domingo, 23 de octubre de 2016

Barco hundido, en otoño

Juego de playa de Comarruga, imagen de Aguirrefoto

Me han instalado en Abril, en esta playa de Comarruga. Cuando me montaron, creí que era una broma, porque me vi reflejado en unas gafas de sol de un paseante, y me dije “jolines, parezco tocado y hundido”, pero pronto se me pasó la desesperanza.

Llegó el verano más pronto que tarde. El sol me resecó mis maderas, pero soy fuerte, y llegó a a gustarme ese calor en mi piel barnizada.  Comenzaron a pasear a mi vera, camino de la playa, tanto deportistas como personas con perros. Que alguno se ha orinado por babor, todo sea dicho, pero en verdad no me molesta, ni me debilita por dentro. Habitantes de todo el año, paseando, nada emocionante en realidad.

Pasó muy poco tiempo, y de día en día fueron llegando a mis brazos el alma de los niños. Con sus risas y sus escaladas por mi costillar. Con sus pies menudos y sus miradas curiosas, y con esas manos que llegan a todos mis rincones y esquinas, con las cosquillas de la inocencia.

Al caer la noche, algunas veces, se han refugiado en mi vientre parejas que se han besado entre mis tablones y sus temores a ser vistos. Esos jóvenes con las hormonas disparadas por los cuerpos libres de abrigo. Incluso una vez, unos mozalbetes se han liado algo que fumaron dentro de mío y que me dejó medio mareado.

Ahora, que han huido a sus quehaceres los veraneantes,  me siento desolado.  No sé cómo explicar la soledad y tristeza que siento. Ni cómo definir la añoranza por esos niños que me usan para lo que fui creado, para que jueguen. Aunque me arañen a veces con sus impulsivos movimientos. Me siento sordo sin sus sonidos cascabeleros y sus voces agudas.

Hoy me ha devuelto la sonrisa un columpio cercano cuando me ha dicho, a gritos, por el rumor del mar

-  No te preocupes, barco hundido, es que ha llegado el otoño, y no hay otoño que no engendre una nueva primavera.


4 comentarios:

  1. Hay que descansarse de todo para que no llegue a hartar. Hasta de lo que más se disfruta o incluso especialmente de lo que más se disfruta. De los niños.
    Un abrazo.

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    1. Sí, lo que pasa es que hay quien no acepta el barbecho, si no que se hunde sin saber que hay nuevas primaveras tras los inviernos

      Un abrazo

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  2. Bien cierto, pasará los tiempos de abandono y soledad y tras un peregrinar por el frío invierno aparecerá otra vez, radiante y espléndida una nueva primavera, con ella juegos y paseos, hasta esperar un cálido verano con sus juegos y un volver a empezar, la rueda de la vida.
    Un beso.

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    1. Como bien has leído, mi texto es un canto a la vida, a la primavera, a esa rueda que gira y gira, sembrando la tierra de juego y risa, de leche y miel

      Un beso

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Ponen un gramo de humanidad a este lado de la pantallita blanca. Por eso, son siempre bienvenidos. Gracias por leer.