jueves, 26 de noviembre de 2015

Ingrid no cree en el amor

Tomado de google

No me llamo Ingrid, sino Paula, pero es el nombre que he adoptado para llevar a cabo mi profesión actual, porque me gusta el sonido al pronunciarlo.

No crean que me anuncio por palabras en la sección de “relaciones” por problemas económicos, aunque reconozco que en ocasiones, más por el cliente que por mí, hago ver que la crisis me ha llevado a “vender” mi cuerpo. Expresión inexacta donde las haya, dicho sea de paso, porque, en todo caso, sería un alquiler por horas. Se alquilan máquinas para encerar el mármol, que tras su uso, y se regresan, ¿verdad?, pues esto es lo mismo. Yo no he estado ni estaré en venta jamás. En préstamo físico como mucho.  

Aprendí pronto que la ingente literatura sobre el amor, es un marasmo de artefactos del lenguaje para engalanar sensaciones. Producidas, en su mayoría, por descargas hormonales en un principio, unos rituales de cortejo posteriormente, y al final unas normas y rutinas sociales. Y poco más. Observé a mi alrededor demasiadas veces cómo amigas perdían su alma, por dejarla prendida de unos ojos de mirada irresistible y palabras de amor eterno, así que, puestos a perder mi virginidad un día u otro, preferí que fuera con precauciones, y con una contrapartida de algunos ceros en mi cuenta corriente.

Para mí, que el romanticismo es una gabardina que oculta erecciones y lubricaciones que nadie quiere ver como naturales y fisiológicas. Y es que interpretan, imagino, que sería como rebajarse a sí mismos a un nivel de mamíferos normales y vulgares. Muy por debajo, en todo caso, de los altos menesteres que se otorgan todos al desear reproducirse. Buscan dejar huella de su paso por esta vida, dejando la mitad de sus cromosomas. Como un pendón clavado en la tierra que pisaron. Que quede claro que estuvieron aquí.

Me han preguntado alguna vez por qué me anuncio sólo para hacer tríos. La ventaja principal es que no se está nunca en manos de un loco, por supuesto. En serio, las parejas que me llaman, que suele ser la mujer quien asume la tarea, dicho sea de paso, buscan una emoción en sus relaciones, ya consolidadas. Digamos que andan tras sensaciones de voyerismo, exhibicionismo o de una escalada de búsqueda de placer fuera de lo que ya experimentan en su propia cama.

Hoy llamó un hombre. Con voz de tenor. Preguntaba lugar y disponibilidad horaria. Hemos acordado un par de detalles de atrezzo, entre los que debo comprar guirnaldas de cumpleaños y crear un ambiente previo de distendida celebración de aniversario. No ha querido decir la edad del homenajeado. Ni preguntaba la tarifa que cobro, aunque se lo he dicho, porque no hubiera malos entendidos.

-    -  Perfecto, allí estaremos a las cinco en punto. Ah, por cierto, mi marido se llama Luis, -me ha dicho, justo antes de despedirnos, muy cordialmente, por cierto, que todo se ha de decir.

He preparado la sala con pocos detalles, pero creo que de buen gusto. Sigo sin entender qué rol puedo jugar yo, pero de hombre no me he vestido nunca.

Ni pienso disfrazarme jamás de macho.

6 comentarios:

  1. Una profesional convencida y confesa, que no oculta su papel, como de válvula de escape, de una sociedad enferma en esto como en muchas otras cosas.
    Un texto muy directo, sin metáforas ni ambigüedades.
    Besos.

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    1. Ignoramos si en su vida personal tiene metáforas o si este relato en narrador interno, no es la metáfora de su corazón hecho trizas, acorado ahora por la patina del sarcasmo.

      Gracias. Un beso

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  2. Pudiera ser que por no estar en manos de un loco se esté en manos de dos.
    Un abrazo.

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    1. Puede ser que tras esa cita, nueva en su trabajo, prefiera estar en manos de un sólo loco. Quién sabe lo que no reflejan los textos que damos por acabados con un punto final, en un punto, el que elegimos como tal.
      Que puede ser un punto y coma, ¿verdad?

      Un abrazo

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  3. Racionaliza con precisión de cirujano el amor y el sexo, de seguir así, y en escalada, la que se va a terminar volviendo loca es ella.

    Buen relato.

    Saludos.

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    1. A no ser, que tenga la mala suerte de enamorarse...en cuyo caso, igual toda su estructura racional de la bioquímica del sexo se le vaya al garete :-)

      Un saludo, y gracias por tu lectura

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.