viernes, 30 de octubre de 2015

Te llevaré el mar




He estado paseando por un cementerio. Este tiene la particularidad de estar en un barrio que actualmente, que se ha transformado mucho, quedando el pobrecilo tocando a un centro comercial y a un edificio de oficinas.



Pero no creo que a los habitantes de este lugar les preocupe la ubicación de sus tumbas o nichos, la verdad. Me ha gustado un trozo dedicado a poder enterrar las cenizas. Porque en polvo nos hemos de convertir, y el sueño de volver  a la tierra ha de ser asequible a los deudos de la ciudad, sin temer contaminar bosques lejanos. 

También me han gustado alguna esculturas, en posturas cotidianas, porque nos recuerdan que allí nos esperan, sentados, para seguir conversando sobre el sexo de los ángeles, o sobre la metafísica de un más allá que nos lleva atados a un muy acá que desaprovechamos muchas veces. Porque nos esperan donde todos llegaremos, no tienen ni tenemos prisa. 




Me ha impactado una lápida decorada con música y pistola. Tal vez porque no son conceptos que yo de entrada hubiera puesto junto, pero sin duda, ha habido quien sí ha vivido entre los compases de unos trastes de guitarra y el resonar de alguna bala entre bambalinas. Les dejo la imagen, porque confirmen que no lo he imaginado, que bien pudiera. 




Hasta mañana, poca gente hay, pero un señor trajeado ponía una foto en un nicho. Era de la playa de la Barceloneta.  

Me ha comentado que alguna vez hubo un pueblo casi incomunicado, en las montañas de Ávila, donde hubo una casa antigua, con abuela vestida de negro y abrazos enharinados de hacer pan. Donde también hubo una despensa con chocolate siempre a punto para el nieto catalán de visita.

Ha traído, como cada año, una ración de culpa en su corazón, porque nunca hubo tiempo para que la abuela viera el mar. Se la trajo a su casa de San Andreu demasiado enferma para llevarla a ninguna playa ya. La marea se la llevó entre esos abrazos marinos que soñaba. Los que olían a las olas de los últimos rumores de un adorado nieto.




10 comentarios:

  1. Qué solos se quedan los muertos...
    BS.

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    1. Como Bécquer decía...siempre se quedan tan tristes.... ,tan solos los muertos...pero algunos conocieron la guitarra, la charla, la playa, la vida bien vivida.

      Un beso

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  2. Serían las herramientas de trabajo del difunto, que lo mismo valdría para un concierto que para un atraco a mano armada. Versátil que era el buen hombre.
    Un abrazo.

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    1. Yo imaginé un gitanillo por soleares, con la mano floja para alguna cosila de requisar a alguien quién sabe. Pero puede ser un versátil solista de la guitarra.

      Se quedan congelados en fotos o recuerdos en nuestros recuerdos, pero es este caso, como no tengo familiares ni amigos en ese lugar, pude hacer una visita como que aséptica. Un abrazo

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  3. Paseando por cementerios se ven cosas curiosas, formas de manifestar el respeto y cariño por los familiares que ya partieron, que a veces nos provoca sonrisas y otras un inmenso respeto. Pero las olas, se nos llevaran a todos juntos, dejándonos en la arena de una playa furtiva. Esperemos que pudiendo dar los abrazos aplazados.
    Un beso.

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    1. Son los abrazos, los besos, los enunciados de querencia lo que al final nos llevamos con nosotros, Nada más nos llevamos, por eso uno aboga por no acumular posesione sino afectos.

      Aplazar gestos de querencia tiene el riesgo siempre de no poder ejecutarlos, o porque el azar nos atrapa para llevarnos, o por desidia de lo siempre aplazable. No hay que dejar para mañana lo que puedas demostrar hoy.

      Un beso

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  4. Me ha gustado que ese cementerio tenga un lugar para las cenizas porque en ellas nos convertiremos.

    No me gusta visitar cementerios pero tengo que decirte que si me gusto visitar este de la mano de tus letras e imágenes..

    Un beso muy dulce de seda. UI

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    1. Yo suelo esquivar visitarlos. En parte porque pienso que el que se va, nos queda, a través de una hoja, de una foto, de mil recuerdos...pero este me pillaba de camino y no me resití a su llamada.

      Un beso, dulce María

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  5. Hay cementerios como jardines, nada tétricos, en los que las inscripciones, epitafios, y objetos de decoración, permiten a la imaginación reconstruir aspectos de la vida del difunto. Los cementerios rurales, suelen tener su encanto por su pequeña dimensión y lo bien cuidados que están, pero ¡vaya, no es un lugar que elija para mis paseos!.

    Un abrazo.

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    1. El aspecto tétrico, por decir, es el que les damos nosotros sin querer. Suelen estar bastante cuidados, lo poco que conozco el tema, y creo que inspiran más reflexión y silencio que miedo.

      Este estaba en mi camino, y me guiñó un ojo...y como paree inevitable en mí, sigo mi instinto...y a ver qué pasa!.

      Un abrazo, Fanny

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