lunes, 9 de noviembre de 2015

Barquitos de papel




Había llovido como un sonido sin tregua. Como una fiesta del cielo. Como una lluvia de Abril. El dial de una radio lejana traía unos compases de un tiempo dejado atrás. De unas canciones de juventud y arrumacos. De una infancia tardía. De un velero bergantín.

Un ser grandioso dejó que su mano fuese el mar, para que en ella la magia de unos barquitos de papel tomaran cuerpo. En el océano de las inquietudes, esos salvavidas de papel eran una nuez donde navegar sin miedo, hacia el muelle de otros destinos más calmos, donde poder descansar.

De uno en uno fueron llegando las naves. Al rincón de los espejos de un mar en calma chicha. Cada una traía una historia de latidos que explicar. Cuando estuvieron reunidos, charlaron sobre las manos que les habían confeccionado, y de cada pliegue que les hicieran en su satinada piel de imprenta.

Se contaban entre ellos sobre palabras de tinta. Aquellas que los dedos de unas manos habían escrito. En folios de insomnios, entre escenas de tormentas, rayos que rasgaban las noches y paraguas que no se abrían. 

Los poetas de la sangre habrían urdido, de haber querido, un mamotreto. Sobre papiroflexia de quita y pon. Reutilizando y cosiendo sus papeles desechados, cargados de poemas caducados. Sin embargo, de hoja en hoja, y de barco en barco a la deriva, habían formado un mar de letras sin sopa, y sin soldaditos de plomo que arrastrar.

Alcancé a ver cómo la calma vencía a la aflicción de las palabras perdidas, y era hermoso ahora ver navegar a ese ejército de versos no publicados, en un cráter de luna imposible, hecho de lágrimas suicidas, vertidas en cualquier mar.






6 comentarios:

  1. Hay que ver el juego que le has sacado a unos simples barcos de papel. Muy bonito.
    Un abrazo.

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    1. Un poco es sacar el jugo a cosas cotidianas nimias. En mi intento por sacar de lo común, o que las hace especiales echando imaginación, o ganas.

      Un abrazo

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  2. Ese mar crecido, con las lágrimas de ha saber cuantos, mueve en su lenta marejada, los deseos de poeta, vertidos con ilusión sobre barquitos de palabras.
    Un beso.

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    1. Los poetas, con su suspiros, quiebros y lágrimas, a veces haciendo lagos donde dejar navegar sus poemas. Y otras sembrando amapolas en los aire incendiados de las palabras voladoras, montadas en avioncitos voladores hacia los destinos de los deseos.

      Un beso

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  3. Cuánta magia llevan tus letras que hasta una mano puede llegar a ser el mar.

    Un placer leerte, mi querida Albada.

    Un beso dulce de seda.

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    1. Hasta un poema desechado, un tesoro por navegar, una palma de la mano, un pedacito de mar, porque las palabras conforman la realidad. esa es la magia, creo.

      Un beso, dulce María

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.