miércoles, 30 de noviembre de 2016

Amaneciendo


Les miré desde lejos
Construyeron un oasis
Imperfecto,
Irregular,
 en medio de la agonía del tiempo.
En medio 
de un paisaje cubierto
de mentiras
de imposturas,
de laberintos
y recovecos.

Habían pasado
de un casi nada entre escombros
a un casi todo.
A través de desencuentros,
contando pasos hacia atrás,
 verdades a medias
 recuerdos borrados
repetidos tropiezos,
besos impostados
y sombras de desiertos.

Creí ver
desde lejos,
uñas y dientes,
defendiendo,
tras los cristales
sus nuevas noches
de luna
y de un lenguaje de gestos
entre silencios




viernes, 25 de noviembre de 2016

Realidad remisa

Imagen  de Aguirrefoto. San Sebastian 

A veces
Te abrazas a una realidad
Aún no creada. 
A una realidad ficticia todavía.
Que te espera. Casí latente
Entre ríos de párrafos con tinta.

Tras las esquinas
De la rutina
Escribes sílabas desordenadas
Proposiciones sin ser propuestas
Conjunciones que no conjugan
Y letras sueltas que se soltaron,
de un punto y aparte que era
un punto y seguido,
o un punto y coma
que no comió,
más que un silencio
entre las auroras
de tus versos


Sientes que navegas cojo,
por un folio
a medio escribir,
y adivino que los tachones
de tus rimas
enmascaran la verdad
que intentaste plasmar
pensando en mí
sin pensar en nadie.

Y aunque el miedo
se empeñe en emular
los espacios en blanco,
de mi talle.
Y aunque tu garganta
y tus dedos, mamo a mano,
tiemblen por mis cornisas
Y aunque las dudas habiten
entre tus palabras golosas,
sigues atado
a la hoja en blanco,
de mi desnudez.

Remisa.


Funicular

Imagen de Aguirrefoto.  San Sebastian


Subes y bajas
entre maleza y barro
del monte al agua

lunes, 14 de noviembre de 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

Bajo el mar de los silencios


Estas imágenes son del Aquarium de Barcelona, donde estuve hace poco, y que he recordado. Por el silencio.


El silencio, aunque no sea tal para los peces, para nosotros es atronador. Cuando un ser querido se va, queda ese vacío, silencioso, que invade los rincones del alma tras dejarte los lugares de más trasiego tan yermos como eriales.


Se van. A veces los seres más queridos se van. Cuando llega la hora, la puntual parca se los lleva. A veces con ruidos de goteros, a veces con ruidos de caídas de laderas, o de hierros en las carreteras.


Qué fácil decir que era su destino, qué simple oír que era su hora y que nos dejan pero se quedan. Así. En ese silencio que cuesta de llenar con sonidos ajenos a su voz, o a su risa. El silencio poblado de flashes, de fotos, de instantes que uno sabe que no regresarán jamás. Y ese jamás no se puede comprender, ni aceptar. 
Nos enloquece. Nos rompe. Nos aniquila. 
Nos subleva. Nos pone a prueba. Nos irrita.  


En el silencio del fondo del mar, 
corales y pececillos buscan aliento, 
para llenar el espacio de impostados goces 
para seguir viviendo. 
De sonrisas tan forzadas que duelen las mandíbulas. 
De palabras de teórica aceptación que nunca es aceptar.
De instantes prendidos por siempre entre las clavículas.
De llanto contenido, siempre por desalambrar.



La vida sigue, claro, siempre sigue, aún en el silencio del fondo el mar.

martes, 8 de noviembre de 2016

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los mossos de la autopista

Imagen de Google

Esta anécdota la conoce mi familia, e hizo del “cigarrillo en la calle”, de aquella Nochebuena, un momento hilarante.

Había asistido a la presentación de un primer libro editado de un bloguero amigo. En Barcelona le leen muchos seguidores, aunque fuimos sólo doce personas, pero todo había ido bien. Nadie tomó alcohol y había sido un rato agradable.

El trayecto a Reus, desde Cerdanyola, lo conozco bien desde siempre, y la limitación de velocidad es de ciento veinte por hora todo el rato, pero desde Barcelona no lo conocía tanto. En especial, me eran ajenas las indicaciones de límite de velocidad hasta unos diez kilómetros adentro de la autopista. Resumiendo, conducía sin haber bebido, no era escandalosamente tarde, y había nulo tráfico hasta el peaje de Martorell. Donde te dan el tiquet.


Estábamos un poco aburridos. Habían hecho publicidad de los nuevos límites de velocidad en el tramo que va de Barcelona a Martorell, y justo había sonado la señal de las once de la noche. Pep y yo comentábamos sobre el caso de aquella poeta que se suicidó. Sí la lesbiana aquella que intervino, o no, en un asunto de okupas. Tan tranquilos, digiriendo un pá amb tomaquet, y pensando en lo aburrido que es circular a ochenta por hora en autopista, cuando vimos pasar un coche gris metalizado. No iba muy rápido, pero el radar del coche patrulla sonó como un relámpago dentro de tan pequeño espacio.¡Ciento veinte!!!. Parpadeaba la pantalla.

Vigilando el cuentakilómetros, siempre escrupulosa con el límite de ciento veinte, a esa velocidad iba, por el segundo carril entre los cinco de ese tramo, cuando un coche de los mossos se me pega detrás. Yo bien tranquila, claro. No se despegaba, así que me pasé al carril derecho. Les había visto salir del arcén e imaginé que iban a hacer algo, y quería facilitarles su marcha. Me sorprendió que  seguían tras de mí, pero iba a ciento veinte justos, y tranquila, claro.

Me adelantaron, qué alivio, me dije, que vayan a hacer sus cosas, pero no. El coche se puso delante de mí, haciéndome reducir de velocidad drásticamente… para provocar un accidente, me dije, frenando, por no estamparme contra su matrícula posterior.
A ochenta se pusieron, y me hicieron poner, por lo que les adelanté, suponiendo que estaban hablando de alguna misión a elegir, como por ejemplo, si tirar hacia Girona o hacia Tarragona. Había luces sobre el automóvil, claro, era un coche patrulla, pero entonces ellos me adelantan y el que iba sentado de copiloto, a mi altura, me hace gestos de que me vaya al arcén.


Pep me miró, le devolví la mirada, y hacia el infractor que nos pusimos en marcha. Nos colocamos detrás e hicimos luces, para avisar que parase, pero la conductora, sin disminuir la marcha, se pasó al carril derecho, y nosotros detrás, para adelantarle luego, ya que no se detuvo. Decidimos adelantarla y hacer señales de cascada, para que se diera cuenta de que tenía que parar. Nos pusimos justo a ochenta al hacerlo, para que no tuviera dudas de que era ella a quien nos dirigíamos, pero ni caso. La adelantamos, y Pep, desde el lugar del copiloto ya sacó la mano y le hizo señales con ella, para que fuera al arcén. 

Bien, me dije, algo quieren. Había mucho frío y no bajé del coche. Les di la documentación y me hicieron soplar un alcoholímetro. Uno de ellos iba tomando notas, y el otro se quedó al lado de la puerta de conducción de mi coche


No parecía una mujer joven ni borracha, pero sólo pensar en que se diera a la fuga nos excitó muchísimo. Sería adrenalina por las venas. ¡Bien!, a por ella, dijimos ambos, pero paró en el arcén, así que nos quedábamos sin adrenalina, no obstante,dejaríamos claro quién manda en las autopistas y carreteras de Catalunya.
  • -   Señora, sabe a qué velocidad iba?dije yo mientras Pep tomaba los datos de la matrícula y copiaba los datos del conductor y papeles del coche
  • -    A ciento veinte, y lo dice tan tranquila la buena señora. Pues le haré soplar el alcoholímetro, me dije, y así fue. Pero el resultado era un 0 como una casa
  • -    ¿Y no sabe que está limitado a ochenta?
  • -    No, las autopistas tiene su límite en ciento veinte.
  • -    Este tramo no, lo pone arriba, es a ochenta Pero si han hecho propaganda, por radio y por  las teles catalanas…no lo entiendo...vivirá en Babia ella
  • -   Ni lo he mirado, la verdad
  • -   Y se ha dado a la fuga ¿por qué?
  • -   Hombre, más bien me parecía que ustedes podían provocar un accidente yendo de     carril a carril. Suerte que no hay tráfico. No pensé que su trabajo era mi coche.Pues qué trabajo creía que hacíamos…esta señora está como una cabra
  • -    A ver señora, ¿no ha visto que cuando nos pusimos delante le hicimos la cascada con las luces de la patrulla?
  • -   Ni sé qué es eso de la cascada.
  • -   Las luces en cascada, de arriba…que van hacia la derecha.
  • -   Pues no sé por qué lo llaman así. En cascada…¿ siendo horizontal? No lo veo lógico
  • - - Mire, a ver. Usted tiene carnet, ha de saber lo que significa: Pararse inmediatamente
  • -   Oiga, cuando yo me saqué el carnet no existían esas luces. Ni ustedes tampoco por si quiere saberlo, así que yo he conducido con cuidado y normal. Encima recochineo. Claro que no existía el cuerpo de Mossos, pero no tenía por qué decirlo,  caray con la señora
  • -   Pues tome nota. Nosotros hemos actuado bien y normal. Usted iba casi al doble de la   a velocidad que indican los postes elevados. Por eso queríamos que parase. Pero ya llevábamos cinco quilómetros diciéndoselo y usted ni caso.
  • -   Pues al final, mire, lo han conseguido. Menos mal, porque pensé que estaban locos, la verdad. Vaya manera de provocar accidentes, si hubiera habido tráfico. 
  • -    Mire, vamos a dejarlo. A usted le llegará una multa de trescientos euros a su domicilio próximamente, por exceso de velocidad. Que lo sepa.
  • -    Bueno, al menos ahora conduciré tranquila. Y por cierto, ¿por qué no iluminan esos     límites de velocidad nuevos?. Con tantas luces en cascada y tanta tecnología tenerlos sin luz es para que no se vean de noche. Bueno, o yo no conduzco mirando para arriba, vaya.
  • -   Hace poco de esta limitación, pero se pondrán luces, señora.
  • -   Bien, así nadie se llevará el susto que me he llevado yo con ustedes.
  • -   Buenas noches, dijo el agente tocando su gorra.  Pena que se nos acaba la diversión, con el frío que hace... mejor desactivaremos el radar de la patrulla. Le diré a Pep, a ver qué opina, porque como haya muchas señoras como esta, ni la emoción de persecución nos dará esta noche de guardia
  • -   Buenas noches y buen servicio, concluí yo, arrancando luego y entrando en la autopista, donde al medio quilómetro escaso, a la derecha, en el arcén, una señal blanca con aro rojo marcaba la velocidad límite:ciento veinte.         

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Confundir Arte con Pornografía?

Imagen que usa Modesto Trigo ante la censura de la que es objeto

En el Ateneu de Barcelona, las musas revoletean, como siempre he dicho. Hoy, sin ellas pero con el mejor amigo que uno pueda tener, comentaba cómo la censura se impone en mil aspectos. En concreto en la red social Facebook, cuando censura, ignoro si por quejas de lectores, que dudo, o por iniciativa propia.

Veo fotos realmente sugerentes donde, sin desnudo, se muestran actitudes o posturas más que provocativas, y parece que el hecho de que la figura lleve sujetador o braguita, no molesta a la moral del lector, visionador, o censor propiamente dicho. Y me parece bien. Creo que somos adultos y escogemos qué queremos ver. Pero llevado a la mojigatería, media Capilla Sixtina tendría que estar censurada. Pero es arte con mayúscula. Es incuestionable, y tal vez por ellos los guardianes de la moral y las buenas costumbres no llegan a pedir que desaparezcan sus frescos, o alguna escultura o pintura.

Hace poco he vivido otro episodio de los muchos que ha tenido, sobre la memez de la censura, un pintor amigo, cuya obra, casi toda ella, son paisajes. Muchos lienzos suyos de paisajes yo creo que son excusas para pintar cielos. Cielos de mil texturas de Madrid. Cielos sobre Santiago, sobre Toledo... Cielos con nubes, cielos con reflejos rojizos. De Madrid al cielo, casi.  Hay otras obras, donde hay artefactos de construcción, destrucción mejor dicho, cuyo significado ya nos contará él si así lo desea. Y tiene, además, desnudos. Pero no crean que desnudos provocativos, sino de placidez, de espera, de reflexión…y esos son censurados sistemáticamente.

He usado bastantes lienzos suyos, casi una docena, y cuatro de ellos eran desnudos, para expresar el relato que me inspiraba su contemplación. No puedo saber qué de hiriente resultan para la moral, lienzos o textos, pero han sido censurados.

Sea este post un alegato a la coherencia y a la libertad de expresión. La ley Mordaza ya es efectiva, aunque Europa la tenga catalogada de excesivamente represora. Pero es real y nos afecta o puede afectar a todos. Pues esto es un disparate. No censuran los toros, con esas estocadas y puya final donde la sangre derrite las retinas. No censuran las imágenes de guerra, que aniquilan el sentido común de los seres humanos. Pero ay caramba…no se vean dos pezones cuasi adolescente, o un pubis en una mujer en la barandilla que dormita en ella, ante un Madrid lleno de cielos. No vaya a ser que hiera sensibilidades.

Que no cuela. Que es imposible la excusa de la moral, o hay una doble moral que desbarata todo principio ético.


Y esto es lo que hemos comentado, entre miles de temas, un amigo y yo. Curiosamente, todo sea dicho, las entradas a mi blog para visionar, imagino, cuadros y textos sufrieron esos días un crecimiento exponencial. 

Pero sólo en los post de mi amigo pintor. Gracias Modesto, pero a este precio, prefiero que no me lean y tú tengas libertad para pintar lo que te de la gana. Talento te sobra, mojigaterías ...ya muchos no aceptamos ni una dosis homeopática más.




martes, 1 de noviembre de 2016

El abrazo


El abrazo, acrílico de Olga Marciano
Ella lleva una mochila azul y unos libros sobre el antebrazo. Tendrá no más de veinte años y una melena color rojizo en retirada. Se dirige hacia Fabra i Puig. Él es joven, con coleta y deportivas, y se dirige a Plaza España, en dirección contraria, por lo tanto.
Cuando él se acerca a ella se para en seco, y sonríe desde lejos. Cuando llega a su altura, mientras ella mira que alguien se le acerca, sospechosamente, con los brazos abiertos, se queda quieto, con las dos piernas bien apoyadas, y extiende aún más sus manos. Ella se deja abrazar, a pesar de que su cara manifiesta incomodidad. Casi se le caen los libros, y el botón del puño de la cazadora de él se ha enredado en el cabello panocha de la joven.

Habiendo llegado a una posición más normal, o cuanto menos, más estable, él sigue sonriendo tras el abrazo. Ambos plantados, cara a cara, él sigue sonriendo mientras ella hace mohines de incredulidad.

-Qué gustazo verte. A ver si coincidimos otra tarde en el MEAM-dice él
-Lo mismo digo. Un gusto haberte visto.
-¿Sigues yendo por allá?, porque yo empecé las clases y los viernes me va fatal.
- Yo tampoco voy por allá. Ni sé de qué lugar me hablas-añade ella en voz muy baja.

Él se excusa, mirando el reloj, y sigue su camino, acelerando el paso, hasta que se pierde de vista cuando gira hacia el andén.

Ella recompone tranquilamente el peinado, la mochila y los libros. Luego echa a andar, y se gira, una y otra vez,  a mirar por donde se ha alejado el joven de la coleta.

Le ha pasado otras veces. Desde que posó para un pintor, de cara y de espalda, en ocasiones, alguien cree reconocerla. La primera vez casi sale huyendo, pero ahora, más experta en “posar” para fotógrafos amateurs y pintores en alza, se lo toma más filosóficamente. Poco sabe de la censura por la que algunos de sus “artistas” pasan para poder exponer al gran público su obra.