martes, 22 de diciembre de 2015

El retraso.

Tomado de Google

Era lunes, y ella había quedado para comer con su reciente pareja, sin estrenos de sustos indeseados o amenazas veladas.

Era la una, hora de acabar la clase, y como era normal, la lectura y correcciones de textos seguía, a pesar del horario pactado. Por ser el último día, ya se sabe... Era momento de avisar de que llegaría tarde, de levantarse, coger el bolso, sacar el móvil, mudo, por supuesto, para alertar de su tardanza. Cenicienta y sus doce campanadas del reloj, cambiado a las trece horas. Sonó la 1 p.m..en la catedral cercana.

Era la una, hora en la que había quedado con Paula, para ir a comer juntos, y por supuesto, ella  ni estaba ni tenía encendido el móvil. Esperó hasta la una y media. Era el momento de recordar que  tan sólo tres días antes, la misma Paula, con su móvil apagado, salía de una visita médica, a  la que él no había hecho gesto de querer acompañarla.  Ese día la había esperado en un bar, hasta que ella contactó al fin, pero cada uno tomó un camino diferente, para, cabreado, enfadarse porque era imposible quedar en un sitio y que ella no se perdiera, o tuviera el móvil inoperativo..

Eran la una y treinta cuando, más que enfadado, ofendido por el poco valor que ella otorgaba a su tiempo, decidió irse, porque se sintió maltratado, o tratado injustamente cuanto menos. A dar una vuelta, pero avisando. Porque era de persona educada comunicar por wasaps que no estaba para que nadie le hiciera perder el tiempo, y deseándola felices fiestas de navidad.

Eran la una y cuarenta y dos cuando Paula, sin poder correr, le buscaba ante el bar, luego dentro de bar, por los alrededores después, para al fin tomar el camino hacia una tienda que a él le encantaba, muy cercana. Eran la una y cuarenta y siete cuando llamó por cuarta vez al hombre amable, que la trataba como una dama, cuando le notificaba por messenger que estaba ante el bar de la cita.

Eran las dos y cinco cuando vio el aviso de él, y pudo revivir veinte años de enfados por su culpa, o castigos, o regañinas…o por escribir, o por canturrear, o por hacer ruido punteando en la guitarra…o por llegar tarde. Eran las dos y cuarenta cuando tiraba a la basura lo que tenía en casa de él.

Nadie que ama echa por la borda una relación bonita y libre por media hora de retraso, se dijo. Buscaba una excusa para romper, una cualquiera, se tranquilizó. Pero sobrevolaba la duda de que nuevamente estuviera con un maltratador. En ambos casos era hora de salir pitando.

Sólo al día siguiente, constatando que él tenía la excusa, el cabreo, y que al final era ella quien debía disculparse,  determinó que no necesitaba ni veinte, ni un solo año, ni tan siquiera un sólo día para alejarse de un infierno que ya conocía.

En un segundo se preguntó, qué pasaría si en vez de media hora fuese otro día…"qué sé yo… una hora…o dos. Por pérdida de móvil, o por robo, o nula cobertura... ¿Qué castigo querría imponerla antes de preguntar qué te pasó, o cómo estás?"


4 comentarios:

  1. No siempre los deseos de dos suman un gran deseo, a veces se restan y entonces se anulan, quedando huérfanos de objetivos, ante lo cual solo queda hacer caso de un viejo dicho catalán. " Bon vent i barca nova"
    Besos!

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    1. Creo que hay gente que sabe amar sólo de una manera, por educación o propia decisión. Sinténdose superiores. Será una forma de amar. Lo ignoro, pero está extendida entre los hombres.
      También creo que hay mujeres que, por sus aspecto de fragilidad, o por dificultad en poner frenos o decir que no, están sentenciadas a caer en manos de los maltratadores una y otra vez.

      Un beso. Y sí, bon vent i barca nova es un lema que debieran adoptar, pero el maltrato psicológico es un tema extenso, que quise tratar a través de una anécdota que escuché en la radio.

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  2. Mundo al revés: los verdugos se sienten víctimas y las víctimas culpables.
    Feliz Navidad.
    Un abrazo.

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    1. Hay hombres que jamás se sentirán culpables. Pero ojo, porque Paula venía con mochila de pasado. Si no, esa anécdota es una riña banal o mal entendido. Tal vez el hombre de esa historia jamás pueda entender lo que siente esa mujer.

      Un abrazo y felices fiestas!

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.