lunes, 2 de noviembre de 2015

Y así nos encontramos

Sumida en el sueño, Óleo de Felix Revello de Toro.

Y así me descubriste. Al palpo de tus manos, como un ciego ante  un braille imposible de puntos por interpretar.

Y así te descubrí. Con mis ojos abiertos a la brisa de un mañana, que creí pedido entre sueños inconclusos y enterrados.

Y así me recorriste. Embriagado en la esencias de mis esencias más preciadas, entre confusos sabores de engaños y desengaños.

Y así te recorrí. Con las yemas de mis dedos, rozando tu piel dormida, entre la hojarasca de un otoño ya despuntando en tu cuerpo.

Y así nos sorprendidos. Casi con la rabia de lo inesperado, a través de los movimientos de una rosa de los vientos sin patrón, en nuestros dedos de pianistas sin solfeo.

Y así nos amamos. Con métodos desaprendidos del pasado, que tejimos de nuevo, aún sin creer en el mágico poder de atracción de un mapa del tesoro, que jamás dibujamos.

Y así nos sumergimos. En paraísos que esculpimos, con el mimbre de un fuego que aún dormía, bajo las capas de cenizas  que los inviernos no lograron congelar.

Y así nos desatamos. Con la infinita fuerza que llevaba prendido aquel mínimo gesto, de querer anidar en los brazos de lunas nuevas, que completar en las negras noches.

Y así esquivaremos. Las viejas trampas de antiguas marejadas, disfrazadas de tormentas de lujuria, para que la ternura anide, a su libre albedrío, en noches eternas de piel y luna.

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Es muy halagador que te haya gustado. La verdad es que he disfrutado escribiendo, pero me encanta que pueda hallarse a gusto de un lector,, en este caso, tan preciado.

      Un abrazo

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  2. Sorprendido ante un descubrimiento tan placentero, se retrae en un sueño del que no quiere despertar, pues es sabido que en el otoño el amanecer es invierno
    Un beso.

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    1. Ojalá y ambos no despierten jamás, de ese sueño de renacer de los sentidos. Hablo del tacto de manea especial, pero es le despertar de otros sentidos, como creo que se deja entrever.

      Los otoños de la vida, no sólo son para las hojas que la brisa hace caer o los árboles, y hasta ellos tienen futuras primaveras por enarbolar o para engalanar sus ramas nuevamente.

      Un beso

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  3. Y asi nos transportas a un descubrimiento mutuo que parece de lo mas placentero.

    Me encanta que sean capaces de esquivar las trampas.

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    1. Imaginé dos cincuentones, por decir una edad mediana, donde la experiencia de la propia vida, puede hacer que se detecten y esquiven trampas de la lujuria que a veces aletargan los sentidos más duraderos.

      Les deseo un amor que dure lo que tenga que durar, pero de una frescura transparente, de niños, aprendiendo a imaginar sin miedos. desde la ternura, porque tengo la sensación de que sin ella, no se puede construir nada que valga la pena, o dicho de otra forma, que valga la alegría.

      Un abrazo

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    2. Coincidimos. Yo también los "vi" de esa edad aproximada.
      Que esquiven las trampas de la lujuria, pero no la lujuria que provoca una alegría natural.

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    3. Es que hay lujuria blanca, digamos. la que se enciende a través de la ternura, que creo que no depende de la edad, pero que la juventud carga de trampas...hormonales en parte, imagino!

      Un abrazo

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  4. Al final la ternura.
    Como la guinda del pastel.

    Besos.

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    1. Cual guinda, sin dudarlo. Creo que es la ternura el primer motor para una relación duradera, porque no está acotada en términos de caducidad, como suele suceder con la pasión.

      Un beso.

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.