposible   pájaro de hormigón, hay cuatro de esos vigilantes visuales, cuyos ojos humanos imagino siempre ante un mando de monitores con palancas para ampliar y girar sobre sí mismas ante las escenas que enfoca, donde, supongo, mujeres en hileras y vestidas por un mono azul marino desfilamos tres veces al día. Intentando un silencio impostado. Son 380 metros que nos permiten guardar la línea, entre un vidrio antibalas y la pared blanca.  

En este año, con los tres meses y seis días, mi aparato digestivo se ha acostumbra a manjares que ni supuse aptos para mi paladar, y a presencia de mi compañera de celda en los ritos de aseos varios. Pero no me acostumbro a un suave ulular nocturno que parece no molestar a nadie menos a mí y a una mujer de otra ala, quien usa tapones en los oídos para aminorar la molestia, y que a mí no me han dado resultado.   

-Acúfenos nocturnos, me dice el médico de la prisión. De origen tal vez en mis remordimientos, -añade.

No. No es eso. Porque no creo haber hecho nada malo cuando decidí tramar la muerte de mi marido. Tenía derecho a intentar una nueva vida, y el arsénico me resultó de fácil utilización.  

Anoche, por algún fallo en los circuitos de la televisión del centro, en el comedor y durante la cena, se fue la imagen de un noticiario estatal donde un periodista comentaba la noticia de un atentando en Turquía. En Ankara, creo que dijeron. Súbitamente la pantalla de 42 pulgadas colgada del techo, y que era la que yo miraba, hizo un zumbido como de insecto loco y vi a Luis, sí, mi marido recorriendo el pasillo central y atravesar la puerta que da al ala cinco, la mía.

Fueron escasamente cinco segundos, aunque no puedo jurarlo, pero esta noche no he podido pegar ojo. Me preguntaba cada rato si un ojo humano que vigila las puertas de nuestra celda captaba el momento de hacer saltar la alarma y vinieran a salvarme de ese sonido que cuando cerraba los ojos me recordaba su ronquido diario, nada estridente, pero machaconamente inacabable.



12 comentarios:

  1. En esas circunstancias la medición del tiempo es muy subjetiva, tanto que instantáneamente, tienes a tu amoroso marido roncando en la litera superior, o es el suave sonido del afilar de una navaja albaceteña?
    Besos.

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    1. Esa ha sido mi sueño de la siesta Alfred, el filo de una navaja que usaba para afeitarse.A este paso, me matará de miedo!

      Un beso

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  2. No le pudo caer mucha condena a la pobre mujer, porque tuvo que considerarse eximente el hecho de haber actuado en legítima defensa de su estabilidad emocional.
    Un abrazo.

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    1. A partir de los diez años de matrimonio, el ronquido debería ser causa de divorcio incuestionable, pero ay...las leyes son como son, y una tuvo que actuar. Con frialdad, sin prisas, eso sí, con humanidad. :-)

      Un abrazo

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  3. tu manera de escribir tiene destellos luminosos. un beso

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    1. Cada texto creo que se escribe a sí mismo, a veces. No se lo digas a la camarita azul, pero si hay musas revoloteando, son ellas quienes escriben por mí.

      Un beso

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    1. Veremos si Luis se queda donde debe estar, calladito. Pero de momento resisto en la 284 del ala cinco de este penal, pasando una pena enorme porque temo dormirme y ya no despertar! :-)

      Un saludo

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  5. Un pasillo frío el de la prisión, con puertas de seguridad protegidas, y vigilado por seguridad.

    Un placer volver a leerte amiga Albada.

    Un beso dulce de seda.

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    1. Por tanta seguridad que los fantasmas deambulan a su aire. y nunca mejor dicho, porque en la noche, cuando bajan los termostatos, la corriente de aire de los techos sobredimensionados, el aire ulula no sé cómo por el pasillo.

      Un beso grande María

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  6. Hay cosas que se les escapan a las cámaras más HD...
    La justicia estuvo bastante bien repartida, para el roncador, la muerte muerte, para la matadora, una muerte en vida.
    Un beso grande.
    HD

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    1. Para el roncador...la lenta muerte, la muerte de verdad y de una sola vez, para la asesina, la muerte de mentirijillas, pero cada día....la justicia, esa señora con balanza en una mano, una espada en l otra, y la venda en los ojos, tal vez, por una vez....fue casi justa.

      Un beso Humberto

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.